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Ponencia en Congreso de Estudiantes de Ciencia Política

Enviado por Danae Mlynarz Puig el sábado, 16 octubre, 2010 a las 19:42
Danae Mlynarz Puig

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Primero quiero agradecer la repentina invitación a todas y todos mis futuros colegas cientistas políticos.

En segundo lugar quiero señalar que todos los contenidos que serán aquí vertidos son solo de responsabilidad personal y no representan necesariamente la línea de toda la directiva del Partido Socialista. Quienes conocen el Partido Socialista saben que en su interior conviven diversas visiones.

En este panel denominado “Partidos Políticos: La política en primera persona”, creo que es prioritario partir señalando la urgente Revolución Democrática que deben vivir los Partidos Políticos si quieren seguir sobreviviendo. Mientras más conozco la política y a los partidos por dentro, más me convenzo que el problema de los partidos políticos en Chile hoy es la falta de democracia interna.

El tema hoy a mi juicio, no tiene que ver solo con cambio generacional, sino más bien con cambio en las prácticas políticas. Da lo mismo la edad de las y los dirigentes si las prácticas con las que hacen política siguen reproduciendo “formas de hacer las cosas” que terminan por separar a la militancia de sus dirigentes y a la ciudadanía de los partidos políticos.

Hoy mi Partido se encuentra en una difícil situación al igual que el resto de los Partidos de la Concertación.

Existe un nuevo escenario y es necesario aprehender a moverse en él. Haber dejado, perdón perdido el gobierno después de 20 años no es algo fácil. Es necesario aprender a ser oposición, que no tiene relación con oponerse a todo lo planteado por el gobierno, sino que, con construir un proyecto alternativo y encantar con él a la ciudadanía buscando recuperar una mayoría perdida. 

Aquí no se trata de pontificar, sino de cómo aprovechamos la desgracia de haber perdido el gobierno en una oportunidad para dialogar y buscar nuevas formas de hacer las cosas que nos permitan crecer en democratización y lograr cumplir con los objetivos que como dice Sartori tienen los partidos políticos, que permite distinguirlos de otras organizaciones de la vida social, los define como cualquier grupo político que se presenta a elecciones y que puede colocar mediante ellas a sus candidatos en cargos públicos. En esta definición acota el qué y el cómo de estos grupos políticos. El qué, está dado por el fin de llegar al poder ocupando los cargos de dirección del sistema político. El medio utilizado para conseguir este objetivo son las elecciones. Sartori desarrolla tres premisas claves que posibilitan entender correctamente la naturaleza esencial de los partidos políticos:

Primero que los partidos políticos no son facciones,

Segundo que los partidos políticos son parte de un todo,

Y tercero, que los partidos políticos son conductos de expresión.

De esta forma, Sartori destaca la diferencia profunda entre los partidos contemporáneos y otros grupos que han buscado conseguir el poder. En primer lugar afirma que una facción siempre es negativa e innecesaria y por ello evaluada como un mal, al contrario de los partidos que se dice son necesarios. Las facciones sólo son la expresión de conflictos personales, de un comportamiento que valora al yo y desprecia lo público. Por esto el combate entre ellas es solo una lucha por obtener prebendas, sin considerar el bien común, el interés general, o los fines del conjunto social, esta es la diferencia profunda entre los objetivos de una facción y de un partido político.

El político de partido y su comportamiento debe ser diferente de su motivación personal, el fin último debe ser el bien común. Ello porque los partidos son instrumentos legalmente constituidos para lograr beneficios colectivos y no privados, debiendo vincular al conjunto del pueblo al sistema político, situación que no hacen las facciones.

Por otra parte, Robert Dalh señala que los partidos son instrumentos mediadores entre la sociedad y el Estado que realizan una función expresiva. La función expresiva tiene relación con que los partidos son algo más que una voz de la sociedad porque comunican exigencias respaldadas por una presión política, sin duda que los partidos políticos además de expresar, también canalizan. Los partidos pretenden organizar la caótica voluntad pública, agregan y seleccionan intereses y preferencias. Para cumplir con estos objetivos sin duda que los partidos deben contener una ideología, un principio, un programa pero también resulta clave la forma en la cual se organizan.

Hoy no somos un partido de gobierno. No contamos con el aparato estatal. No tenemos Presidenta, ni Ministros, ni Subsecretarios, ni Jefes de Servicios, ni Seremis. No definimos las políticas públicas en general. Aunque algunos y algunas aún no se hayan dado cuenta.

Pero si tenemos representantes, que se encuentran en el Senado, en la Cámara de Diputados, en los Gobiernos Regionales, a nuestros Alcaldes y Alcaldesas y los y las concejales.

Su rol no es solo representar a quienes los han elegido, intentando plasmar nuestros idearios en su accionar político. Sino que también el realizar un trabajo de conducción de la base partidaria en cada uno de los territorios donde se encuentran, en conjunto con nuestros representantes internos: la mesa del partido, el comité central, la comisión política, los regionales y comunales.

Si queremos construir oposición tenemos que actuar coordinadamente y también responsable y respetuosamente con nuestra militancia.

Realizar ampliados donde se discuta, se converse, se dialogue la política que se pretende implementar en los diversos espacios. Donde la voz de la militancia tenga algún “peso”, algún sentido, alguna opinión, donde valga la pena militar porque es un espacio de construcción democrático de un proyecto de futuro.

Necesitamos construir espacios de reflexión, de compartir un diálogo. De señalar qué es lo que queremos para el futuro de Chile.

Yo creo que otro mundo es posible, donde avancemos en democratización y en participación real de los ciudadanos.  Donde tengamos un Estado de protección social, con educación pública de calidad y una serie de derechos garantizados. Donde los ciudadanos hagan valer con fuerza sus derechos pero también tengan claro sus deberes. Creo que la política puede y debe ser sana, más transparente y en pos de los intereses colectivos, más que del poder económico.

Hoy para asumir este desafío de construcción de una opción distinta y de un proyecto de futuro que reencante, insisto necesitamos una Revolución Interna para llevar a cabo las transformaciones que el contexto nacional actual impone. Una revolución de izquierda socialista. Una revolución democrática en su seno, que reponga el valor de la militancia, que recupere el vigor de nuestra institucionalidad, que permita construir una institución poderosa; no un partido de caudillos o jefes tribales, sino un partido fuerte, convocante, con una significativa inserción ciudadana, con legitimidad social, consecuencia y fidelidad con las causas populares de mayor justifica social.

Un PS que reivindique su capacidad crítica y convoque a la militancia a decidir, que devuelva el poder a los miles de militantes socialistas que sienten que el partido no les escucha o no tiene espacios para el debate y la reflexión de ideas.  Un partido en el que las corrientes de opinión sean eso y no aparatos de control partidario, responsables del secuestro de la democracia interna, donde los militantes se sienten en la mesa de las decisiones internas.

Un PS que vuelque su energía en la sociedad para transformar a Chile en un país justo, solidario, fraterno y más democrático. Por eso decimos que el PS debe recuperar su carácter de partido revolucionario para retomar la causa popular de los trabajadores y trabajadoras de Chile. ¿Dónde estaba la voz del Partido Socialista frente a la negligencia empresarial y el abuso en las condiciones laborales inhumanas en el caso de los mineros? Es cierto los medios no nos pescan, pero existe la obligación de buscar nuevas formas de poner nuestras propuestas, nuestra voz, nuestra presión política, si es que éstas existen y hay convicción.

Como socialistas del siglo 21 nos parece fundamental revisitar nuestra identidad ideológica y renovar nuestra propuesta para Chile. Nos impulsa el reconocernos como parte de un partido portador de crítica social, amante de las grandes transformaciones y reformas igualitarias, apegados al ideal de justicia y libertad, apasionados por la democracia, a partir de una acción decidida por los más desfavorecidos por el capitalismo, que lucha por la paridad de género y la sostenibilidad de nuestro medioambiente. Y sobretodo, por un partido que incluya el principio de la solidaridad y la fraternidad.

Sólo con esa visión clara nuestro partido estará en condiciones de convocar a nuevos actores sociales para reconquistar el apoyo mayoritario de los chilenos y las chilenas, para volver a abrir las grandes alamedas e impulsar la reinserción del Partido en el movimiento social.  

Sólo desde esa fortaleza y coherencia interna podremos concebir la necesaria política de alianza electoral para hacer carne nuestro ideario político, pero primero estamos llamados a reconstruirlo internamente y en forma participativa donde la voz de todas y todos los socialistas sea importante. Y para ello tenemos un Congreso Partidario en ciernes que debemos aprovechar que sea un espacio para la necesaria autocrítica, para cambiar nuestras formas de actuar y para pensar en el futuro.

Algunos creen que la única forma de ser oposición es a través de la mantención de la antigua Concertación, a mi juicio, debemos asumir que la Concertación fue muy importante para Chile, recuperamos la Democracia con ella pero en este momento histórico necesitamos enterrarla dignamente y abrirnos a nuevos referentes, más amplios, con ideales claros y convocantes.

Una Revolución Democrática (una experiencia vivencial, que puede ejemplificar)

Enviado por Danae Mlynarz Puig el miércoles, 21 abril, 2010 a las 11:37
Danae Mlynarz Puig

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Hace un año, estábamos en medio de la campaña presidencial y algunas cosas no se veían muy bien aspectadas. Conversando con un grupo de compañeras, compartimos que no nos gustaba la forma como que se tomaban ciertas decisiones y como se hacían ciertas cosas. Siempre he pensado que cuando no te gustan como se hacen las cosas y cuando realmente crees que vale la pena modificarlas en pro en un proyecto colectivo, hay que intentar cambiarlas desde adentro, antes de cruzar la vereda de al frente y “comenzar a tirar piedras”, y es por eso que pensamos en la posibilidad de postular y participar en una instancia interna de mi partido.

Converse con algunos compañeros, a quienes considero cercanos dentro del partido para compartir lo que pensaban y cómo visualizaban la idea de incorporarme a un trabajo partidario desde el Comité Central del P.S.

Me indicaron que ya tenían listo el candidato que “nos representaría” en la interna para la mesa y la lista de los candidatos al comité central. Cuando les consulté si era posible participar de esa lista, me preguntaron:

-         ¿Cuántos votos tienes?

-         Pero si aún no son las elecciones, cómo voy a saber cuantos votos tengo?

-         Si no sabes cuantos votos tienes, cómo te vamos a llevar en una lista? No sabemos si nos sirves.

No pretendo parecer ingenua. Pero no sabré nunca cuantos votos tengo si no voy de candidata a una elección. Porque creo que las elecciones son para que las personas decidan y expresen su opción en un voto. No creo que uno cuente con una suerte de “ganado” o con un conjunto de votos definidos previo a poner su nombre en un papel y expresar para qué quiere estar ahí. Siempre he respetado a las personas, sus opciones y creo en la democracia.

Puedo decir que tengo ganas de trabajar por mejorar la orgánica de mi partido, por representar de mejor manera las demandas societales de un sector de la centro izquierda, por luchar por la justicia social y los principios de la igualdad, la fraternidad y la solidaridad en forma transparente y franca. Que tengo ánimo y fuerza por luchar por más democracia en Chile y en mi partido. Por mayor participación de las mujeres en nuestro partido y en nuestra sociedad. Que tengo ganas de crear con todas y todos los militantes una forma de hacer oposición constructiva y un proyecto de gobierno de futuro socialista. Entre muchas cosas más, pero no puedo decir cuantos votos voy a tener en una elección que no se ha realizado.

Sí puedo contarles cuantos votos he tenido en otras elecciones, en las cuales he sido candidata por nuestro Partido Socialista. Eso sí, nunca sabiendo el resultado antes de culminar el proceso electoral. En el año 2004, por primera fui candidata a concejala de Ñuñoa, y obtuve 8.762 votos, siendo la socialista que mayor votación ha obtenido a ese cargo en la comuna. Luego, el año 2008 me pidieron que representara a la Concertación, en la titánica tarea de recuperar nuestra comuna en manos de la derecha desde el año 1996, y decidí ir porque formaba parte de un proyecto colectivo,  obviamente no gane pero obtuve 32.279 votos siendo la socialista que mayor votación ha obtenido históricamente en Ñuñoa.

Más allá de las cifras, el tema no se trata de mí, sino de dar a conocer un diálogo tan sencillo, y que creo que a muchas y muchos compañeros le ha sucedido y para otros no les es extraño, pero refleja claramente que necesitamos un fuerte remezón, de una “revolución democrática”. Una democracia interna, donde quienes quieran ser candidatos, expongan sus ideas, sus ganas, sus convicciones, sueños y proyectos ante toda la militancia, y que no sea en una subasta privada, donde debes señalar cuantos votos tienes, para que “evalúen” la viabilidad de una candidatura. Lo anterior devela lo que muchos repudiamos y que mucho mal le ha hecho a nuestro querido partido, es decir los favores que deben pagarse, acarreos que se van a realizar,  y una serie de otras prácticas de las cuales preferimos no ahondar, pero que algunos se han dedicado a ejercerlas como un permanente oficio.

Esos son los temas que tenemos que considerar,  y parte de las prácticas que debemos cambiar si es que realmente queremos renovar la política o como más me gusta a mí, hacer una revolución democrática interna.

Una Revolución Democrática, parte I

Enviado por Danae Mlynarz Puig el martes, 06 abril, 2010 a las 16:56
Danae Mlynarz Puig

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Cada vez me convenzo más que el problema de los partidos políticos en Chile hoy es el de la falta de democracia interna. En una reunión partidaria hace muy poco un amigo dijo: “nuestro partido no puede pregonar sobre la democracia si no la práctica internamente”.

El tema hoy a mi juicio, no tiene que ver con cambio generacional, sino más bien con cambio en las prácticas políticas. Da lo mismo la edad de las y los dirigentes si las prácticas con las que hacen política siguen reproduciendo “formas de hacer las cosas” que terminan por separar a la militancia de sus dirigentes y a la ciudadanía de los partidos políticos.

Aquí no se trata de pontificar, sino de cómo aprovechamos la desgracia de haber perdido el gobierno en una oportunidad para dialogar y buscar nuevas formas de hacer las cosas que nos permitan crecer en democratización y lograr cumplir con los objetivos que como dice Sartori tienen los partidos políticos, que permite distinguirlos de otras organizaciones de la vida social, los define como cualquier grupo político que se presenta a elecciones y que puede colocar mediante ellas a sus candidatos en cargos públicos. En esta definición acota el qué y el cómo de estos grupos políticos. El qué, está dado por el fin de llegar al poder ocupando los cargos de dirección del sistema político. El medio utilizado para conseguir este objetivo son las elecciones. Sartori desarrolla tres premisas claves que posibilitan entender correctamente la naturaleza esencial de los partidos políticos:

  • Los partidos políticos no son facciones
  • Los partidos políticos son parte de un todo
  • Los partidos políticos son conductos de expresión

De esta forma, Sartori destaca la diferencia profunda entre los partidos contemporáneos y otros grupos que han buscado conseguir el poder. En primer lugar afirma que una facción siempre es negativa e innecesaria y por ello evaluada como un mal, al contrario de los partidos que se dice son necesarios. Las facciones sólo son la expresión de conflictos personales, de un comportamiento que valora al yo y desprecia lo público. Por esto el combate entre ellas es solo una lucha por obtener prebendas, sin considerar el bien común, el interés general, o los fines del conjunto social, esta es la diferencia profunda entre los objetivos de una facción y de un partido político.

El político de partido y su comportamiento debe ser diferente de su motivación personal, el fin último debe ser el bien común. Ello porque los partidos son instrumentos legalmente constituidos para lograr beneficios colectivos y no privados, debiendo vincular al conjunto del pueblo o sociedad al sistema político, situación que no hacen las facciones.

Los partidos políticos son órganos funcionales, que cumplen ciertos fines y objetivos generales, lo que no son ni hacen las facciones. Ello ocurre porque un partido es parte de un todo a cuyos fines debe servir.

Por otra parte, Dalh señala que los partidos son instrumentos mediadores entre la sociedad y el Estado que realizan una función expresiva. La idea de función expresiva tiene relación con que los partidos son algo más que una voz de la sociedad porque comunican exigencias respaldadas por una presión política, sin duda que los partidos políticos además de expresar, también canalizan. Los partidos pretenden organizar la caótica voluntad pública, agregan y seleccionan intereses y preferencias, incluso se puede aceptar que los partidos forman la opinión pública y a veces la manipulan, sin embargo, en regímenes democráticos estas fuerzas políticas deben considerar más a la Sociedad que al Estado.

Para cumplir con estos objetivos sin duda que los partidos deben contener una ideología, un principio, un programa pero resulta clave la forma en la cual se organizan.

Hoy no somos un partido de gobierno. No contamos con el aparato estatal. No tenemos Presidenta, ni Ministros, ni Subsecretarios, ni Jefes de Servicios, ni Seremis. No definimos las políticas públicas en general. Pero si tenemos representantes, que se encuentran en el Senado, la Cámara de Diputados, los Gobiernos Regionales, los Alcaldes y Alcaldesas y los y las concejales.

Su rol no es solo representar a quienes los han elegido, intentando plasmar nuestros idearios en su accionar político. Sino que también el realizar un trabajo de conducción de la base partidaria en cada uno de los territorios donde se encuentran, en conjunto con nuestros representantes internos: la mesa del partido, el comité central, los regionales y los comunales.

Si queremos construir oposición tenemos que actuar coordinadamente y también responsable y respetuosamente con nuestra militancia.

Realizar ampliados donde se discuta, se converse, se dialogue la política que se pretende implementar en los diversos espacios.

¿Hace cuanto tiempo que el concejal de su comuna no convoca junto a la mesa comunal a un ampliado para dar cuenta de lo que esta sucediendo en la política comunal y sumar las energías de la militancia a dicha tarea?

No sería necesario que en este contexto de reconstrucción pos terremoto todo se hiciera en forma más coordinada y democrática.

No sería necesario que en vez hacer un conclave de la Concertación con invitaciones definidas y donde se pretende dejar fuera a nuestros representantes comunales para hablar de la “reconstrucción” se hiciera en cada comunal una jornada para reflexionar de las razones de la derrota. Para luego hacer jornadas regionales y terminar con un amplio encuentro nacional de toda la Oposición.

Necesitamos construir espacios de reflexión, de compartir un diálogo, con responsabilidad y respeto. No sacamos nada con esconder la mugre debajo de la alfombra.