
El
alza de 45 por ciento que registró el número de denuncias por maltrato al interior de los colegios, de acuerdo
con las cifras entregadas por el Mineduc, nos lleva una vez más a reflexionar
sobre fórmulas eficaces para frenar el aumento de esta problemática.
Hace
dos años
Hoy en día en los
establecimientos educacionales no existe una clase dedicada a inculcar en los
jóvenes la responsabilidad que implica ser sujeto de derechos. Profundizar
sobre democracia, sexualidad, opinión, debate, discriminación etc., es una
verdadera brújula para un adolescente que comienza el camino de la vida; sin
esa brújula el joven se desorienta y es entonces cuando las diferencias las
solucionan a golpes o se burlan de un compañero cuyo color de piel es diferente
a la suya.
Es necesario
entonces incluir
la prevención de la violencia como un ramo o asignatura especial además de ser
un eje transversal en la formación intraescolar y con impacto familiar. Se
deben desarrollar programas de prevención de drogas y de educación sexual y
afectiva con carácter participativo, incluyendo a los padres y entorno afectivo
de los adolescentes.
Con ello, estaremos realmente haciéndonos cargo de la violencia
escolar, que de no enfrentarla puede convertirse en un patrón que puede llegar
a considerarse normal por parte de los niños y niñas y de los jóvenes, y solo
como consecuencia de no tener la debida formación en cuanto a lo que implica
tener derechos y respetar los derechos de los pares. Así como también tener
claridad de sus deberes como miembros de una comunidad. Tenemos mucho que
avanzar en educación para la democracia de nuestros jóvenes y en ese sentido
una asignatura en derechos humanos desde una concepción amplia sería un
tremendo aporte.





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