Por primera vez en nuestro
país se desarrolla un plebiscito comunal vinculante para definir un tema tan
importante para la calidad de vida de los vecinos y vecinas como es el Plan
Regulador Comunal.
Hoy todos y todas hablan
que triunfo la democracia y que se acatará lo que los vecinos y vecinas
expresaron, pero el proceso no fue tan simple. Al contrario fue una lucha que
deja en evidencia elementos bastante significativos de las democracias a nivel
local.
En primer lugar este
plebiscito nació de la desesperación de los vecinos y vecinas de no ser
escuchados por sus autoridades locales, quienes querían desarrollar una
modificación al Plan Regulador y cambiar el sentido residencial y apacible de
sus barrios.
Todo proceso de
modificación de un plan regulador comunal tiene por ley un espacio para la
participación ciudadana donde los vecinos expresan sus observaciones sobre los
proyectos presentados por la autoridad comunal. Sin embargo, todos quienes
hemos participado de estos procesos sabemos que son insuficientes y las
autoridades pueden no considerar la voz de los vecinos, aún cuando esta sea
mayoritaria como lo demuestra el caso de Vitacura.
Más aún, hoy se encuentra
en trámite legislativo una modificación a la ley General de Urbanismo y
Construcción en esta materia que no incluye una real participación de los
vecinos y vecinas, que sea vinculante y establezca el plebiscito como solución
en caso de diferencia de opiniones. Quizás es la oportunidad para que vía
indicación parlamentaria se pueda mejorar este marco legal.
Los vecinos y vecinas de
Vitacura no fueron escuchados por sus autoridades y por eso tuvieron que juntar
firmas para convocar a un plebiscito. La ley señala que es necesario reunir un
10% del padrón electoral de la comuna pero estas firmas además, deben ser
notarializadas lo que tiene un costo de a lo menos 500 pesos por firma. Es
decir, los vecinos y vecinas de Vitacura tuvieron que buscar firmas y además
recursos económicos para poder llevar las firmas como lo señala la ley.
Una vez que reunieron las
firmas las llevaron al Alcalde y este se negó a desarrollar el plebiscito, no
siendo nuevamente escuchados por sus autoridades locales.
Los vecinos y vecinas de
Vitacura tuvieron que recurrir al Tribunal Electoral y a la Contraloría General
de la República
y sólo después del pronunciamiento de estas instancias el Alcalde tuvo que
hacer un plebiscito para escuchar la voz de los vecinos.
La única opción de hacer el
plebiscito era en marzo puesto que dicha instancia democrática solo puede
desarrollarse ocho meses antes de una elección, los vecinos y vecinas de
Vitacura tuvieron que volver a juntar recursos para comunicar en menos de 2
semanas al resto de los vecinos que tenían que votar para que el plebiscito
fuera vinculante, ya que la ley señala que se requiere que vote más del 50% del
padrón electoral para ello y además, informar que significaba votar no.
He escuchado opiniones de
que la gente voto desinformada, de si entendían o no lo que votaban, la crítica
de los locatarios por la ley seca. Pero no he escuchado con la fuerza requerida
que aquí ganaron los vecinos y vecinas, que lo hicieron lo mejor posible contra
viento y marea. Aquí fue la ciudadanía la que se movilizó e hizo posible un
plebiscito vinculante por primera vez en Chile con todas las dificultades que
nos pone la ley para poder opinar sobre el lugar donde hemos decidido vivir.
Esta es una oportunidad
para revitalizar el poder de la ciudadanía organizada, que debe trabajar unida
y organizada, así como también para cambiar todas aquellas trabas legales que
no nos dejan participar y decidir sobre aspectos tan fundamentales como las
características de nuestro barrio y entorno.

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