Les quiero pedir que nos acompañen de pie para hacer un minuto de silencio por Manuel Gutierrez, el es un joven chileno, asesinado ayer por las fuerzas represivas en el contexto de las movilizaciones sociales por un educación pública, gratuita y de calidad, en la comuna de Macul, en Santiago de Chile.
Muchas gracias!
Ahora podemos seguir con la exposición que me corresponde.
Los últimos estudios siguen ratificando que América Latina es el continente más desigual y que Chile, estaría dentro de los países más desiguales del mundo. Gran parte de la población presenta una escasa titularidad de sus derechos ciudadanos, “que en el terreno jurídico y político se manifiesta en una desigualdad fundamental en el acceso a la justicia y una escasa participación en las decisiones políticas, mientras que en las esferas económica y social se traduce en disparidad de oportunidades, inestabilidad laboral, bajos ingresos, impedimentos a la movilidad social -particularmente para las mujeres-, desconocimiento a la diversidad étnica y cultural, e indefensión al infortunio. De ahí que el principal desafío que enfrenta la región durante el presente siglo es el de construir sociedades más equitativas” (CEPAL, 2010). Dicha labor, sin duda, es la que debería movilizar todo el quehacer profesional del Trabajador Social. El cual se ha desplazado desde la asistencia social, a la promoción buscando una transformación social a las injusticias que nuestro mundo vive.
En mi país Chile, usando los datos analizados por Cristóbal Huneeus; una persona que pertenece al 10% de los hogares más pobre, llamado decil 1, y que trabaja gana en promedio 184 dólares al mes, según los datos de la encuesta Casen 2009. Por otra parte, una persona que pertenece al 10% más rico, llamado decil 10, y que trabaja gana en promedio 3.273 dólares al mes. Es decir, esta última persona gana 17,7 veces más que una persona que pertenece al 10% más pobre.
Esta desigualdad, en la diferencia de salarios entre una persona del decil 10 y una del decil 1, es la que tanto nos debería escandalizar. Sin embargo, esta escandalosa desigualdad de ingresos es sólo una parte de la desigualdad que afecta a las chilenas y chilenos. Porque para este cálculo se ha considerado sólo a las personas que trabajan. Pero la capacidad de consumo y el bienestar de una familia dependen del total de recursos que dispone un hogar para gastar en todos sus integrantes. Esto depende, entre otras cosas, de cuántas personas trabajan en la familia y del tamaño de la familia -no es lo mismo alimentar a dos hijos que a cinco o seis-. Si se toma en consideración estos dos factores, las desigualdades son bastante mayores.
En un hogar que pertenece al decil 1 viven en promedio 3,6 personas y trabajan en promedio 0,5 personas entre 18 y 65 años, mientras que en un hogar que pertenece al decil 10 viven 2,8 personas y trabajan en promedio 1,7 personas entre 18 y 65 años. Es decir, para igualar la cantidad de personas que trabajan en un hogar del 10% más rico del país necesito juntar las personas que trabajan en 3,2 hogares del 10% más pobre.
Estas dos desigualdades, la del ingreso y la del empleo, tomadas en conjunto muestran que la desigualdad entre los hogares chilenos es significativamente mayor a la desigualdad del ingreso, es decir, de los que trabajan. El promedio del ingreso laboral total -tomando en cuenta los ingresos laborales de todos los miembros del hogar que trabajan- de un hogar que pertenece al decil 1 es de 100 dólares al mes, mientras que para un hogar que pertenece al decil 10 es 5.510 dólares al mes. Es decir, mirando sólo los ingresos del trabajo, un hogar del decil 10 tiene en promedio 55,8 veces más ingresos que un hogar que pertenece al decil 1.
Es necesario señalar que la desigualdad que se ha mostrado aquí es menor que la desigualdad real. La evidencia de otros países muestra que las mediciones de encuestas subestiman considerablemente el ingreso de las personas más ricas, las cuales sólo se pueden obtener con precisión mirando sus declaraciones de impuestos. Situación que en Chile no es posible.
La desigualdad del empleo es mayor en las mujeres que en los hombres. Un hombre entre 18 y 65 años que pertenece al decil 10 tiene 2,4 veces más probabilidad de trabajar que un hombre del mismo grupo etario del decil 1 en el caso de las mujeres esta diferencia es 3,6. Los hogares más pobres tienen 5 veces más probabilidad de vivir en una zona rural que un hogar más rico, los hogares del decil 1 tienen una mayor proporción de mujeres, 59%, que los hogares del decil 10, 49%. Los hogares más pobres tienen casi tres veces más probabilidad de tener niños menores de 4 años que los hogares más ricos y tienen 5 veces más probabilidad de tener a alguien discapacitado. Finalmente, una persona del decil 1 tiene en promedio 8,7 años de educación, versus los 14,9 años de una persona del decil 10 (Huneeus, 2011).
No he querido entregar estas cifras, para marearlos y marearlas, sino para ilustrar con la situación de mi país, la de América Latina en general y de los países del MERCOSUR en particular. Los últimos datos del Gini del ingreso per capita de los hogares de nuestros países, índice que permite medir desigualdad nos muestran tristes resultados, que como Trabajadores Sociales no solo deberían conmovernos sino que movilizarnos.
|
Países |
Índice de Gini |
|
Bolivia |
60 |
|
Brasil |
56 |
|
Ecuador |
56 |
|
Chile |
55 |
|
Colombia |
55 |
|
Paraguay |
55 |
|
Perú |
50 |
|
Argentina |
48 |
|
Uruguay |
45 |
Fuente: PNUD 2010.
Movilizarnos en buscar mayor integración entre nosotros los y las Trabajadoras Sociales para solucionar nuestros problemas en conjunto, problemas que tienen relación con el ámbito corporativo, con la precarización de nuestros trabajadores asistentes sociales, así como con la multiplicación de las Escuelas de Trabajo Social con una disímil calidad en la formación.
En Chile el promedio de ingreso mensual de un Trabajador Social corresponde aproximadamente a 1.000 dólares mientras que la mensualidad para estudiar Trabajo Social alcanza aproximadamente los 500 dólares.
Hoy los chilenos y chilenas se han movilizado y se rebelan contra un modelo heredado de la dictadura de Pinochet completamente clasista y deficiente.
Las Universidades estatales chilenas, reciben un bajo aporte del Estado en comparación con otros países, son las más caras de América Latina y sus cuotas sólo son superadas por las Universidades de EE.UU. Con la inclusión de las Universidades Privadas, donde los estudiantes se endeudan a 20 años para poder estudiar, la matrícula en la educación superior ha aumentado de 250.000 alumnos de pre grado en los año 1990 a casi un millón en el año 2010. Sin embargo, para el 10% más pobre de la población, la tasa de ingreso a la Universidad es del 16%, mientras que el 10% más rico es del 61%.
Lo que gasta o invierte una familia en educación superior alcanza muchas veces al 50% de sus ingresos. Basta analizar el ingreso de los Trabajadores Sociales con el costo de la mensualidad de estudiarlo.
Como Trabajadores Sociales Latinoamericanos debemos avanzar en socializar experiencias exitosas de ciertas políticas públicas que puedan replicarse. Pero también avanzar en cómo enfrentar problemáticas sociales tradicionales y emergentes tales como: brechas educacionales, problemas de empleo, migración, equidad de género, sostenibilidad ambiental, intolerancia frente a cualquier diversidad cultural, sexual, étnica, discriminación, violencia, terrorismo, tortura, narcotráfico, oligarquización de la clase política y falta de democracia real, corrupción en el espacio público, tráfico de influencias, cohecho electoral, populismo, desigualdad territorial, reformas de los sistemas de seguridad social para enfrentar con equidad los riesgos de enfermedad y vejez, entre otros.
Pero hoy creo y siento que los tiempos son distintos que debemos y podemos movilizarnos en cambiar las cosas, en buscar cambios importantes, estructurales a como se están haciendo las cosas hace ya mucho tiempo. Hoy no queremos administrar un modelo que reproduce desigualdad y entregarles migajas de humanidad y compasión.
Hoy debemos movilizarnos por un nuevo modelo de desarrollo y que mejor para ello que hacerlo con integración regional. Hoy no nos podemos conformar con reformar un modelo que sólo ha sido capaz de generar desigualdad, hoy debemos avanzar hacia cambiarlo por uno que realmente permita la igualdad social, la transformación de los actores sociales y para ello el rol del Trabajo Social es clave y ese es el largo y difícil trabajo que hoy nos corresponde asumir. Dijimos y escuchamos hace un tiempo que otro mundo era posible, hoy estoy segura que debemos construir un mundo distinto.
- **Exposición presentada el día viernes 26 de agosto de 2011. En el Cierre del Comité Mercosur de Asociaciones Profesionales de Trabajo Social, en Mendoza Argentina.
- CEPAL, “60 años de la CEPAL”, compilador Ricardo Bielschowsky, CEPAL 2010.
- Huneeus C, “Impacto Profundo”, en Revista Qué pasa, viernes 11 de agosto de 2011. http://www.quepasa.cl/articulo/politica/2011/08/19-6320-9-impacto-profundo.shtml
- PNUD, “Informe Regional sobre Desarrollo Humano y el Caribe 2010: Actuar sobre el futuro romper la trasmisión intergeneracional de la desigualdad”, Costa Rica 2010. http://hdr.undp.org/es/informes/regional/destacado/RHDR-2010-RBLAC.pdf






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