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Una Revolución Democrática (una experiencia vivencial, que puede ejemplificar)

Enviado por Danae Mlynarz Puig el miércoles, 21 abril, 2010 a las 11:37
Danae Mlynarz Puig

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Hace un año, estábamos en medio de la campaña presidencial y algunas cosas no se veían muy bien aspectadas. Conversando con un grupo de compañeras, compartimos que no nos gustaba la forma como que se tomaban ciertas decisiones y como se hacían ciertas cosas. Siempre he pensado que cuando no te gustan como se hacen las cosas y cuando realmente crees que vale la pena modificarlas en pro en un proyecto colectivo, hay que intentar cambiarlas desde adentro, antes de cruzar la vereda de al frente y “comenzar a tirar piedras”, y es por eso que pensamos en la posibilidad de postular y participar en una instancia interna de mi partido.

Converse con algunos compañeros, a quienes considero cercanos dentro del partido para compartir lo que pensaban y cómo visualizaban la idea de incorporarme a un trabajo partidario desde el Comité Central del P.S.

Me indicaron que ya tenían listo el candidato que “nos representaría” en la interna para la mesa y la lista de los candidatos al comité central. Cuando les consulté si era posible participar de esa lista, me preguntaron:

-         ¿Cuántos votos tienes?

-         Pero si aún no son las elecciones, cómo voy a saber cuantos votos tengo?

-         Si no sabes cuantos votos tienes, cómo te vamos a llevar en una lista? No sabemos si nos sirves.

No pretendo parecer ingenua. Pero no sabré nunca cuantos votos tengo si no voy de candidata a una elección. Porque creo que las elecciones son para que las personas decidan y expresen su opción en un voto. No creo que uno cuente con una suerte de “ganado” o con un conjunto de votos definidos previo a poner su nombre en un papel y expresar para qué quiere estar ahí. Siempre he respetado a las personas, sus opciones y creo en la democracia.

Puedo decir que tengo ganas de trabajar por mejorar la orgánica de mi partido, por representar de mejor manera las demandas societales de un sector de la centro izquierda, por luchar por la justicia social y los principios de la igualdad, la fraternidad y la solidaridad en forma transparente y franca. Que tengo ánimo y fuerza por luchar por más democracia en Chile y en mi partido. Por mayor participación de las mujeres en nuestro partido y en nuestra sociedad. Que tengo ganas de crear con todas y todos los militantes una forma de hacer oposición constructiva y un proyecto de gobierno de futuro socialista. Entre muchas cosas más, pero no puedo decir cuantos votos voy a tener en una elección que no se ha realizado.

Sí puedo contarles cuantos votos he tenido en otras elecciones, en las cuales he sido candidata por nuestro Partido Socialista. Eso sí, nunca sabiendo el resultado antes de culminar el proceso electoral. En el año 2004, por primera fui candidata a concejala de Ñuñoa, y obtuve 8.762 votos, siendo la socialista que mayor votación ha obtenido a ese cargo en la comuna. Luego, el año 2008 me pidieron que representara a la Concertación, en la titánica tarea de recuperar nuestra comuna en manos de la derecha desde el año 1996, y decidí ir porque formaba parte de un proyecto colectivo,  obviamente no gane pero obtuve 32.279 votos siendo la socialista que mayor votación ha obtenido históricamente en Ñuñoa.

Más allá de las cifras, el tema no se trata de mí, sino de dar a conocer un diálogo tan sencillo, y que creo que a muchas y muchos compañeros le ha sucedido y para otros no les es extraño, pero refleja claramente que necesitamos un fuerte remezón, de una “revolución democrática”. Una democracia interna, donde quienes quieran ser candidatos, expongan sus ideas, sus ganas, sus convicciones, sueños y proyectos ante toda la militancia, y que no sea en una subasta privada, donde debes señalar cuantos votos tienes, para que “evalúen” la viabilidad de una candidatura. Lo anterior devela lo que muchos repudiamos y que mucho mal le ha hecho a nuestro querido partido, es decir los favores que deben pagarse, acarreos que se van a realizar,  y una serie de otras prácticas de las cuales preferimos no ahondar, pero que algunos se han dedicado a ejercerlas como un permanente oficio.

Esos son los temas que tenemos que considerar,  y parte de las prácticas que debemos cambiar si es que realmente queremos renovar la política o como más me gusta a mí, hacer una revolución democrática interna.