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Trabajo Social, Integración y la lucha contra la Desigualdad**

Enviado por Danae Mlynarz Puig el sábado, 27 agosto, 2011 a las 22:57
Danae Mlynarz Puig

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Les quiero pedir que nos acompañen de pie para hacer un minuto de silencio por Manuel Gutierrez, el es un joven chileno, asesinado ayer por las fuerzas represivas en el contexto de las movilizaciones sociales por un educación pública, gratuita y de calidad, en la comuna de Macul, en Santiago de Chile. 

Muchas gracias!

Ahora podemos seguir con la exposición que me corresponde.

Los últimos estudios siguen ratificando que América Latina es el continente más desigual y que Chile, estaría dentro de los países más desiguales del mundo. Gran parte de la población presenta una escasa titularidad de sus derechos ciudadanos, “que en el terreno jurídico y político se manifiesta en una desigualdad fundamental en el acceso a la justicia y una escasa participación en las decisiones políticas, mientras que en las esferas económica y social se traduce en disparidad de oportunidades, inestabilidad laboral, bajos ingresos, impedimentos a la movilidad social -particularmente para las mujeres-, desconocimiento a la diversidad étnica y cultural, e indefensión al infortunio. De ahí que el principal desafío que enfrenta la región durante el presente siglo es el de construir sociedades más equitativas” (CEPAL, 2010). Dicha labor, sin duda, es la que debería movilizar todo el quehacer profesional del Trabajador Social. El cual se ha desplazado desde la asistencia social, a la promoción buscando una transformación social a las injusticias que nuestro mundo vive.

En mi país Chile, usando los datos analizados por Cristóbal Huneeus; una persona que pertenece al 10% de los hogares más pobre, llamado decil 1, y que trabaja gana en promedio 184 dólares al mes, según los datos de la encuesta Casen 2009. Por otra parte, una persona que pertenece al 10% más rico, llamado decil 10, y que trabaja gana en promedio 3.273 dólares al mes. Es decir, esta última persona gana 17,7 veces más que una persona que pertenece al 10% más pobre. 

Esta desigualdad, en la diferencia de salarios entre una persona del decil 10 y una del decil 1, es la que tanto nos debería escandalizar. Sin embargo, esta escandalosa desigualdad de ingresos es sólo una parte de la desigualdad que afecta a las chilenas y chilenos. Porque para este cálculo se ha considerado sólo a las personas que trabajan. Pero la capacidad de consumo y el bienestar de una familia dependen del total de recursos que dispone un hogar para gastar en todos sus integrantes. Esto depende, entre otras cosas, de cuántas personas trabajan en la familia y del tamaño de la familia -no es lo mismo alimentar a dos hijos que a cinco o seis-. Si se toma en consideración estos dos factores, las desigualdades son bastante mayores. 

En un hogar que pertenece al decil 1 viven en promedio 3,6 personas y trabajan en promedio 0,5 personas entre 18 y 65 años, mientras que en un hogar que pertenece al decil 10 viven 2,8 personas y trabajan en promedio 1,7 personas entre 18 y 65 años. Es decir, para igualar la cantidad de personas que trabajan en un hogar del 10% más rico del país necesito juntar las personas que trabajan en 3,2 hogares del 10% más pobre. 

Estas dos desigualdades, la del ingreso y la del empleo, tomadas en conjunto muestran que la desigualdad entre los hogares chilenos es significativamente mayor a la desigualdad del ingreso, es decir, de los que trabajan. El promedio del ingreso laboral total -tomando en cuenta los ingresos laborales de todos los miembros del hogar que trabajan- de un  hogar que pertenece al decil 1 es de 100 dólares al mes, mientras que para un hogar que pertenece al decil 10 es 5.510 dólares al mes. Es decir, mirando sólo los ingresos del trabajo, un hogar del decil 10 tiene en promedio 55,8 veces más ingresos que un hogar que pertenece al decil 1.

Es necesario señalar que la desigualdad que se ha mostrado aquí es menor que la desigualdad real. La evidencia de otros países muestra que las mediciones de encuestas subestiman considerablemente el ingreso de las personas más ricas, las cuales sólo se pueden obtener con precisión mirando sus declaraciones de impuestos. Situación que en Chile no es posible.

La desigualdad del empleo es mayor en las mujeres que en los hombres. Un hombre entre 18 y 65 años que pertenece al decil 10 tiene 2,4 veces más probabilidad de trabajar que un hombre del mismo grupo etario del decil 1 en el caso de las mujeres esta diferencia es 3,6. Los hogares más pobres tienen 5 veces más probabilidad de vivir en una zona rural que un hogar más rico, los hogares del decil 1 tienen una mayor proporción de mujeres, 59%, que los hogares del decil 10, 49%. Los hogares más pobres tienen casi tres veces más probabilidad de tener niños menores de 4 años que los hogares más ricos y tienen 5 veces más probabilidad de tener a alguien discapacitado. Finalmente, una persona del decil 1 tiene en promedio 8,7 años de educación, versus los 14,9 años de una persona del decil 10 (Huneeus, 2011).

No he querido entregar estas cifras, para marearlos y marearlas, sino para ilustrar con la situación de mi país, la de América Latina en general y de los países del MERCOSUR en particular. Los últimos datos del Gini del ingreso per capita de los hogares de nuestros países, índice que permite medir desigualdad nos muestran tristes resultados, que como Trabajadores Sociales no solo deberían conmovernos sino que movilizarnos. 

Países

Índice de Gini

Bolivia

60

Brasil

56

Ecuador

56

Chile

55

Colombia

55

Paraguay

55

Perú

50

Argentina

48

Uruguay

45

Fuente: PNUD 2010.

Movilizarnos en buscar mayor integración entre nosotros los y las Trabajadoras Sociales para solucionar nuestros problemas en conjunto, problemas que tienen relación con el ámbito corporativo, con la precarización de nuestros trabajadores asistentes sociales, así como con la multiplicación de las Escuelas de Trabajo Social con una disímil calidad en la formación.

En Chile el promedio de ingreso mensual de un Trabajador Social corresponde aproximadamente a 1.000 dólares mientras que la mensualidad para estudiar Trabajo Social alcanza aproximadamente los 500 dólares.

Hoy los chilenos y chilenas se han movilizado y se rebelan contra un modelo heredado de la dictadura de Pinochet completamente clasista y deficiente.

Las Universidades estatales chilenas, reciben un bajo aporte del Estado en comparación con otros países, son las más caras de América Latina y sus cuotas sólo son superadas por las Universidades de EE.UU. Con la inclusión de las Universidades Privadas, donde los estudiantes se endeudan a 20 años para poder estudiar, la matrícula en la educación superior ha aumentado de 250.000 alumnos de pre grado en los año 1990 a casi un millón en el año 2010. Sin embargo, para el 10% más pobre de la población, la tasa de ingreso a la Universidad es del 16%, mientras que el 10% más rico es del 61%.

Lo que gasta o invierte una familia en educación superior alcanza muchas veces al 50% de sus ingresos. Basta analizar el ingreso de los Trabajadores Sociales con el costo de la mensualidad de estudiarlo.    

Como Trabajadores Sociales Latinoamericanos debemos avanzar en socializar experiencias exitosas de ciertas políticas públicas que puedan replicarse. Pero también avanzar en cómo enfrentar problemáticas sociales tradicionales y emergentes tales como:  brechas educacionales, problemas de empleo, migración, equidad de género, sostenibilidad ambiental, intolerancia frente a cualquier diversidad cultural, sexual, étnica, discriminación, violencia, terrorismo, tortura, narcotráfico, oligarquización de la clase política y falta de democracia real, corrupción en el espacio público, tráfico de influencias, cohecho electoral, populismo, desigualdad territorial,  reformas de los sistemas de seguridad social para enfrentar con equidad los riesgos de enfermedad y vejez, entre otros.

Pero hoy creo y siento que los tiempos son distintos que debemos y podemos movilizarnos en cambiar las cosas, en buscar cambios importantes, estructurales a como se están haciendo las cosas hace ya mucho tiempo. Hoy no queremos administrar un modelo que reproduce desigualdad y entregarles migajas de humanidad y compasión.

Hoy debemos movilizarnos por un nuevo modelo de desarrollo y que mejor para ello que hacerlo con integración regional. Hoy no nos podemos conformar con reformar un modelo que sólo ha sido capaz de generar desigualdad, hoy debemos avanzar hacia cambiarlo por uno que realmente permita la igualdad social, la transformación de los actores sociales y para ello el rol del Trabajo Social es clave y ese es el largo y difícil trabajo que hoy nos corresponde asumir. Dijimos y escuchamos hace un tiempo que otro mundo era posible, hoy estoy segura que debemos construir un mundo distinto.

Los Choreados de Ñuñoa

Enviado por Danae Mlynarz Puig el sábado, 20 agosto, 2011 a las 11:25
Danae Mlynarz Puig

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Durante las últimas semanas nuestra comuna de Ñuñoa ha estado en los diversos medios de comunicación gracias a los masivos caceroleos que se han desarrollado en la Plaza Ñuñoa en el contexto de las movilizaciones sociales por una educación pública, gratuita y de calidad.

Los Ñuñoinos y Ñuñoinas como miles de chilenos y chilenas han expresado su apoyo a las reivindicaciones de este movimiento social que ya lleva más de tres meses de masivas manifestaciones. ¿Por qué ha sido de interés de la prensa lo ocurrido en el corazón de nuestra comuna? ¿Por qué los Ñuñoinos han salido con fuerza a manifestarse a las calles?

A mi juicio, los medios se han interesado por lo que ha ocurrido en Ñuñoa, porque Ñuñoa es una comuna de clase media, ubicada en la zona oriente pero muy cercana al centro de la capital y que genera opinión, en ella viven muchos periodistas, artistas e intelectuales. Ñuñoa es la comuna del país que cuenta con el mayor número de profesionales en Chile. Además Ñuñoa es una comuna con identidad, nosotros los y las ñuñoinas nos sentimos orgullosas de serlo y somos medio chauvinistas, nos gusta vernos, que hablen de nosotros, de mostrar nuestra identidad.

¿Por qué esta clase media profesional tradicional sale a protestar a las calles frente a las reivindicaciones por una mejor educación pública de calidad? Precisamente por eso mismo.

Esta comuna está constituida por una clase media tradicional ilustrada. No es la clase media emergente de este sistema. Sino que vendría siendo la clase media perjudicada por el sistema económico actual.  En las manifestaciones públicas se puede ver a familias enteras abuelos y abuelas, padres, madres, hijos e hijas.

La mayoría de sus profesionales son hijos e hijas de padres y también madres profesionales que ven con dificultad que sus hijos e hijas puedan alcanzar ese mismo estatus.  Viven día a día el espanto y el agobio de mantener un estatus, de pagar y endeudarse por educación, salud y consumo. Saben que frente al empleo precario, dinámico y flexible que existe en Chile incluso para los profesionales la vulnerabilidad está a solo un paso, y en esa situación, cómo lograr que mis hijos e hijas sean profesionales. Se vive con miedo a no poder responder a todos estos cobros. Es una clase media que frente a la expansión del consumo, ha perdido poder adquisitivo y posición social. En muchos casos les hereda a sus hijos e hijas una posición desmejorada frente a la heredada a ellos.

Se vive con temor a enfermarse, quedar inválido para trabajar, sufrir una enfermedad catastrófica o perder el empleo. Se vive con temor a la jubilación y la pensión con que me corresponderá vivir. Ojala haya podido educar a mis hijos e hijas para que se hagan cargo de mí. Mientras mis escuálidos fondos viven las vicisitudes de los mercados internacionales y sus turbulencias y los descuidos y abusos de los internos.

Frente a la colusión de las farmacias, el caso La Polar y los cobros abusivos en diversos servicios públicos observan la totalidad impunidad. Y con dificultad sacan el cálculo de si están dentro del promedio de los 15 mil dólares per cápita anuales que hoy alcanza el desarrollo de nuestro país.

Estamos “choreados”, sabemos que a pesar de nuestra situación somos unos privilegiados en nuestro país, porque hay muchos y muchas que viven en condiciones de vulnerabilidad total, de esta forma, la protesta no es sólo por mi situación, sino también por la conciencia de la situación de desigualdad y desprotección de derechos que hoy vivimos en Chile. Durante muchos años se dio por hecho que era imposible hacer las cosas distintas, que las cosas cambiaran, hoy se abre una ventana, en una de esas resulta algo y nosotros queremos estar ahí para intentarlo, para darles a nuestros hijos e hijas un mejor futuro. 

Hablemos en serio de Participación Ciudadana

Enviado por Danae Mlynarz Puig el viernes, 05 agosto, 2011 a las 11:12
Danae Mlynarz Puig

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La semana pasada en un foro un amigo señaló “no quiero escuchar más de la participación ciudadana que solo se reduce en entregar información o hacer como que se escucha a las personas. Lo que nosotros queremos es decisión ciudadana”. Efectivamente el concepto Participación Ciudadana ha sido usado en los últimos 20 años con múltiples acepciones. Sin embargo, creo que lo que hoy debemos hacer no es olvidar el concepto por mal empleado, vapuleado o manoseado sino que  aprender a usarlo en forma óptima revalorizándolo con dignidad.

Participación Ciudadana debe ser entendida como la intervención de los particulares en actividades públicas, en tanto, portadores de intereses sociales. Ello hace referencia a una relación entre Estado y sociedad civil, a una acción de ésta sobre el primero. Diferenciar el concepto de participación ciudadana de otros tipos de participación -social, comunitaria y política- reservándolo para hacer referencia a las formas de inclusión de la ciudadanía en procesos decisorios, incorporando sus intereses particulares -no individual- respecto a determinadas temáticas. 

Participación Ciudadana es decidir y no otra cosa!

Creo que nuestra democracia debe avanzar hacia una democracia deliberativa como señala la catedrática Adela Cortina: “la democracia deliberativa es representativa, sabe que el mejor modelo consiste en la participación del pueblo en los asuntos públicos a través de representantes elegidos, a los que pueden exigirse competencia y responsabilidades. Pero exige llevar a cabo al menos cuatro reformas: perfeccionar los mecanismos de representación para que sea auténtica, dar mayor protagonismo a los ciudadanos, tratar de asegurar a todos al menos mínimos económicos, sociales y políticos, y propiciar el desarrollo de una ciudadanía activa, dispuesta a asumir con responsabilidad su protagonismo”. [i]

Pero para que ello sea posible debemos avanzar en participación ciudadana desde dos aristas distintas pero complementarias:

La primera, mejorando nuestro Sistema Político en cuanto a representación de la ciudadanía, principios, valores, derechos, transparencia, instituciones, mecanismos de elección y de decisión. Ayer con los resultados de la encuesta CEP ha quedado en evidencia que la calidad de la política en Chile es visualizada por la ciudadanía en forma deficiente y que urgen reformas políticas.

Para ello es crucial contar con una carta magna legítima en su origen, democrática en su formulación y participativa en su constitución.  Por ello dentro de todos los “debes” de nuestra anoréxica democracia deberíamos propiciar:

  • Asamblea Constituyente que generé una nueva Constitución para Chile.
  • Que la participación sea un derecho constitucional.
  • Iniciativa popular de ley.
  • Convocatoria ciudadana a plebiscitos nacionales
  • Creación del Defensor del Pueblo u Ombudsman
  • Sistema Electoral proporcional.
  • Primarias públicas, abiertas y vinculantes financiadas por el Estado para selección de candidatos.
  • Límite en la reelección de representantes.
  • Inscripción automática en los registros electorales.
  • Voto de chilenos en el extranjero
  • Elección directa de Consejeros regionales e intendentes.
  • Modificar los elevados quórum constitucionales en el proceso legislativo.
  • Mejorar y transparentar el financiamiento de los partidos políticos y las campañas electorales.
  • Creación de gobiernos metropolitanos.

La segunda, tiene relación en cómo hacemos realidad eso que hoy tenemos plasmado en una nueva ley de Participación Ciudadana en la gestión pública (20.500) a nivel local, donde los municipios se constituyan en verdaderos gobiernos locales y donde la voz e incidencia de la ciudadanía esté asegurada. Así como también, la participación en la toma de decisiones a nivel sectorial. La forma en que se diseñen los reglamentos de esta ley determinara la posibilidad o no que está sea realidad o solo permanezca en letra muerta.

En esa incidencia en la toma de decisiones sobre la gestión pública no debemos dejar de lado los grandes temas. Esos grandes temas que han tenido al país en tres meses de movilización estudiantil, con paros, tomas, masivas marchas, inusuales estrategias de protesta (thriller masivo, besatón, ente otras) y con un apoyo significativo de la opinión pública a las demandas estudiantiles a pesar del desprestigio que el gobierno y los medios de comunicación le han dado al movimiento. Cómo participamos en la nueva política de educación que el país necesita, cómo participamos en dotar de mayor garantías a los consumidores abusados de casos como La Polar, cómo creamos institucionalidad que realmente castigue a los abusadores y no un chiste como el SERNAC financiero planteado por el gobierno, cómo creamos esa estrategia energética que Chile hoy no tiene, cómo  construimos el nuevo modelo de desarrollo que Chile pide a gritos y logramos financiarlo.

Hoy es el momento para sentar las bases de todo lo que queremos para un nuevo gobierno en forma participativa, hoy es el momento para exigirle a nuestra clase política desprestigiada su verdadero compromiso por estos cambios y para la emergencia de nuevos líderes y de un nuevo Chile.  



[i] Cortines A, “Democracia y justa indignación”, El País, 24 de julio 2011. 

Organizaciones ciudadanas rechazan reglamentación de Subdere

Enviado por Danae Mlynarz Puig el martes, 26 julio, 2011 a las 16:50
Danae Mlynarz Puig

En recurso presentado ante la Contraloría

Organizaciones ciudadanas rechazan reglamentación de Subdere

 

Estiman que iniciativa del gobierno dejaría en letra muerta ley de participación de la sociedad civil.

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Su tajante rechazo a la forma en que la Subsecretaría de Desarrollo Regional (Subdere) está sugiriendo a las municipalidades reglamentar la ley de participación ciudadana en la gestión pública, manifestaron dirigentes de organizaciones ciudadanas que pidieron hoy la intervención de la Contraloría General de la República en este tema.

Danae Mlynarz, Nicolás Facuse, Moisés Sherman, Concejal Manuel Guerrero y Francisco Estévez concurrieron a las 10,45 horas, a la oficina de partes de la Contraloría, con el fin de hacer una presentación para que se evalúe la orientación entregada recientemente por la Subdere a los municipios en materia de participación ciudadana.

En opinión de los demandantes, dicha orientación vulnera lo establecido en la ley 20.500, que regula la participación de los ciudadanos en el ámbito de la gestión pública,  dado que no garantiza la obligatoriedad de los municipios de realizar plebiscitos convocados por iniciativa popular, como estaría estipulado en este instrumento legal.

La ley en cuestión, publicada en el Diario Oficial el 16 de febrero de 2011, requiere, para entrar en operaciones, de una serie de reglamentos que ordenan su accionar. Entre ellos, el que debe determinar los mecanismos de funcionamiento y elección de los Consejos Comunales de la Sociedad Civil.

Es preciso, entonces, que la Subdere elabore un documento tipo, que funcione como criterio de orientación general. Este documento servirá de base para que cada municipalidad haga, a su vez, su propio reglamento y lo incluya en las ordenanzas comunales de participación ciudadana que deben estar aprobadas por ley con fecha límite 16 de agosto de 2011.

La Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo, ya realizó el reglamento tipo, que fue distribuido a los municipios del país, y el mismo se encuentra en su página web. Este documento tipo, en opinión de Asesoría Ciudadana, el programa de apoyo jurídico del Instituto Igualdad,  “no mantiene el espíritu de la ley promulgada, sino que incluso iría en contra de él”, según declararon.

Reglamento limita participación ciudadana

Las críticas apuntan a que el reglamento, en las condiciones en que éste aparece planteado, le quita atribuciones a los consejos de la sociedad civil, incorpora al 

Alcalde dentro de la definición de sus miembros, no plantea un proceso 
transparente en la elección de los mismos, no especifica los recursos económicos para su autonomía dentro del presupuesto municipal y deja fuera de su primera elección 
a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG).

Por tal motivo es que el asesor legal de Asesoría Ciudadana, Nicolás Facuse, presentó dos recursos. Uno específicamente destinado a la Contraloría para que evalué el acto mediante el cual se genera el documento tipo y su contenido, y, al mismo tiempo, una petición de invalidación a la Subdere para que evalué su acto administrativo.

 Con esta acción se busca, según los denunciantes, “que el espíritu de la ley no se vulnere y que la Subdere entregue un reglamento tipo conforme a lo dispuesto en la ley, que preserve efectivamente la autonomía de estos nuevos órganos, sus atribuciones y una elección democrática de sus miembros”.

También se intenta con el planteamiento ante la Contraloría que la falla se corrija antes de que sea necesario analizar cada reglamento comunal por separado. E informar adecuadamente a los Alcaldes y Concejales que el reglamento entregado por la Subdere no cumple con los estándares requeridos y, por tanto, no seria óptimo basarse en él.

Por su parte, el Círculo de Políticas Participativas, instancia dirigida por el ex Director de la División de Organizaciones Sociales (DOS), durante el gobierno de Michelle Bachelet, Francisco Estévez, presentó un reglamento alternativo que, a su juicio, “mantiene el espíritu de la ley y entrega directrices correctas a los municipios”.

 

Ya no hay excusas: Ordenanzas municipales de Participación Ciudadana*

Enviado por Danae Mlynarz Puig el viernes, 15 julio, 2011 a las 12:26
Danae Mlynarz Puig

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La ciudadanía es un concepto construido en la ciudad. El ciudadano era, antes que nada, el habitante de “derecho” de la ciudad[1].  Por eso parece clave que en un seminario sobre Ciudad y valores hablemos de la ciudadanía y en ese sentido revisemos alguno de los denominados derechos urbanos que poco se han trabajado en nuestro país.

La ciudadanía hoy supera a los habitantes de las ciudades y en términos amplios se la concibe como el poder influir, decidir sobre distintos aspectos de interés público que las personas tienen frente al Estado, en su calidad de miembros de la comunidad nacional.

Variados autores distinguen entre una ciudadanía pasiva, aquella ciudadanía formal, consagrada legalmente que supone sujetos de derechos protegidos por el Estado, y una ciudadanía activa, que requiere la existencia de sujetos políticos capaces de hacer exigibles sus derechos, de realizar prácticas autónomas, deliberantes y participativas.

Al Estado, le corresponde el rendir cuentas (accountability) y abrir los espacios estableciendo mecanismos para que la ciudadanía activa pueda desarrollarse y a la sociedad civil, le corresponde la responsabilidad de ejercer control ciudadano y desarrollar ciudadanía activa.

La ciudadanía dice relación con el fortalecimiento de las capacidades ciudadanas para actuar en el debate, gestión y fiscalización de la acción pública, con autonomía y poder. 

Borja nos señala, en relación a los derechos ciudadanos a nivel local que en la medida que nos encontramos ante problemáticas nuevas se requiere también una cultura política nueva que construya un discurso que proporcione legitimidad y coherencia a los gobiernos locales y a los movimientos cívicos. Si no es así, se corre el riesgo de acentuar la fragmentación territorial y sociocultural, de dar una imagen anacrónica o corporativa de las iniciativas cívicas y de depender únicamente de cómo se resuelvan en cada caso las políticas públicas del sistema institucional establecido.

El cambio económico, político y cultural que estamos viviendo es muy desigual. Los procesos económicos -productivos y financieros- y tecnológicos van mucho más rápido que los políticos y culturales. Y en muchos aspectos las desigualdades sociales aumentan. Es preciso un cambio político, orientado por valores básicos universales, que concrete nuevos derechos y deberes, para responder a la vez a viejas y nuevas desigualdades y exclusiones. No hay procesos de cambio sin un previo proceso de lucha por la legitimación y concreción de nuevos derechos. Hoy estamos, nuevamente, en el inicio de una era de derechos ciudadanos, como se ha dado regularmente desde el siglo XVIII. Cada siglo tiene su revolución por hacer, la nuestra es contra la globalización oligárquica y por la democracia ciudadana.

El desarrollo y la legitimación de estos derechos dependerán de un triple proceso:

-        Un proceso cultural, de hegemonía de los valores que están en la base de estos derechos y de explicitación o especificación de los mismos.

-        Un proceso social, de movilización ciudadana para conseguir su legalización y la creación de los mecanismos y procedimientos que los hagan efectivos.

-        Un proceso político-institucional para formalizarlos, consolidarlos y desarrollar las políticas para hacerlos efectivos.[2]

En Chile no se ha avanzado mucho en estos nuevos derechos ciudadanos, aunque si hemos sido testigos de nacientes movimientos barriales, vecinales o comunales que han expresado estas nuevas demandas y derechos, que van desde la protesta por la instalación de una antena de celular, la edificación de un mall, la denominada “masacre urbana” de la comuna de Ñuñoa por un plan regulador que resguarde la calidad de vida de barrio, el cuidado del patrimonio social y cultural del barrio Yungay, la oposición contra la construcción de una cárcel o un vertedero.

Agrupando estas diversas demandas el año 2005 la coordinadora pro Derechos Urbanos definió los siguientes derechos a establecer en los diversos territorios[3] de nuestro país:

La permanencia en el mismo barrio, sector o comuna cuando existan intervenciones urbanas.

La participación ciudadana en el diseño, desarrollo, aplicación y gestión en las políticas e intervenciones urbanas. Este derecho debe ser promovido por el Estado en forma temprana, en todas sus etapas, financiado y vinculante.

Disfrutar de un espacio público bello, útil al encuentro social, accesible y seguro.

Acceder a la información pública respecto del diseño, desarrollo, gestión y aplicación en las políticas públicas e intervenciones urbanas.

Desplazarse en forma segura y sin obstáculo.

Acceder fácilmente al equipamiento comunitario, comercial, cultural, local, comunal.

Vivir y desarrollarse en un medio ambiente respetuoso de sus elementos urbanos, sociales, culturales y naturales. Este derecho incluye la obligación de ponderar y priorizar adecuadamente la rentabilidad social, cultural y ambiental de un proyecto o regulación.

La cercanía espacial al equipamiento, servicios e infraestructura urbana.

La belleza urbana.

La vivienda participativa e integrada socialmente.

La identidad barrial.

Dentro de estos derechos me voy a detener en uno en específico, que es el derecho a la participación ciudadana.

El poder local o municipal, como parte integrante de la estructura nacional, es el nivel de gobierno más próximo a los ciudadanos y por lo tanto, el que se encuentra en mejor posición para involucrarlos en el proceso de toma de decisiones, en lo que concierne a sus condiciones de vida, y también para hacer uso de sus conocimientos y experiencias en el fomento del desarrollo. De esta forma, se reconoce que “el municipio, por sus características de tamaño y por tanto, su proximidad a la ciudadanía, posee las condiciones básicas para el espacio democrático del poder público”.[4]

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Es así es como se vincula la participación social y el proceso de descentralización, a través del municipio como instancia que permite a la comunidad incidir en el diseño, ejecución y evaluación de la gestión pública.

El Estado de Chile en junio de 2009 suscribe la Carta Iberoamericana de Participación Ciudadana en la Gestión Pública. Mientras se tramitaba en el congreso nacional una ley al respecto. A partir de este año 2011 la participación en la gestión pública en Chile es un derecho. Gracias a la promulgación el 16 de febrero de 2011 de la “Ley sobre Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública” situación poco difundida desde el gobierno como desde los medios de comunicación. El origen de esta ley es un mensaje del ejecutivo del año 2004 bajo el gobierno de Ricardo Lagos, proyecto que tuvo una larga tramitación que incluyó todo el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet.

La forma en que esta ley puede tener una expresión real en el espacio local, es a través de la reactualización que los municipios y los Concejos Municipales hagan a sus Ordenanzas de Participación Ciudadana Comunal, la ley faculta para que a través de ellas incluso se incluyan los presupuestos participativos.

Hoy es el momento para que nosotros los vecinos y vecinas exijamos que nuestros municipios tengan instancias de participación real. Dónde los vecinos y vecinas podamos incidir en la toma de decisiones sobre los aspectos que nos afectan directamente. Ya no hay excusas de falta de atribuciones de los gobiernos locales para ello, sólo se requiere voluntad política de entender que la mejor política pública es la que se hace con las personas afectadas, con los ciudadanos y ciudadanas que habitan esos territorios.

Por ejemplo la ley avanza en facilitar el desarrollo de plebiscitos comunales, se amplían los casos en los cuales el Alcalde debe convocar a plebiscito comunal, con acuerdo del Concejo, a requerimiento de los dos tercios de los integrantes en ejercicio del mismo y a solicitud de dos tercios de los integrantes en ejercicio del Consejo Comunal de Organizaciones de la Sociedad Civil, instancia que reemplazará a los antiguos CESCOS, ratificada por los dos tercios de los concejales en ejercicio;  o por iniciativa del 5% de los ciudadanos inscritos en los registros electorales de la comuna en relación a las materias de administración local relativas a inversiones específicas de desarrollo comunal, la aprobación o modificación del PLADECO, la modificación del Plan Regulador Comunal u otras de interés para la comunidad local. Sería interesante entonces, que las ordenanzas municipales de Participación incluyeran un ítem que haga referencia al proceso de información y propaganda de las diversas alternativas planteadas por el plebiscito. Para que todas las partes estén en igualdad de condiciones de informar a la comunidad sobre sus planteamientos, con recursos económicos para desarrollar una campaña informativa a costo del presupuesto municipal, que motive que más del 50% del padrón comunal vaya a votar y el plebiscito tenga carácter de vinculante.

Otras materias a contener en las ordenanzas tiene relación con:

-        Mejorar las instancias de Audiencias Públicas, donde las autoridades comunales no vayan solo a “escuchar” a los vecinos y vecinas, sino también a entregar información, explicaciones y a buscar soluciones.

-        Establecer Cabildos temáticos y territoriales comunales con periodicidad y sistematización de los aspectos abordados.

-        Generar mesas barriales para avanzar en forma mancomunada en diversas temáticas con asistencia técnica.

-        Fondos concursables que privilegien diagnóstico y gestión participativa en forma transparente y dotando de autonomía a las organizaciones y no reproduciendo el clientelismo tradicional.

-        La inclusión de Defensorías Comunales que tengan como objetivo velar por el cumplimiento y la vigencia de los derechos y garantías de las personas, la adecuada prestación de los servicios públicos, la promoción de los derechos humanos y el acceso a la justicia.

-        La definición de los mecanismos de participación en el proceso de diseño de los Planes de Desarrollo Comunal y de Planes Reguladores Comunales, así como también de otras definiciones sustantivas a nivel local.

Las personas, los ciudadanos y ciudadanas tenemos múltiples funciones que desarrollar por eso que el espacio para la participación tiene que ser limitado y útil. No se espera que las personas vivan para participar pero sí, que cuando lo hagan sientan que valió la pena hacerlo y para que eso sea así, la participación debe tener relación con los aspectos que a los ciudadanos y ciudadanas nos interesan y la opinión de las personas debe ser considerada, es decir, debe existir una verdadera incidencia. Estos dos aspectos son sustantivos a la hora de crear los mecanismos de participación ciudadana que se incluirán en las ordenanzas. Esperemos que nuestros representantes a nivel local lo entiendan así y se abran a la Participación!



* Ponencia en VI Foro Internacional Ciudad y Valores, Maipú 14 de julio de 2011.

[1] Goméz Leyton Juan Carlos, “Política, democracia y ciudadanía en una sociedad neoliberal (Chile: 1990-2010)”, Editorial Arcis, Santiago 2010, pp 211.

[2] Borja J, “Los Nuevos Derechos Ciudadanos”, mayo 2000.

[3] http://www.ciudadviva.cl/sitio/index.php?option=com_content&view=article&id=335&Itemid=96

[4] Pozo H, “La reforma municipal: propuestas, problemas y perspectivas”, FLACSO 1990.  

Calidad de la Política Pública: no se puede cambiar lo que no se conoce*

Enviado por Danae Mlynarz Puig el miércoles, 01 junio, 2011 a las 9:50
Danae Mlynarz Puig

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Este postgrado tiene por objetivo formar especialistas capaces de fundamentar y elaborar propuestas efectivas de acción en el ámbito de la intervención social, contribuyendo al desarrollo de la investigación aplicada y la reflexión en este campo. 

Frente a esta temática emergen tres reflexiones desde distintos ámbitos de mi vida profesional y laboral que me gustaría compartir con ustedes.

El primero, viene un poco desde el deber ser a la cruda realidad, o desde la academia a la práctica real.

A mí me enseñaron en la universidad que toda política pública es construida desde el saber por qué los recursos son escasos, entonces hay que actuar con eficiencia. Para ello existen una serie de pasos previos a su implementación: como la realización de un diagnóstico acabado de la realidad, consultando a los actores involucrados, dando cuenta de datos cuantitativos y cualitativos, construyendo líneas de base para comparar con posterioridad.

Luego la fase de diseño donde construimos en virtud de la fase de diagnóstico objetivos claros, líneas de acción, indicadores y medios de verificación, también nos vinculamos con los actores involucrados desde los beneficiarios hasta los implementadores para hacer un diseño lo más completo posible y obviamente, nuestra política cuenta con todos los recursos económicos asignados para operar con fluidez y una planificación de los tiempos comprometidos para lograr resultados e impactos adecuados.

Posteriormente, viene la fase de implementación con un proceso de inducción a los ejecutores para capacitarlos sobre todos los aspectos del programa u proyecto en sus diversos niveles. Evaluaciones de gestión mientras se ejecuta y se van visualizando sus resultados y finalmente una evaluación de impacto dónde yo tengo plena conciencia si la política pública implementada cumple con el cambio de la realidad objetiva propuesta.  

Yo quería trabajar en eso. En alguna fase, en alguna parte del proceso. Pero yo quería trabajar en políticas públicas para transformar la realidad social con claridad de hacia dónde íbamos. Es decir, con los pasos y la rigurosidad del método pero también con la claridad política de qué es lo quería lograr. Cuál es el sueño de transformación social que yo voy a ser realidad por medio de estos instrumentos.

Cuando logré desde distintos lugares trabajar en políticas públicas, específicamente, en políticas sociales ya sea implementado un programa en un municipio, realizando investigaciones desde centros de estudios, como jefa de Estudios de la Secretaria de Planificación de la Región Metropolitana, como concejala de una comuna de la zona oriente de Santiago, como asesora de la ministra de MIDEPLAN y como asesora de la Presidenta Michelle Bachelet me di cuenta que la realidad era otra.

Que muchos de esos pasos no se hacían, que a veces no existía un diseño, ni un diagnóstico, ni línea base. Que a veces los programas no contaban con los recursos adecuados, que las decisiones de cómo seguir se tomaban a puro olfato o considerando variables económicas más que cualquier otra. Que la participación en las decisiones de beneficiarios e implementadores era escasa o nula, y a mi juicio, lo más terrible, muchas veces no estaba claro qué es lo que quería cambiar, cuál era el sueño de transformación social con esa política pública.

Pero que a pesar de eso las cosas funcionaban. Se hacían. Y para sortear esa falta de método había que aprender otras habilidades e ir luchando para obtener más orden, sistematización, análisis y construcción de imagen objetivo.

Entre paréntesis no creo que con la Nueva Forma de Gobernar las cosas hayan cambiado. Es más estoy segura de ello. 

Lo que quiero plantear con esto es que si bien en los últimos 20 años se avanzó en planificación social en relación al periodo inmediatamente anterior, y se estableció un sistema de evaluación y de diseño de políticas públicas tanto desde el Ministerio de Hacienda, específicamente, la Dirección de Presupuesto donde se exige una planificación, una evaluación y se justifica cada gasto de recursos la variable principal a considerar es económica. Evaluación comprensiva del gasto. Como desde el Ministerio de Planificación con el Sistema Integral de inversiones.

No se avanzó con igual rigurosidad y recursos económicos involucrados en mejorar la calidad de nuestras políticas públicas. Lo que sin duda sería posible con más Ciencias Sociales y con más Política, con más investigación, sistematización, análisis e involucramiento de diversos actores. Quiero dejar súper claro, no lo veo solo desde una perspectiva tecnocrática de ir cumpliendo pasos en orden, y aplicar recetas sino que desde una perspectiva Política estratégica y Social. 

Para mejorar efectivamente nuestras políticas públicas tenemos que romper con la lógica de la supremacía absoluta, hegemónica diría incluso, de las variables económicas o de las ciencias económicas y avanzar en contraponer, sumar y evaluar desde perspectivas sociales y políticas.

Para ello el cambio debe venir no sólo de la superestructura diseñadora de grandes políticas que muchas veces vemos como algo lejano y sin rostro, sino que también a nivel de los implementadores, ejecutores y diseñadores de proyectos sociales. En los niveles de jefatura pero también en los niveles técnicos y profesionales.

Segundo, en la Universidad hago clases de dos ramos al mismo curso: Desarrollo Social y Políticas Públicas e Investigación Social a estudiantes de Trabajo Social de tercer año. Al comenzar el año partimos conversando sobre las expectativas de los ramos y me quedó la sensación que al de Políticas Públicas lo veían como algo lejano, demasiado macro y no asumían que muchas y muchos de ellos podrían terminar trabajando implementando una política pública y mucho menos pensar en diseñarlas o decidir sobre ellas.

En cuanto a investigación social lo veían con cierto temor y solo como un paso necesario para elaborar su tesis de grado pero no como un contenido útil para el ejercicio profesional.

Comenzamos el semestre entonces rompiendo esas sensaciones y explicando la gran coherencia que debería existir entre políticas públicas e investigación social y lo necesario que ambos ramos son para el ejercicio profesional del Trabajador Social.

Un profesional que muchas veces ejecuta, implementa, pero no por ello no es altamente necesario que conozca el contexto, el modelo, el sustrato de la política que ejecuta y que también tenga elementos para evaluar y sistematizar que ese trabajo que desarrolla esta sirviendo o no para modificar la realidad social.

Nadie puede intervenir profesionalmente sobre una realidad social que no conoce y sin un sueño de transformación que busca o anhela.

Para de esa forma, no sólo mejorar su propio ejercicio profesional, sino para que tenga elementos para “pararse” dentro de los cientistas sociales de igual a igual y entregar elementos para la toma de decisiones con respecto a la política pública con argumentos y datos.

Me parece clave que ustedes hayan querido complementar su educación superior desde este postgrado que combina precisamente ambas áreas.

Tercero, tiene relación con la claridad con respecto a ese cambio social, a la transformación o sueño que como profesionales queremos desarrollar desde cualquier espacio en el cual estemos situados. Para mi está fuertemente relacionado con la lucha por la desigualdad social y la mayor participación ciudadana en la toma de decisiones. 

Los últimos estudios siguen ratificando que América Latina es el continente más desigual y que Chile, estaría dentro de los países más desiguales del mundo. Gran parte de la población presenta una escasa titularidad de sus derechos ciudadanos, “que en el terreno jurídico y político se manifiesta en una desigualdad fundamental en el acceso a la justicia y una escasa participación en las decisiones políticas, mientras que en las esferas económica y social se traduce en disparidad de oportunidades, inestabilidad laboral, bajos ingresos, impedimentos a la movilidad social -particularmente para las mujeres-, desconocimiento a la diversidad étnica y cultural, e indefensión al infortunio. De ahí que el principal desafío que enfrenta la región durante el presente siglo es el de construir sociedades más equitativas” (CEPAL, 2010). Dicha labor, sin duda, es la que debería movilizar todo el quehacer profesional del Trabajador Social. El cual se ha desplazado desde la asistencia social, a la promoción buscando una transformación social a las injusticias que nuestro mundo vive.

Hoy hablamos y escuchamos de la necesidad de establecer un Estado Social de Derechos Garantizados, que significa avanzar en “garantías a los derechos de equidad dirigidos a lograr una ciudadanía extendida en la que, además del respeto a los derechos civiles y políticos, los ciudadanos puedan gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales” (CEPAL, 2010). La tesis que adquiere relieve bajo estas posiciones es que para constituirse en miembros plenos de una sociedad, no basta con que a los ciudadanos se les reconozcan derechos sociales sino que es preciso que cumplan obligaciones comunes.  Así comienza a ser fuertemente tematizada la cuestión de los deberes sociales y, en particular, la relativa al rol que cabe en este proceso de construcción de ciudadanía a otros agentes sociales distintos a la burocracia estatal, es decir, a las familias y a la comunidad, a la sociedad civil.(Cunil en Ziccardi, 2004).

E. Jelin, señala “el concepto de ciudadanía hace referencia a una práctica conflictiva vinculada al poder, que refleja las luchas acerca de quiénes podrán decidir qué en el proceso de definir cuáles son los problemas comunes y cómo serán abordados.

La ciudadanía como los derechos están siempre en proceso de construcción y cambio. Y siempre deberíamos ir avanzando en ellos, fruto de nuestras luchas sociales. Una sociedad no debería tender a perder derechos, eso sin duda refleja un retroceso que no deberíamos permitir. Como observamos en las recientes manifestaciones en Francia, Gran Bretaña y últimamente, en España con las acampadas en la Puerta del Sol de los Indignados, o en el proyecto del post natal del gobierno que buscaba un trueque de derechos –te doy 12 semanas más pero te acorto el fuero y le pongo tope al subsidio- donde se pretenden suprimir ciertos derechos sociales adquiridos.

La ciudadanía, cuyo derecho básico se expresa como “el derecho a tener derechos”, es entonces más que un estatuto de derechos y responsabilidades, un conjunto de prácticas de participación civil, social y política en que diversos sujetos políticos instalan sus preocupaciones en la agenda pública (Marques-Pereira, 1997).

Diversos autores distinguen entre una ciudadanía pasiva, aquella ciudadanía formal, consagrada legalmente que supone sujetos de derechos protegidos por el Estado, y una ciudadanía activa, que requiere la existencia de sujetos políticos capaces de hacer exigibles sus derechos, de realizar prácticas autónomas, deliberantes y participativas. Hoy la crisis de la democracia que observamos, es de ciudadanos reclamando y exigiendo más democracia, más espacios para deliberar para vincularse con lo público, lo político.

Al Estado le corresponde la noción de rendir cuentas (accountability) y a la sociedad civil la responsabilidad de ejercer control ciudadano y desarrollar ciudadanía activa.

Ello significa que el Estado tiene una responsabilidad ante la ciudadanía y ésta a su vez, tiene como tarea exigir en conciencia el “derecho a tener derechos” y el cumplimiento de los compromisos sociales de los gobiernos en las materias correspondientes.

La ciudadanía dice relación con el fortalecimiento de las capacidades ciudadanas para actuar en el debate, gestión y fiscalización de la acción pública, con autonomía y poder.

Con la recuperación de la democracia durante la década de los 90 se estableció la plena imposición de las instituciones republicanas con el sistema de garantías que las caracterizan, afortunadamente se fueron erradicando las formas políticas más represivas y autoritarias que habían caracterizado al período anterior.

No obstante, pronto se vio que ello no era suficiente -aunque necesario- para un pleno involucramiento del conjunto de la ciudadanía en las principales decisiones políticas.  Abstención electoral, apatía, indiferencia por los asuntos públicos, pusieron de manifiesto que el importante paso dado para el regreso de la democracia y los derechos humanos no modificaban automáticamente estas actitudes.

Como dice Tony Judt en su último texto “Algo va mal”, “es la distancia entre la naturaleza intrínsecamente ética de la toma de decisiones públicas y el carácter utilitario del debate político contemporáneo lo que explica la falta de confianza en los políticos y en la política”.  

Se instala así el discurso de la participación que, es formulado desde muy diferentes posiciones.  Por lo tanto, en virtud de un elemental rigor conceptual es necesario aclarar, cuando se apela a la participación, el sentido que se está atribuyendo a esta convocatoria.

A mi juicio, es la intervención de los particulares en actividades públicas, en tanto, portadores de intereses sociales. Ello hace referencia a una relación entre Estado y sociedad civil, a una acción de ésta sobre el primero.

Diferenciar el concepto de participación ciudadana de otros tipos de participación -social, comunitaria y política- reservándolo para hacer referencia a las formas de inclusión de la ciudadanía en procesos decisorios, incorporando sus intereses particulares -no individual- respecto a determinadas temáticas. 

En el campo de las políticas sociales esta forma de inclusión de la ciudadanía parece particularmente necesaria para otorgar eficacia a una acción social del Estado que suele estar confinada al ámbito de lo estatal y no de lo público.  La idea central es que incluyendo a la ciudadanía en los procesos de diseño y adopción de políticas sociales y con reglas de actuación de los diferentes actores previamente definidas se pueden obtener mejores resultados que permitan avanzar en el camino de construir ciudadanía (Ziccardi, 2004).

El rol del Trabajador Social en su acción profesional debería incluir una concepción de la participación mediante la cual de lo que se trata es construir ciudadanía, promover el protagonismo autónomo de la sociedad civil, todo ello en un horizonte de transformaciones que conciban un tipo de sociedad muy diferente a la actual (Portillo en Zicardi, 2004).

La cultura hegemónica hoy expresada esencialmente a través del conjunto de dispositivos más mediáticos, alienta y consolida determinados valores y concepciones básicamente dirigidas al aislamiento individual, el consumo incontenible y la competencia, elevando a categoría absoluta la realidad del mercado como la medida de todo lo humano.

Una alternativa que se proponga profundizar la democracia y recuperar un activo papel al servicio de la justicia social, reclama cambios institucionales muy importantes tanto en lo que hace a las estructuras de las instituciones como en lo relativo a su dinámica (Portillo, 2004). Y ese también es un trabajo pendiente en el cual debemos enfocar nuestra acción y luchas.

El control social es “un tipo de participación ciudadana orientada al control, vigilancia y evaluación por parte de personas y/u organizaciones sobre programas y acciones gubernamentales, que promueve una rendición de cuentas vertical/transversal”. (Hevia, 2005).

Como forma de participación ciudadana, puesto que busca que los ciudadanos -organizados o no- puedan incidir en la esfera pública, ya sea formalmente, por medio de su inclusión en comités de obra, órganos colegiados, etc. o indirectamente, por medio de la activación de los sistemas de quejas y denuncias. Los ciudadanos deberíamos luchar por ampliar estos espacios y es un rol preponderante del Trabajo Social empoderar a los ciudadanos con respecto a cómo lograr avanzar en esos espacios, partiendo por dar a conocer nuestra reciente ley de Acceso a la Información Pública y la de Participación ciudadana en la gestión pública para que logre ser más que el enunciado de un nuevo derecho.

En resumen, podemos señalar que en un contexto de cambio en la orientación de la política pública. Con una sociedad fuertemente fragmentada y desigual, donde nuestro objetivo es generar una transformación social que genere mayor justicia social. Nuestra labor profesional debe avanzar en construcción de ciudadanía de nuestros sujetos de atención social, “es fundamental ampliar el espacio público frente a las fuerzas centrífugas que hoy tiene el espacio privado, de manera de crear más sociedad” (CEPAL, 2010).

¿Crear más sociedad para qué? Para crear un país con mayor justicia social, no podemos quedar indiferentes ante tanta injusticia, abuso y desigualdad! tenemos que tener un objetivo político y tenemos que tener la convicción que las cosas no están dadas, no son irreversibles, si podemos hacer algo por cambiarlas y tenemos la responsabilidad para hacerlo. Los avances de la humanidad en derechos humanos que se dieron durante el siglo xx con posterioridad a la segunda guerra mundial han sufrido en los últimos años un deterioro feroz. Los derechos impulsados por los Estados de Bienestar hoy se encuentran en cuestión y el orden del derecho internacional no es respetado y a nadie parece importarle. Que pasa en Guantánamo donde se legitima la tortura, que pasó con la condena internacional frente al asesinato de Bin Laden sin un juicio justo. Nosotros podemos y debemos hacer algo. Y en nuestro ejercicio profesional debemos optar entre VIVIR y pasar.



  • * Conferencia dictada en la Universidad del Biobio en la inauguración del año académico del Magíster en Intervención Social el viernes 27 de mayo de 2011.
  • CEPAL, “60 años de la CEPAL”, compilador Ricardo Bielschowsky, CEPAL 2010.
  • Jelin E, “La construcción de la ciudadanía: entre la solidaridad y la responsabilidad”, en Jelin  y Herschberg, Construir la democracia: derechos humanos, ciudadanía y sociedad en América Latina, Venezuela, editorial Nueva Sociedad 1996.
  • Judt T, 2Algo va mal”, Taurus, México 2010, 172.
  • Marques-Pereira B, “Los derechos reproductivos como derechos ciudadanos”, ediciones de las mujeres nº25, Santiago: ISIS Internacional 1997.
  • Hevia F, “La Contraloría Social Mexicana. Acciones de participación ciudadana para la rendición de cuentas”, 2005.
  • Ziccardi A, “Participación Ciudadana”, México 2004.


Ley de Participación Ciudadana: Todo por hacer!

Enviado por Danae Mlynarz Puig el domingo, 01 mayo, 2011 a las 19:03
Danae Mlynarz Puig

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El 16 de febrero de 2011 fue promulgada la “Ley sobre Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública” situación poco difundida desde el gobierno como desde los medios de comunicación. Hecho que a esta altura, no sé si llama la atención, pero al menos molesta. Tanto por la temática que involucra la norma, que debería ser conocida y reconocida por todas y todos los chilenos para hacer uso de estas herramientas de participación ciudadana, como por todo lo que aún queda por hacer, en relación a que esta norma sea efectiva y no se quede sólo en un enunciado. El hecho es que hoy por ley, la participación ciudadana en la gestión pública está enunciada pero no se encuentra garantizada para nadie. 

Es un avance es cierto. Antes de febrero teníamos mucho menos. Pero si queremos que esta norma sea efectiva, se implemente y avancemos es necesario un involucramiento de la sociedad civil, de las propias organizaciones ciudadanas para fiscalizar, presionar, promover y difundir su cumplimiento.

Cuando hablamos de participación ciudadana debemos avanzar de un nivel meramente informativo y consultivo a establecer la posibilidad de incidir en la toma de decisiones. Que las personas que participamos no sintamos que hemos perdido nuestro tiempo en pensar en el interés público sino que nuestro tiempo y nuestra opinión sean consideradas. Que participar sea una oportunidad más que un costo.

Primero, no nos podemos olvidar de la lenta y tortuosa aprobación de esta ley en el Congreso. Tuvo aproximadamente seis años de tramitación donde sufrió una serie de cambios en relación al proyecto original, ingresado durante el gobierno del Presidente Lagos, gracias al trabajo de un Consejo para el fortalecimiento de la sociedad civil que participó en su diseño original.  

Segundo, para fomentar el involucramiento de la sociedad civil en la implementación y avances de esta normativa es necesario conocerla, al respecto se puede señalar en términos generales que esta normativa contempla:

ü  Reconoce un conjunto de principios y normas generales. En cuanto al derecho de asociación, el fomento del asociativismo y la autonomía de las organizaciones frente al Estado. Así como facilita el modo en que éstas se constituyen formalmente.

ü  Crea un Registro Nacional de Personas Jurídicas sin fines de Lucro. El nuevo régimen asociativo está concebido en forma descentralizada, radicando en las municipalidades la constitución de toda asociación con personalidad jurídica, estableciendo en el Servicio de Registro Civil e Identificación el registro público único de los principales actos de la vida civil de las organizaciones y manteniendo en el Ministerio de Justicia atribuciones de fiscalización.

ü  Establece el estatus de Organizaciones de Interés Público en concordancia con la práctica internacional. Organizaciones que buscan el interés general.

ü  Fija la existencia de un Fondo al que las Organizaciones de Interés Público podrán acceder bajo condiciones de transparencia e igualdad.

ü  Reconoce normas sobre el Voluntariado y sus organizaciones.

ü  Introduce el principio de Participación Ciudadana en la Gestión Pública en la Ley Nº 18.575 de Bases Generales de la Administración del Estado y un Título especial que concreta algunas formas de dicha participación en los órganos del Estado, a través de normas generales destinadas a ese propósito, el ejercicio del derecho a la información ya existente con la ley de información pública, la práctica de Cuentas Públicas anuales donde se debe dar respuestas a inquietudes ciudadanas sobre éstas y la creación de Consejos Consultivos de Organizaciones de la Sociedad Civil aunque no señala cómo se determinará a los representantes de las organizaciones. Deja abierta la forma cómo cada servicio hará efectivo este enunciado de Participación Ciudadana en la Gestión Pública no abordando la participación en la toma de decisiones.

ü  Modifica aspectos de la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades, introduciendo Consejos Comunales de Organizaciones de la Sociedad Civil en reemplazo de los CESCOS (antiguos Consejos Económicos y Sociales Comunales) donde sus representantes serán electos por las organizaciones de interés público de la comuna y no por el Alcalde. La cantidad de consejeros no podrá ser inferior al doble ni superior al triple de los concejales en ejercicio de cada comuna. Un reglamento sometido por el Alcalde al Concejo Municipal determinará la integración, organización, competencia y funcionamiento de éste Consejo. Así como la forma de autoconvocarse cuando al menos un tercio de sus participantes así lo decida. La ley le entrega a estos Consejos las siguientes funciones que ya tenían los CESCOS:

  1. Informar sobre presupuesto de inversión anual, plan comunal de desarrollo (PLADECO) y modificaciones al Plan Regulador Comunal.
  2. Pronunciarse en el mes de marzo de cada año, sobre la Cuenta Pública del Alcalde, cobertura y eficiencia de los servicios municipales.
  3. Interponer recursos de reclamación.

Además, agrega las siguientes nuevas funciones:

  1. Deberá pronunciarse anualmente sobre las materias de relevancia comunal que hayan sido establecidas por el Concejo Municipal.
  2. Los consejeros deberán informar a sus respectivas organizaciones con debida anticipación para recibir consultas y opiniones, acerca de la propuesta de presupuesto, del plan comunal de desarrollo, las modificaciones al plan regulador comunal y cualquier materia relevante que les haya presentado el Alcalde o el Concejo.

ü  Amplía las materias pertinentes a considerar por cada Municipio en las ordenanzas de Participación Ciudadana incluyendo la posibilidad de presupuestos participativos.

ü  Facilita el desarrollo de plebiscitos comunales, se amplían los casos en los cuales el Alcalde debe convocar a plebiscito comunal, con acuerdo del Concejo, a requerimiento de los dos tercios de los integrantes en ejercicio del mismo y a solicitud de dos tercios de los integrantes en ejercicio del Consejo Comunal de Organizaciones de la Sociedad Civil, ratificada por los dos tercios de los concejales en ejercicio;  o por iniciativa del 5% de los ciudadanos inscritos en los registros electorales de la comuna en relación a las materias de administración local relativas a inversiones específicas de desarrollo comunal, la aprobación o modificación del PLADECO, la modificación del Plan Regulador Comunal u otras de interés para la comunidad local.

ü  Se reconoce a toda organización y, en especial, a las organizaciones comunitarias regidas por la Ley Nº 19.418 sobre Juntas de Vecinos y demás Organizaciones Comunitarias el derecho a federarse y confederarse en los niveles regional y nacional.

ü  Se establece que el Concejo Municipal debe cuidar que el reglamento que genera modalidades de postulación e implementación del Fondo de Desarrollo Vecinal (FONDEVE) no discrimine a las organizaciones que postulan a él y que la asignación sea transparente.

Para que muchas de estas herramientas entren en funcionamiento es necesario que se establezcan los reglamentos y se elijan los representantes, algunas responsabilidades son del poder central, otras del nivel regional y otras del municipal. Pero para que efectivamente la instalación de este proceso se desarrolle en los tiempos establecidos (un año desde su promulgación) y con la calidad requerida para avanzar en una participación ciudadana que no sea meramente informativa o consultiva, es necesario que las organizaciones sociales, hoy denominadas de Interés Público tengan un activo rol.

Avanzando en una ciudadanía activa  que ponga junto a los derechos, la noción de responsabilidad que los ciudadanos tienen con la comunidad política a la que pertenecen. Esta ciudadanía activa se expresa en distintos niveles, “a nivel individual, como participación; a nivel social como responsabilidad, solidaridad, cooperación en la esfera público-social; a nivel político, como exigencias de fiscalización y rendición de cuentas de lo público-político” (Vargas, 2000). Se trata de una ciudadanía que va más allá del interés personal y se suma al interés colectivo a partir del sentido de justicia y de responsabilidad.

La ciudadanía dice relación con el fortalecimiento de las capacidades ciudadanas para actuar en el debate, gestión y fiscalización de la acción pública, con autonomía y poder.

En el campo de las políticas públicas donde hoy tenemos un derecho enunciado al menos, esta forma de inclusión de la ciudadanía parece particularmente necesaria para otorgar eficacia a una acción social del Estado que suele estar confinada al ámbito de lo estatal y no de lo público.  La idea central es que incluyendo a la ciudadanía en los procesos de diseño y adopción de políticas sociales y con reglas de actuación de los diferentes actores previamente definidas se pueden obtener mejores resultados que permitan avanzar en el camino de construir ciudadanía (Ziccardi, 2004). Eso sólo será posible si las mismas organizaciones de interés público presionan para definir cómo cada servicio va a hacer carne aquello de la Participación Ciudadana en la Gestión Pública presente en Chile a partir de esta nueva ley.

Amigas y amigos, aún queda mucho trabajo por delante!

  1. ACCION, Ley de Asociaciones y Participación, Observatorio de Genero y Liderazgo.
  2. Ley 20.500 Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública, 2011.
  3. Mujica P, Ley sobre Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública, Participa, 2011.
  4. Vargas V, “Un tema en debate. La ciudadanía de las mujeres”, Lima, Centro de la mujer Peruana Flora Tristán, www.rcp.net.pe/FLORA.2000.
  5. Ziccardi A, “Participación Ciudadana”, México 2004.

No a la Privatización de la Pérgola de la Plaza Ñuñoa

Enviado por Danae Mlynarz Puig el miércoles, 27 abril, 2011 a las 15:07
Danae Mlynarz Puig

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Las Mujeres de Plaza Ñuñoa lamentamos profundamente que se termine con un espacio público emblemático de la Plaza Ñuñoa como es la Pérgola, también llamada Odeón, mediante la concesión a un privado para la explotación comercial, ubicando ahí un restaurant; sin haberse informado y consultado a la comunidad Ñuñoína de esta noticia.

Creemos que las modificaciones a espacios públicos tan connotados como la Plaza Ñuñoa, cambiando absolutamente su carácter deben ser consultados con los ñuñoínos y especialmente a quienes ocupamos de esos espacios. La pérgola hasta hoy ha sido un lugar de encuentro y manifestación de organizaciones sociales locales, y su entorno ha sido un espacio de recreación sano y al aire libre para las familias de Ñuñoa. Ese encuentro espontáneo entre familias y ciudadanía activa son características de la Plaza Ñuñoa que le han dado identidad que no queremos perder; y dudamos mucho que se pueda mantener bajo la administración de un negocio privado. A la Plaza Ñuñoa no le hacen falta más restaurantes; sí requiere mantenerse como un lugar donde los vecinos y vecinas nos veamos y nos reconozcamos compartiendo juegos, actividades, cultura, diálogos y causas.

Creemos y hemos expresado en otras oportunidades que es necesario realizar un cambio en dicha instalación, primero rehabilitándola luego de los daños del terremoto, pero también hermoseándola e higienizándola, responsabilidad que debió ser realizada por el municipio con apoyo de la comunidad organizada sin necesidad de expropiar el bien nacional de uso público y entregarla a la explotación comercial por parte de un privado. Los usos que se pudieron haber establecido son variados y van desde haberse acondicionado como sala de exposiciones, una sala de reuniones, cerrándola y manteniendo su estilo.

Sin embargo, creemos que quienes podrían haber entregado las mejores opciones de qué hacer con ese espacio público somos las personas que usamos ese espacio cotidianamente. Las mujeres que usamos la plaza para nuestra conmemoración del 8 de marzo, todas las organizaciones sociales que manifiestan ahí sus ideas y causas, los adultos mayores que se recrean diariamente en sus tradicionales bancas de madera, los pololos que se tiran en la sombra de los árboles en el pasto, los niños y niñas que usan sus juegos, y los padres y madres que encuentran en ese espacio verde y tradicional un respiro para estar en familia y sentir que existe aún una plaza en su barrio, un espacio de encuentro comunitario.

Ya que la ciudadanía ñuñoína no está informada y nunca fue consultada de estos cambios creemos que es nuestro deber difundir esta equivocada medida ya que no es sólo nuestra organización la que sufrirá con esta intervención en nuestra plaza sino todos y todas quienes utilizan ese espacio para sus justas reivindicaciones ciudadanas y recreacionales.

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Como mujeres, como ciudadanas, como ñuñoínas decimos categóricamente No a la enajenación de la pérgola, ésta debe permanecer como patrimonio público a disposición de quienes habitamos los alrededores de la Plaza Ñuñoa y de quienes semana a semana nos visitan en este espacio emblemático.

Es por ello que buscando difundir el cambio entre los usuarios de la plaza y conocer su opinión el día domingo 24 de abril llevamos a cabo un plebiscito en la Plaza Ñuñoa para consultar a los vecinos y vecinas que usan este espacio público que opinan que la Pérgola sea privatizada entregándola a la explotación comercial por 30 años a un Restaurant de un privado. Las dos mesas de votación se abrieron aproximadamente a las 16.20 hrs. y se cerraron a las 19 hrs. Participó en el proceso un total de 248 personas, hombres, mujeres, niños y niñas y la opción contraria a la privatización ganó por un amplio 98% alcanzando los 244 votos, sólo 4 personas se manifestaron por la opción favorable.

Creemos que la decisión de qué hacer con la Plaza debemos tomarla todos y todas quienes la usamos y no debería ser una decisión tomada entre cuatro paredes aun por un concejo municipal. Creemos en la participación ciudadana y por ello organizamos este plebiscito. Si a las autoridades no les interesó saber que opinaban los ciudadanos a nosotras sí. Las personas que participaron de él se sintieron muy sorprendidas con la noticia y disconformes con el cambio, aún somos muchos y muchas las que creemos que los espacios públicos no deben privatizarse y menos explotarse con un fin comercial.

Este plebiscito fue organizado por el Grupo Mujeres Plaza Ñuñoa y contó con la activa participación de otras organizaciones de la comuna que se encuentran movilizadas por la privatización del espacio público en nuestra comuna.

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Evaluación Ficha de Protección Social, exposición Comisión de Expertos MIDEPLAN*

Enviado por Danae Mlynarz Puig el sábado, 09 octubre, 2010 a las 10:43
Danae Mlynarz Puig

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La presentación de Danae Mlynarz se basó en un taller realizado con diversos actores del mundo municipal, social y académico, que han tenido relación con la Ficha de Protección Social por la Corporación ProyectAmerica.

La primera conclusión de este trabajo tiene que ver con una valoración positiva del cambio desde la ficha CAS 2 a la de Protección Social y la integración del concepto de vulnerabilidad. En relación a este proceso, también señaló que si bien se valora el traspaso de recursos económicos desde el nivel central (MIDEPLAN) para dicho proceso, los tiempos fueron muy acotados y las capacitaciones parecieron insuficientes para asimilar estos cambios.

En su presentación, Danae Mlynarz agregó que actualmente los municipios han avanzado en ordenar su orgánica interna a propósito de este cambio de instrumento, lo que les ha permitido reducir los plazos desde el momento de la solicitud de aplicación a la visita a los hogares, de 90 a 15 días aproximadamente.

Por otra parte, expuso que la extensión en el uso de la FPS para definir beneficiarios de múltiples políticas públicas ha generado una pérdida de su enfoque inicial y general y que la capacidad generadora de ingresos influye fuertemente en el puntaje total dejando fuera otras variables que podrían otorgarle una visión multidimensional a la vulnerabilidad como discapacidades, abuso de alcohol y drogas, enfermedades catastróficas, endeudamiento familiar, entre otros. Por lo anterior, la Ficha es catalogada como un instrumento “economicista”.

En sus propuestas, se menciona complementar la FPS con otros instrumentos para entregarle mayor validación interna y para aportar a la focalización de políticas sociales específicas, evitando discriminaciones y mal uso del instrumento por parte de las instituciones. Propone además aumentar la fiscalización, revisar el módulo de salud y su ponderación en el cálculo del puntaje relevando la necesidad de incorporar antecedentes respecto de enfermedades catastróficas, crónicas, discapacidades, de salud mental (depresiones, abuso de alcohol y drogas) de miembros del grupo familiar, con el correspondiente certificado que de cuenta de las enfermedades como respaldo.

Finalmente, se plantea aumentar los canales de cruce de información con otras bases de datos gubernamentales para validar la información que los encuestados autorreportan y aumentar los niveles de fiscalización en la aplicación del instrumento.

 

* Información extraída del acta de la Comisión de Expertos MIDEPLAN del 27 de julio 2010. Se acompaña presentación realizada. 

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Una Revolución Democrática (una experiencia vivencial, que puede ejemplificar)

Enviado por Danae Mlynarz Puig el miércoles, 21 abril, 2010 a las 11:37
Danae Mlynarz Puig

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Hace un año, estábamos en medio de la campaña presidencial y algunas cosas no se veían muy bien aspectadas. Conversando con un grupo de compañeras, compartimos que no nos gustaba la forma como que se tomaban ciertas decisiones y como se hacían ciertas cosas. Siempre he pensado que cuando no te gustan como se hacen las cosas y cuando realmente crees que vale la pena modificarlas en pro en un proyecto colectivo, hay que intentar cambiarlas desde adentro, antes de cruzar la vereda de al frente y “comenzar a tirar piedras”, y es por eso que pensamos en la posibilidad de postular y participar en una instancia interna de mi partido.

Converse con algunos compañeros, a quienes considero cercanos dentro del partido para compartir lo que pensaban y cómo visualizaban la idea de incorporarme a un trabajo partidario desde el Comité Central del P.S.

Me indicaron que ya tenían listo el candidato que “nos representaría” en la interna para la mesa y la lista de los candidatos al comité central. Cuando les consulté si era posible participar de esa lista, me preguntaron:

-         ¿Cuántos votos tienes?

-         Pero si aún no son las elecciones, cómo voy a saber cuantos votos tengo?

-         Si no sabes cuantos votos tienes, cómo te vamos a llevar en una lista? No sabemos si nos sirves.

No pretendo parecer ingenua. Pero no sabré nunca cuantos votos tengo si no voy de candidata a una elección. Porque creo que las elecciones son para que las personas decidan y expresen su opción en un voto. No creo que uno cuente con una suerte de “ganado” o con un conjunto de votos definidos previo a poner su nombre en un papel y expresar para qué quiere estar ahí. Siempre he respetado a las personas, sus opciones y creo en la democracia.

Puedo decir que tengo ganas de trabajar por mejorar la orgánica de mi partido, por representar de mejor manera las demandas societales de un sector de la centro izquierda, por luchar por la justicia social y los principios de la igualdad, la fraternidad y la solidaridad en forma transparente y franca. Que tengo ánimo y fuerza por luchar por más democracia en Chile y en mi partido. Por mayor participación de las mujeres en nuestro partido y en nuestra sociedad. Que tengo ganas de crear con todas y todos los militantes una forma de hacer oposición constructiva y un proyecto de gobierno de futuro socialista. Entre muchas cosas más, pero no puedo decir cuantos votos voy a tener en una elección que no se ha realizado.

Sí puedo contarles cuantos votos he tenido en otras elecciones, en las cuales he sido candidata por nuestro Partido Socialista. Eso sí, nunca sabiendo el resultado antes de culminar el proceso electoral. En el año 2004, por primera fui candidata a concejala de Ñuñoa, y obtuve 8.762 votos, siendo la socialista que mayor votación ha obtenido a ese cargo en la comuna. Luego, el año 2008 me pidieron que representara a la Concertación, en la titánica tarea de recuperar nuestra comuna en manos de la derecha desde el año 1996, y decidí ir porque formaba parte de un proyecto colectivo,  obviamente no gane pero obtuve 32.279 votos siendo la socialista que mayor votación ha obtenido históricamente en Ñuñoa.

Más allá de las cifras, el tema no se trata de mí, sino de dar a conocer un diálogo tan sencillo, y que creo que a muchas y muchos compañeros le ha sucedido y para otros no les es extraño, pero refleja claramente que necesitamos un fuerte remezón, de una “revolución democrática”. Una democracia interna, donde quienes quieran ser candidatos, expongan sus ideas, sus ganas, sus convicciones, sueños y proyectos ante toda la militancia, y que no sea en una subasta privada, donde debes señalar cuantos votos tienes, para que “evalúen” la viabilidad de una candidatura. Lo anterior devela lo que muchos repudiamos y que mucho mal le ha hecho a nuestro querido partido, es decir los favores que deben pagarse, acarreos que se van a realizar,  y una serie de otras prácticas de las cuales preferimos no ahondar, pero que algunos se han dedicado a ejercerlas como un permanente oficio.

Esos son los temas que tenemos que considerar,  y parte de las prácticas que debemos cambiar si es que realmente queremos renovar la política o como más me gusta a mí, hacer una revolución democrática interna.