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Ipad y democracia representativa

Enviado por Danae Mlynarz Puig el jueves, 20 octubre, 2011 a las 22:07
Danae Mlynarz Puig

 

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El episodio de los Ipad en la Cámara de Diputados solo viene a ratificar la falta de sintonía fina entre nuestros representantes y el pueblo soberano. Se suscita precisamente cuando la desconfianza de la ciudadanía en el sistema político ha alcanzado los mayores índices y el malestar y la movilización social  son crecientes

Sin embargo, esto no ocurre solo en Chile, como lo constatan el historiador Pierre Rosanvallon y el economista Jean Paul Fitoussi en su obra La nueva era de las desigualdades: “el problema, entonces, no es que los políticos, considerados individual y particularmente, estén personalmente apartados de sus conciudadanos, sino que comprenden mal la sociedad globalmente considerada. Puesto, que ésa es sin duda la paradoja: los diputados, cualquiera sea la formación a la que pertenecen, se pasan la vida conociendo gente y arreglando los problemas de sus electores, pero no saben traducir este conocimiento en el campo político. Han perdido su capacidad de intermediación y de portavoces, para no ser más que acompañantes silenciosos de una cotidianidad no dilucidada, incomprensible”.

Para modificar esta situación creo que al menos hay tres vertientes en las cuales actuar:

Primero, debemos mejorar nuestro sistema político introduciendo cambios sustantivos en la institucionalidad.  Es crucial contar con una carta magna legítima en su origen, democrática en su formulación y participativa en su constitución. 

Se debería propiciar una asamblea constituyente que generé una nueva Constitución para Chile, que incluya la iniciativa popular de ley; la posibilidad de convocatoria ciudadana a plebiscitos nacionales; la creación del Defensor del Pueblo u Ombudsman; un sistema electoral proporcional; la inclusión de cuotas de género o de una democracia paritaria. Además del desarrollo de primarias públicas, abiertas y vinculantes financiadas por el Estado; el límite en la reelección de representantes; la postergada inscripción automática en los registros electorales; el voto de chilenos en el extranjero; la elección directa de consejeros regionales e intendentes. Se deben modificar los elevados quórum constitucionales en el proceso legislativo; mejorar y transparentar el financiamiento de los partidos políticos y las campañas electorales, y cambiar el sistema de reemplazo de nuestros parlamentarios.

Una segunda vertiente es restablecer aquel contrato social que señala que el poder reside exclusivamente en el pueblo y que la entrega a los representantes no es un mandato sin control ciudadano, ni responsabilidades sociales. Aquí nadie entrega la conducción de las decisiones a cuatro u ocho años sin mayor relación. Debe existir control social y accountability.

Al Estado y los representantes, les corresponde rendir cuentas (accountability) y abrir los espacios estableciendo mecanismos para que la ciudadanía activa pueda desarrollarse. Y a la sociedad civil, le corresponde la responsabilidad de ejercer control ciudadano y desarrollar ciudadanía activa.

Tercero, hay que inventar una “política de la experiencia”, que parta de la vida cotidiana de las personas para deducir de allí reformas o transformaciones generales, y no a la inversa. Las personas quieren que las preguntas se formulen correctamente antes de escuchar respuestas preestablecidas. La política debe hacerse considerando siempre los principios y los fines de su acción.

A diferencia de los diversos discursos que se escuchan, como por ejemplo: “que se vayan todos” o “el pueblo unido avanza sin partidos”, considero que más que llenar de insultos a la “clase política” o a los partidos políticos haciéndolos responsables de todos los problemas actuales, es indispensable y urgente volver a otorgar un sentido de servicio público vigoroso a la acción política. Este proceso debe ser conducido por nuestros representantes, es lo que Chile está pidiendo para poder entrar en una nueva era de la ciudadanía. 

Publicado en www.cooperativa.cl

Hablemos en serio de Participación Ciudadana

Enviado por Danae Mlynarz Puig el viernes, 05 agosto, 2011 a las 11:12
Danae Mlynarz Puig

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La semana pasada en un foro un amigo señaló “no quiero escuchar más de la participación ciudadana que solo se reduce en entregar información o hacer como que se escucha a las personas. Lo que nosotros queremos es decisión ciudadana”. Efectivamente el concepto Participación Ciudadana ha sido usado en los últimos 20 años con múltiples acepciones. Sin embargo, creo que lo que hoy debemos hacer no es olvidar el concepto por mal empleado, vapuleado o manoseado sino que  aprender a usarlo en forma óptima revalorizándolo con dignidad.

Participación Ciudadana debe ser entendida como la intervención de los particulares en actividades públicas, en tanto, portadores de intereses sociales. Ello hace referencia a una relación entre Estado y sociedad civil, a una acción de ésta sobre el primero. Diferenciar el concepto de participación ciudadana de otros tipos de participación -social, comunitaria y política- reservándolo para hacer referencia a las formas de inclusión de la ciudadanía en procesos decisorios, incorporando sus intereses particulares -no individual- respecto a determinadas temáticas. 

Participación Ciudadana es decidir y no otra cosa!

Creo que nuestra democracia debe avanzar hacia una democracia deliberativa como señala la catedrática Adela Cortina: “la democracia deliberativa es representativa, sabe que el mejor modelo consiste en la participación del pueblo en los asuntos públicos a través de representantes elegidos, a los que pueden exigirse competencia y responsabilidades. Pero exige llevar a cabo al menos cuatro reformas: perfeccionar los mecanismos de representación para que sea auténtica, dar mayor protagonismo a los ciudadanos, tratar de asegurar a todos al menos mínimos económicos, sociales y políticos, y propiciar el desarrollo de una ciudadanía activa, dispuesta a asumir con responsabilidad su protagonismo”. [i]

Pero para que ello sea posible debemos avanzar en participación ciudadana desde dos aristas distintas pero complementarias:

La primera, mejorando nuestro Sistema Político en cuanto a representación de la ciudadanía, principios, valores, derechos, transparencia, instituciones, mecanismos de elección y de decisión. Ayer con los resultados de la encuesta CEP ha quedado en evidencia que la calidad de la política en Chile es visualizada por la ciudadanía en forma deficiente y que urgen reformas políticas.

Para ello es crucial contar con una carta magna legítima en su origen, democrática en su formulación y participativa en su constitución.  Por ello dentro de todos los “debes” de nuestra anoréxica democracia deberíamos propiciar:

  • Asamblea Constituyente que generé una nueva Constitución para Chile.
  • Que la participación sea un derecho constitucional.
  • Iniciativa popular de ley.
  • Convocatoria ciudadana a plebiscitos nacionales
  • Creación del Defensor del Pueblo u Ombudsman
  • Sistema Electoral proporcional.
  • Primarias públicas, abiertas y vinculantes financiadas por el Estado para selección de candidatos.
  • Límite en la reelección de representantes.
  • Inscripción automática en los registros electorales.
  • Voto de chilenos en el extranjero
  • Elección directa de Consejeros regionales e intendentes.
  • Modificar los elevados quórum constitucionales en el proceso legislativo.
  • Mejorar y transparentar el financiamiento de los partidos políticos y las campañas electorales.
  • Creación de gobiernos metropolitanos.

La segunda, tiene relación en cómo hacemos realidad eso que hoy tenemos plasmado en una nueva ley de Participación Ciudadana en la gestión pública (20.500) a nivel local, donde los municipios se constituyan en verdaderos gobiernos locales y donde la voz e incidencia de la ciudadanía esté asegurada. Así como también, la participación en la toma de decisiones a nivel sectorial. La forma en que se diseñen los reglamentos de esta ley determinara la posibilidad o no que está sea realidad o solo permanezca en letra muerta.

En esa incidencia en la toma de decisiones sobre la gestión pública no debemos dejar de lado los grandes temas. Esos grandes temas que han tenido al país en tres meses de movilización estudiantil, con paros, tomas, masivas marchas, inusuales estrategias de protesta (thriller masivo, besatón, ente otras) y con un apoyo significativo de la opinión pública a las demandas estudiantiles a pesar del desprestigio que el gobierno y los medios de comunicación le han dado al movimiento. Cómo participamos en la nueva política de educación que el país necesita, cómo participamos en dotar de mayor garantías a los consumidores abusados de casos como La Polar, cómo creamos institucionalidad que realmente castigue a los abusadores y no un chiste como el SERNAC financiero planteado por el gobierno, cómo creamos esa estrategia energética que Chile hoy no tiene, cómo  construimos el nuevo modelo de desarrollo que Chile pide a gritos y logramos financiarlo.

Hoy es el momento para sentar las bases de todo lo que queremos para un nuevo gobierno en forma participativa, hoy es el momento para exigirle a nuestra clase política desprestigiada su verdadero compromiso por estos cambios y para la emergencia de nuevos líderes y de un nuevo Chile.  



[i] Cortines A, “Democracia y justa indignación”, El País, 24 de julio 2011. 

En qué estamos y hacia dónde vamos

Enviado por Danae Mlynarz Puig el martes, 15 diciembre, 2009 a las 11:15
Danae Mlynarz Puig

Los resultados de la elección del domingo han dejado muchas lecciones, pero, en lo inmediato, también significan una amenaza horrenda para el país. Sebastián Piñera y la derecha se encuentran ad portas de alcanzar La Moneda, y de ese modo controlar, además del poder económico, los medios de comunicación, la educación privada, la política y la cultura.

La Concertación en su estado actual ya no es suficiente para hacerse cargo de entregar a Chile la gobernabilidad requerida. Hay que asumirlo con humildad, pero también con vigor.

Necesitamos establecer un frente amplio para lograr gobernabilidad, pero también para desarrollar una serie de reformas necesarias y postergadas por nuestros gobiernos concertacionistas, para que de ese modo el país alcance mayor justicia social y el fortalecimiento de nuestro sistema democrático:

  • Reforma Tributaria, de modo que efectivamente quienes más dinero ganan entreguen más recursos al desarrollo nacional y sus políticas sociales haciendo viable el fortalecimiento del Sistema de Protección Social.
  • Nueva Constitución, a través de una constituyente, como ha sido posible en todos los países donde se ha logrado dicho objetivo. Hoy sabemos la constitución del parlamento y no da para que sea el necesario espacio de ese cambio que nos permitirá mejorar nuestro sistema político, económico, social y cultural.
  • Reforma al Sistema Educativo, para mejorar calidad y acceso en todo el ciclo educativo.
  • Reforma laboral, para fortalecer la sindicalización y las garantías de derechos a los trabajadores.

Las promesas vacías o el chantaje emocional sobre el electorado no son mecanismos efectivos. La ciudadanía quiere hechos y compromisos. Nosotros queremos hechos y compromisos para salir con fuerza a golpear las puertas de los vecinos y vecinas, para invitarlos a un proyecto de país distinto al que ofrece la derecha con su maquillaje de campaña. Tenemos una idea de país distinta y eso hay que dejarlo muy claro.

Como socialistas hemos perdido representación parlamentaria tanto en senadores como en diputados. Felicitó a la compañera Isabel Allende, quien  valientemente fue a dar la pelea a la Región de Atacama y que hoy nos representa como mujer socialista en el Senado; así también al compañero Fulvio Rossi, en Tarapacá y Arica, quien nos brinda renovación en la Cámara Alta. Si ellos no hubiesen luchado por sus cupos y amenazado para lograrlos, lo más probable es que el resultado final obtenido por nuestro partido sería desastroso.

Nuestros compañeros comunistas lograron el ingreso al Parlamento, luego de 37 años de exclusión. Este es un triunfo, pero ahora debemos avanzar en un nuevo frente para gobernar.

Tenemos que considerar con humildad lo que los números del domingo nos dicen, menos de un tercio del electorado apoyó a nuestro candidato, no podemos seguir haciendo las cosas igual. Tenemos que cambiar las formas de hacer las cosas, terminar con la pelea chica y ponernos a la altura de las grandes tareas que tenemos hoy y para las cuales tenemos el tiempo en contra.