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Les quiero pedir que nos acompañen de pie para hacer un minuto de silencio por Manuel Gutierrez, el es un joven chileno, asesinado ayer por las fuerzas represivas en el contexto de las movilizaciones sociales por un educación pública, gratuita y de calidad, en la comuna de Macul, en Santiago de Chile.
Muchas gracias!
Ahora podemos seguir con la exposición que me corresponde.
Los últimos estudios siguen ratificando que América
Latina es el continente más desigual y que Chile, estaría dentro de los países
más desiguales del mundo. Gran parte de la población presenta una escasa
titularidad de sus derechos ciudadanos, “que en el terreno jurídico y político
se manifiesta en una desigualdad fundamental en el acceso a la justicia y una
escasa participación en las decisiones políticas, mientras que en las esferas
económica y social se traduce en disparidad de oportunidades, inestabilidad
laboral, bajos ingresos, impedimentos a la movilidad social -particularmente
para las mujeres-, desconocimiento a la diversidad étnica y cultural, e
indefensión al infortunio. De ahí que el principal desafío que enfrenta la
región durante el presente siglo es el de construir sociedades más equitativas”
(CEPAL, 2010). Dicha labor, sin duda, es la que debería movilizar todo el
quehacer profesional del Trabajador Social. El cual se ha desplazado desde la
asistencia social, a la promoción buscando una transformación social a las
injusticias que nuestro mundo vive.
En mi país Chile, usando los datos analizados por Cristóbal
Huneeus; una persona que pertenece al 10% de los hogares más pobre, llamado
decil 1, y que trabaja gana en promedio 184 dólares al mes, según los datos de
la encuesta Casen 2009. Por otra parte, una persona que pertenece al 10% más
rico, llamado decil 10, y que trabaja gana en promedio 3.273 dólares al mes. Es
decir, esta última persona gana 17,7 veces más que una persona que pertenece al
10% más pobre.
Esta desigualdad, en la diferencia de salarios entre una
persona del decil 10 y una del decil 1, es la que tanto nos debería
escandalizar. Sin embargo, esta escandalosa desigualdad de ingresos es sólo una
parte de la desigualdad que afecta a las chilenas y chilenos. Porque para este
cálculo se ha considerado sólo a las personas que trabajan. Pero la capacidad
de consumo y el bienestar de una familia dependen del total de recursos que
dispone un hogar para gastar en todos sus integrantes. Esto depende, entre
otras cosas, de cuántas personas trabajan en la familia y del tamaño de la
familia -no es lo mismo alimentar a dos hijos que a cinco o seis-. Si se toma
en consideración estos dos factores, las desigualdades son bastante
mayores.
En un hogar que pertenece al decil 1 viven en promedio 3,6
personas y trabajan en promedio 0,5 personas entre 18 y 65 años, mientras que
en un hogar que pertenece al decil 10 viven 2,8 personas y trabajan en promedio
1,7 personas entre 18 y 65 años. Es decir, para igualar la cantidad de personas
que trabajan en un hogar del 10% más rico del país necesito juntar las personas
que trabajan en 3,2 hogares del 10% más pobre.
Estas dos desigualdades, la del ingreso y la del empleo,
tomadas en conjunto muestran que la desigualdad entre los hogares chilenos es
significativamente mayor a la desigualdad del ingreso, es decir, de los que
trabajan. El promedio del ingreso laboral total -tomando en cuenta los ingresos
laborales de todos los miembros del hogar que trabajan- de un hogar que
pertenece al decil 1 es de 100 dólares al mes, mientras que para un hogar que
pertenece al decil 10 es 5.510 dólares al mes. Es decir, mirando sólo los
ingresos del trabajo, un hogar del decil 10 tiene en promedio 55,8 veces más
ingresos que un hogar que pertenece al decil 1.
Es necesario señalar que la desigualdad que se ha mostrado
aquí es menor que la desigualdad real. La evidencia de otros países muestra que
las mediciones de encuestas subestiman considerablemente el ingreso de las
personas más ricas, las cuales sólo se pueden obtener con precisión mirando sus
declaraciones de impuestos. Situación que en Chile no es posible.
La desigualdad del empleo es mayor en las mujeres que en los
hombres. Un hombre entre 18 y 65 años que pertenece al decil 10 tiene 2,4 veces
más probabilidad de trabajar que un hombre del mismo grupo etario del decil 1
en el caso de las mujeres esta diferencia es 3,6. Los hogares más pobres tienen
5 veces más probabilidad de vivir en una zona rural que un hogar más rico, los
hogares del decil 1 tienen una mayor proporción de mujeres, 59%, que los
hogares del decil 10, 49%. Los hogares más pobres tienen casi tres veces más
probabilidad de tener niños menores de 4 años que los hogares más ricos y
tienen 5 veces más probabilidad de tener a alguien discapacitado. Finalmente,
una persona del decil 1 tiene en promedio 8,7 años de educación, versus los
14,9 años de una persona del decil 10 (Huneeus, 2011).
No he querido entregar estas cifras, para marearlos y
marearlas, sino para ilustrar con la situación de mi país, la de América Latina
en general y de los países del MERCOSUR en particular. Los últimos datos del Gini
del ingreso per capita de los hogares de nuestros países, índice que permite
medir desigualdad nos muestran tristes resultados, que como Trabajadores
Sociales no solo deberían conmovernos sino que movilizarnos.
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Países
|
Índice de Gini
|
|
Bolivia
|
60
|
|
Brasil
|
56
|
|
Ecuador
|
56
|
|
Chile
|
55
|
|
Colombia
|
55
|
|
Paraguay
|
55
|
|
Perú
|
50
|
|
Argentina
|
48
|
|
Uruguay
|
45
|
Fuente:
PNUD 2010.
Movilizarnos en buscar mayor integración entre nosotros los y
las Trabajadoras Sociales para solucionar nuestros problemas en conjunto, problemas
que tienen relación con el ámbito corporativo, con la precarización de nuestros
trabajadores asistentes sociales, así como con la multiplicación de las
Escuelas de Trabajo Social con una disímil calidad en la formación.
En Chile el promedio de ingreso mensual de un Trabajador
Social corresponde aproximadamente a 1.000 dólares mientras que la mensualidad
para estudiar Trabajo Social alcanza aproximadamente los 500 dólares.
Hoy los chilenos y chilenas se han movilizado y se rebelan
contra un modelo heredado de la dictadura de Pinochet completamente clasista y
deficiente.
Las Universidades estatales chilenas, reciben un bajo aporte
del Estado en comparación con otros países, son las más caras de América Latina
y sus cuotas sólo son superadas por las Universidades de EE.UU. Con la inclusión
de las Universidades Privadas, donde los estudiantes se endeudan a 20 años para
poder estudiar, la matrícula en la educación superior ha aumentado de 250.000
alumnos de pre grado en los año 1990 a casi un millón en el año 2010. Sin
embargo, para el 10% más pobre de la población, la tasa de ingreso a la
Universidad es del 16%, mientras que el 10% más rico es del 61%.
Lo que gasta o invierte una familia en educación superior alcanza
muchas veces al 50% de sus ingresos. Basta analizar el ingreso de los Trabajadores
Sociales con el costo de la mensualidad de estudiarlo.
Como Trabajadores Sociales Latinoamericanos debemos avanzar
en socializar experiencias exitosas de ciertas políticas públicas que puedan
replicarse. Pero también avanzar en cómo enfrentar problemáticas sociales
tradicionales y emergentes tales como: brechas educacionales, problemas de
empleo, migración, equidad de género, sostenibilidad ambiental, intolerancia
frente a cualquier diversidad cultural, sexual, étnica, discriminación,
violencia, terrorismo, tortura, narcotráfico, oligarquización de la clase
política y falta de democracia real, corrupción en el espacio público, tráfico
de influencias, cohecho electoral, populismo, desigualdad territorial, reformas de los sistemas de seguridad social
para enfrentar con equidad los riesgos de enfermedad y vejez, entre otros.
Pero
hoy creo y siento que los tiempos son distintos que debemos y podemos
movilizarnos en cambiar las cosas, en buscar cambios importantes, estructurales
a como se están haciendo las cosas hace ya mucho tiempo. Hoy no queremos
administrar un modelo que reproduce desigualdad y entregarles migajas de
humanidad y compasión.
Hoy
debemos movilizarnos por un nuevo modelo de desarrollo y que mejor para ello
que hacerlo con integración regional. Hoy no nos podemos conformar con reformar
un modelo que sólo ha sido capaz de generar desigualdad, hoy debemos avanzar
hacia cambiarlo por uno que realmente permita la igualdad social, la
transformación de los actores sociales y para ello el rol del Trabajo Social es
clave y ese es el largo y difícil trabajo que hoy nos corresponde asumir. Dijimos
y escuchamos hace un tiempo que otro mundo era posible, hoy estoy segura que
debemos construir un mundo distinto.

Durante las últimas semanas
nuestra comuna de Ñuñoa ha estado en los diversos medios de comunicación
gracias a los masivos caceroleos que se han desarrollado en la Plaza Ñuñoa en
el contexto de las movilizaciones sociales por una educación pública, gratuita
y de calidad.
Los Ñuñoinos y Ñuñoinas como
miles de chilenos y chilenas han expresado su apoyo a las reivindicaciones de
este movimiento social que ya lleva más de tres meses de masivas
manifestaciones. ¿Por qué ha sido de interés de la prensa lo ocurrido en el
corazón de nuestra comuna? ¿Por qué los Ñuñoinos han salido con fuerza a
manifestarse a las calles?
A mi juicio, los medios se han
interesado por lo que ha ocurrido en Ñuñoa, porque Ñuñoa es una comuna de clase
media, ubicada en la zona oriente pero muy cercana al centro de la capital y
que genera opinión, en ella viven muchos periodistas, artistas e intelectuales.
Ñuñoa es la comuna del país que cuenta con el mayor número de profesionales en
Chile. Además Ñuñoa es una comuna con identidad, nosotros los y las ñuñoinas
nos sentimos orgullosas de serlo y somos medio chauvinistas, nos gusta vernos, que hablen de nosotros, de mostrar
nuestra identidad.
¿Por qué esta clase media
profesional tradicional sale a protestar a las calles frente a las reivindicaciones
por una mejor educación pública de calidad? Precisamente por eso mismo.
Esta comuna está constituida por
una clase media tradicional ilustrada. No es la clase media emergente de este
sistema. Sino que vendría siendo la clase media perjudicada por el sistema
económico actual. En las manifestaciones
públicas se puede ver a familias enteras abuelos y abuelas, padres, madres,
hijos e hijas.
La mayoría de sus profesionales
son hijos e hijas de padres y también madres profesionales que ven con dificultad
que sus hijos e hijas puedan alcanzar ese mismo estatus. Viven día a día el espanto y el agobio de
mantener un estatus, de pagar y endeudarse por educación, salud y consumo.
Saben que frente al empleo precario, dinámico y flexible que existe en Chile incluso
para los profesionales la vulnerabilidad está a solo un paso, y en esa
situación, cómo lograr que mis hijos e hijas sean profesionales. Se vive con
miedo a no poder responder a todos estos cobros. Es una clase media que frente
a la expansión del consumo, ha perdido poder adquisitivo y posición social. En
muchos casos les hereda a sus hijos e hijas una posición desmejorada frente a
la heredada a ellos.
Se vive con temor a enfermarse,
quedar inválido para trabajar, sufrir una enfermedad catastrófica o perder el
empleo. Se vive con temor a la jubilación y la pensión con que me corresponderá
vivir. Ojala haya podido educar a mis hijos e hijas para que se hagan cargo de
mí. Mientras mis escuálidos fondos viven las vicisitudes de los mercados
internacionales y sus turbulencias y los descuidos y abusos de los internos.
Frente a la colusión de las
farmacias, el caso La Polar y los cobros abusivos en diversos servicios
públicos observan la totalidad impunidad. Y con dificultad sacan el cálculo de
si están dentro del promedio de los 15 mil dólares per cápita anuales que hoy
alcanza el desarrollo de nuestro país.
Estamos “choreados”, sabemos que a pesar de nuestra situación somos unos
privilegiados en nuestro país, porque hay muchos y muchas que viven en condiciones
de vulnerabilidad total, de esta forma, la protesta no es sólo por mi
situación, sino también por la conciencia de la situación de desigualdad y
desprotección de derechos que hoy vivimos en Chile. Durante muchos años se dio
por hecho que era imposible hacer las cosas distintas, que las cosas cambiaran,
hoy se abre una ventana, en una de esas
resulta algo y nosotros queremos estar ahí para intentarlo, para darles a
nuestros hijos e hijas un mejor futuro.

La semana pasada en un foro un
amigo señaló “no quiero escuchar más de
la participación ciudadana que solo se reduce en entregar información o hacer
como que se escucha a las personas. Lo que nosotros queremos es decisión
ciudadana”. Efectivamente el concepto Participación Ciudadana ha sido usado
en los últimos 20 años con múltiples acepciones. Sin embargo, creo que lo que
hoy debemos hacer no es olvidar el concepto por mal empleado, vapuleado o
manoseado sino que aprender a usarlo en
forma óptima revalorizándolo con dignidad.
Participación Ciudadana debe ser
entendida como la
intervención de los particulares en actividades públicas, en tanto, portadores
de intereses sociales. Ello hace referencia
a una relación entre Estado y sociedad civil, a una acción de ésta sobre el
primero. Diferenciar el concepto de participación ciudadana de otros tipos de
participación -social, comunitaria y política- reservándolo para hacer
referencia a las formas de inclusión
de la ciudadanía en procesos decisorios, incorporando sus intereses
particulares -no individual- respecto a determinadas temáticas.
Participación Ciudadana
es decidir y no otra cosa!
Creo que nuestra
democracia debe avanzar hacia una democracia deliberativa como señala la
catedrática Adela Cortina: “la democracia deliberativa es representativa, sabe
que el mejor modelo consiste en la participación del pueblo en los asuntos
públicos a través de representantes elegidos, a los que pueden exigirse
competencia y responsabilidades. Pero exige llevar a cabo al menos cuatro
reformas: perfeccionar los mecanismos de representación para que sea auténtica,
dar mayor protagonismo a los ciudadanos, tratar de asegurar a todos al menos
mínimos económicos, sociales y políticos, y propiciar el desarrollo de una
ciudadanía activa, dispuesta a asumir con responsabilidad su protagonismo”. [i]
Pero para que ello
sea posible debemos avanzar en participación ciudadana desde dos aristas
distintas pero complementarias:
La primera, mejorando nuestro Sistema Político en cuanto a
representación de la ciudadanía, principios, valores, derechos, transparencia,
instituciones, mecanismos de elección y de decisión. Ayer con los resultados de
la encuesta CEP ha quedado en evidencia que la calidad de la política en Chile
es visualizada por la ciudadanía en forma deficiente y que urgen reformas
políticas.
Para ello es crucial contar con una carta magna legítima en su
origen, democrática en su formulación y participativa en su constitución. Por ello dentro de todos los “debes” de
nuestra anoréxica democracia deberíamos propiciar:
- Asamblea Constituyente que generé una nueva
Constitución para Chile.
- Que la participación sea un derecho constitucional.
- Iniciativa popular de ley.
- Convocatoria ciudadana a plebiscitos nacionales
- Creación del Defensor del Pueblo u Ombudsman
- Sistema Electoral proporcional.
- Primarias públicas, abiertas y vinculantes financiadas
por el Estado para selección de candidatos.
- Límite en la reelección de representantes.
- Inscripción automática en los registros electorales.
- Voto de chilenos en el extranjero
- Elección directa de Consejeros regionales e
intendentes.
- Modificar los elevados quórum constitucionales en el
proceso legislativo.
- Mejorar y transparentar el financiamiento de los
partidos políticos y las campañas electorales.
- Creación de gobiernos metropolitanos.
La segunda,
tiene relación en cómo hacemos realidad eso que hoy tenemos plasmado en una
nueva ley de Participación Ciudadana en la gestión pública (20.500) a nivel
local, donde los municipios se constituyan en verdaderos gobiernos locales y
donde la voz e incidencia de la ciudadanía esté asegurada. Así como también, la
participación en la toma de decisiones a nivel sectorial. La forma en que se
diseñen los reglamentos de esta ley determinara la posibilidad o no que está sea
realidad o solo permanezca en letra muerta.
En esa
incidencia en la toma de decisiones sobre la gestión pública no debemos dejar
de lado los grandes temas. Esos grandes temas que han tenido al país en tres
meses de movilización estudiantil, con paros, tomas, masivas marchas, inusuales
estrategias de protesta (thriller masivo, besatón, ente otras) y con un apoyo
significativo de la opinión pública a las demandas estudiantiles a pesar del
desprestigio que el gobierno y los medios de comunicación le han dado al
movimiento. Cómo participamos en la
nueva política de educación que el país necesita, cómo participamos en dotar de
mayor garantías a los consumidores abusados de casos como La Polar, cómo
creamos institucionalidad que realmente castigue a los abusadores y no un
chiste como el SERNAC financiero planteado por el gobierno, cómo creamos esa estrategia
energética que Chile hoy no tiene, cómo construimos
el nuevo modelo de desarrollo que Chile pide a gritos y logramos financiarlo.
Hoy es el
momento para sentar las bases de todo lo que queremos para un nuevo gobierno en
forma participativa, hoy es el momento para exigirle a nuestra clase política
desprestigiada su verdadero compromiso por estos cambios y para la emergencia
de nuevos líderes y de un nuevo Chile.
[i]
Cortines A, “Democracia y justa indignación”, El País, 24 de julio 2011.
En recurso presentado ante la
Contraloría
Organizaciones ciudadanas rechazan reglamentación
de Subdere
Estiman que iniciativa del gobierno
dejaría en letra muerta ley de participación de la sociedad civil.

Su tajante rechazo a la forma en que la Subsecretaría de Desarrollo
Regional (Subdere) está sugiriendo a las municipalidades reglamentar la ley de
participación ciudadana en la gestión pública, manifestaron dirigentes de
organizaciones ciudadanas que pidieron hoy la intervención de la Contraloría General de la República en este tema.
Danae Mlynarz, Nicolás Facuse, Moisés Sherman, Concejal Manuel Guerrero y Francisco
Estévez concurrieron a las 10,45 horas, a la oficina de partes de la
Contraloría, con el fin de hacer una presentación para que se evalúe la
orientación entregada recientemente por la Subdere a los municipios en materia
de participación ciudadana.
En opinión de los demandantes, dicha orientación vulnera lo
establecido en la ley 20.500, que regula la participación de los ciudadanos en
el ámbito de la gestión pública, dado
que no garantiza la obligatoriedad de los municipios de realizar plebiscitos
convocados por iniciativa popular, como estaría estipulado en este instrumento
legal.
La ley en cuestión, publicada en el Diario Oficial el 16 de febrero de
2011, requiere, para entrar en operaciones, de una serie de reglamentos
que ordenan su accionar. Entre ellos, el que debe determinar los mecanismos de funcionamiento
y elección de los Consejos Comunales de la Sociedad Civil.
Es preciso, entonces, que la Subdere elabore un documento tipo, que
funcione como criterio de orientación general. Este documento servirá de base para
que cada municipalidad haga, a su vez, su propio reglamento y lo incluya en las ordenanzas
comunales de participación ciudadana que deben estar aprobadas por ley con
fecha límite 16 de agosto de 2011.
La Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo, ya realizó el
reglamento tipo, que fue distribuido a los municipios del país, y el mismo
se encuentra en su página web. Este documento tipo, en opinión de Asesoría
Ciudadana, el programa de apoyo jurídico del Instituto Igualdad, “no mantiene el espíritu de la ley
promulgada, sino que incluso iría en contra de él”, según declararon.
Reglamento limita participación
ciudadana
Las críticas apuntan a que el reglamento, en las condiciones en que éste
aparece planteado, le quita atribuciones a los consejos de la sociedad civil,
incorpora al
Alcalde dentro de la definición de sus miembros, no plantea un proceso
transparente en la elección de los mismos, no especifica los recursos
económicos para su autonomía dentro del presupuesto municipal y deja fuera
de su primera elección
a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG).
Por tal motivo es que el asesor legal de Asesoría Ciudadana, Nicolás Facuse,
presentó dos recursos. Uno específicamente destinado a la Contraloría para que
evalué el acto mediante el cual se genera el documento tipo y su
contenido, y, al mismo tiempo, una petición de invalidación a la Subdere para
que evalué su acto administrativo.
Con esta acción se busca, según los denunciantes, “que el espíritu de la
ley no se vulnere y que la Subdere entregue un reglamento tipo conforme a
lo dispuesto en la ley, que preserve efectivamente la autonomía de estos
nuevos órganos, sus atribuciones y una elección democrática de sus miembros”.
También se intenta con el planteamiento ante la Contraloría que la falla se
corrija antes de que sea necesario analizar cada reglamento comunal por
separado. E informar adecuadamente a los Alcaldes y Concejales que el
reglamento entregado por la Subdere no cumple con los estándares
requeridos y, por tanto, no seria óptimo basarse en él.
Por su parte, el Círculo de Políticas Participativas, instancia dirigida por el ex Director de la División de Organizaciones Sociales (DOS), durante el
gobierno de Michelle Bachelet, Francisco Estévez, presentó un reglamento
alternativo que, a su juicio, “mantiene el espíritu de la ley y entrega directrices
correctas a los municipios”.

La ciudadanía es un concepto construido en la
ciudad. El ciudadano era, antes que nada, el habitante de “derecho” de la
ciudad[1]. Por eso parece clave que en un seminario sobre
Ciudad y valores hablemos de la ciudadanía y en ese sentido revisemos alguno de
los denominados derechos urbanos que poco se han trabajado en nuestro país.
La ciudadanía hoy supera a los habitantes de
las ciudades y en términos amplios se la concibe como el poder influir, decidir
sobre distintos aspectos de interés público que las personas tienen
frente al Estado, en su calidad de miembros de la comunidad nacional.
Variados autores distinguen entre una ciudadanía pasiva, aquella
ciudadanía formal, consagrada legalmente que supone sujetos de derechos
protegidos por el Estado, y una ciudadanía activa, que requiere la existencia
de sujetos políticos capaces de hacer exigibles sus derechos, de realizar
prácticas autónomas, deliberantes y participativas.
Al Estado,
le corresponde el rendir cuentas (accountability) y abrir los espacios
estableciendo mecanismos para que la ciudadanía activa pueda desarrollarse y a
la sociedad civil, le corresponde
la responsabilidad de ejercer control
ciudadano y desarrollar ciudadanía activa.
La ciudadanía dice relación con el
fortalecimiento de las capacidades ciudadanas para actuar en el debate, gestión
y fiscalización de la acción pública, con autonomía y poder.
Borja nos señala, en
relación a los derechos ciudadanos a nivel local que en la medida que nos encontramos ante
problemáticas nuevas se requiere también una cultura política nueva que
construya un discurso que proporcione legitimidad y coherencia a los gobiernos
locales y a los movimientos cívicos. Si no es así, se corre el riesgo de
acentuar la fragmentación territorial y sociocultural, de dar una imagen
anacrónica o corporativa de las iniciativas cívicas y de depender únicamente de
cómo se resuelvan en cada caso las políticas públicas del sistema institucional
establecido.
El
cambio económico, político y cultural que estamos viviendo es muy desigual. Los
procesos económicos -productivos y financieros- y tecnológicos van mucho más
rápido que los políticos y culturales. Y en muchos aspectos las desigualdades
sociales aumentan. Es preciso un cambio político, orientado por valores básicos
universales, que concrete nuevos derechos y deberes, para responder a la vez a
viejas y nuevas desigualdades y exclusiones. No hay procesos de cambio sin un
previo proceso de lucha por la legitimación y concreción de nuevos derechos.
Hoy estamos, nuevamente, en el inicio de una era de derechos ciudadanos, como
se ha dado regularmente desde el siglo XVIII. Cada siglo tiene su revolución
por hacer, la nuestra es contra la globalización oligárquica y por la
democracia ciudadana.
El
desarrollo y la legitimación de estos derechos dependerán de un triple proceso:
-
Un proceso
cultural, de hegemonía de los valores que están en la base de estos derechos y
de explicitación o especificación de los mismos.
-
Un proceso
social, de movilización ciudadana para conseguir su legalización y la creación
de los mecanismos y procedimientos que los hagan efectivos.
-
Un proceso
político-institucional para formalizarlos, consolidarlos y desarrollar las
políticas para hacerlos efectivos.[2]
En Chile no se ha avanzado mucho en estos
nuevos derechos ciudadanos, aunque si hemos sido testigos de nacientes
movimientos barriales, vecinales o comunales que han expresado estas nuevas
demandas y derechos, que van desde la protesta por la instalación de una antena
de celular, la edificación de un mall,
la denominada “masacre urbana” de la comuna de Ñuñoa por un plan regulador que
resguarde la calidad de vida de barrio, el cuidado del patrimonio social y
cultural del barrio Yungay, la oposición contra la construcción de una cárcel o
un vertedero.
Agrupando estas diversas demandas el año 2005
la coordinadora pro Derechos Urbanos definió los siguientes derechos a
establecer en los diversos territorios[3]
de nuestro país:
- La permanencia en el mismo barrio,
sector o comuna cuando existan intervenciones urbanas.
- La participación ciudadana en el
diseño, desarrollo, aplicación y gestión en las políticas e intervenciones
urbanas. Este derecho debe ser promovido por el Estado en forma temprana, en
todas sus etapas, financiado y vinculante.
- Disfrutar de un espacio público bello,
útil al encuentro social, accesible y seguro.
- Acceder a la información pública
respecto del diseño, desarrollo, gestión y aplicación en las políticas públicas
e intervenciones urbanas.
- Desplazarse en forma segura y sin
obstáculo.
- Acceder fácilmente al equipamiento
comunitario, comercial, cultural, local, comunal.
- Vivir y desarrollarse en un medio
ambiente respetuoso de sus elementos urbanos, sociales, culturales y naturales.
Este derecho incluye la obligación de ponderar y priorizar adecuadamente la
rentabilidad social, cultural y ambiental de un proyecto o regulación.
- La cercanía espacial al equipamiento,
servicios e infraestructura urbana.
- La belleza urbana.
- La vivienda participativa e integrada
socialmente.
- La identidad barrial.
Dentro de estos
derechos me voy a detener en uno en específico, que es el derecho a la
participación ciudadana.
El poder local o municipal, como
parte integrante de la estructura nacional, es el nivel de gobierno más próximo
a los ciudadanos y por lo tanto, el que se encuentra en mejor posición para
involucrarlos en el proceso de toma de decisiones, en lo que concierne a sus
condiciones de vida, y también para hacer uso de sus conocimientos y
experiencias en el fomento del desarrollo. De esta forma, se reconoce que “el
municipio, por sus características de tamaño y por tanto, su proximidad a la
ciudadanía, posee las condiciones básicas para el espacio democrático del poder
público”.[4]
Es así es como se vincula la
participación social y el proceso de descentralización, a través del municipio
como instancia que permite a la comunidad incidir en el diseño, ejecución y
evaluación de la gestión pública.
El Estado de Chile en junio de 2009
suscribe la Carta Iberoamericana de Participación Ciudadana en la Gestión
Pública. Mientras se tramitaba en el congreso nacional una ley al respecto. A
partir de este año 2011 la participación en la gestión pública en Chile es un
derecho. Gracias a la promulgación el 16 de febrero de
2011 de la “Ley sobre Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión
Pública” situación poco difundida desde el gobierno como desde los medios de
comunicación. El origen de esta ley es un mensaje del ejecutivo del año 2004 bajo el
gobierno de Ricardo Lagos, proyecto que tuvo una larga tramitación que incluyó
todo el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet.
La forma en que
esta ley puede tener una expresión real en el espacio local, es a través de la
reactualización que los municipios y los Concejos Municipales hagan a sus
Ordenanzas de Participación Ciudadana Comunal, la ley faculta para que a través
de ellas incluso se incluyan los presupuestos participativos.
Hoy es el momento
para que nosotros los vecinos y vecinas exijamos que nuestros municipios tengan
instancias de participación real. Dónde los vecinos y vecinas podamos incidir
en la toma de decisiones sobre los aspectos que nos afectan directamente. Ya no
hay excusas de falta de atribuciones de los gobiernos locales para ello, sólo
se requiere voluntad política de entender que la mejor política pública es la
que se hace con las personas afectadas, con los ciudadanos y ciudadanas que
habitan esos territorios.
Por ejemplo la ley avanza en facilitar el desarrollo de plebiscitos comunales, se
amplían los casos en los cuales el Alcalde debe convocar a plebiscito comunal,
con acuerdo del Concejo, a requerimiento de los dos tercios de los integrantes
en ejercicio del mismo y a solicitud de dos tercios de los integrantes en
ejercicio del Consejo Comunal de Organizaciones de la Sociedad Civil, instancia
que reemplazará a los antiguos CESCOS, ratificada por los dos tercios de los
concejales en ejercicio; o por iniciativa del 5% de los ciudadanos
inscritos en los registros electorales de la comuna en relación a las materias
de administración local relativas a inversiones específicas de desarrollo
comunal, la aprobación o modificación del PLADECO, la modificación del Plan
Regulador Comunal u otras de interés para la comunidad local. Sería interesante
entonces, que las ordenanzas municipales de Participación incluyeran un ítem
que haga referencia al proceso de información y propaganda de las diversas
alternativas planteadas por el plebiscito. Para que todas las partes estén en
igualdad de condiciones de informar a la comunidad sobre sus planteamientos,
con recursos económicos para desarrollar una campaña informativa a costo del
presupuesto municipal, que motive que más del 50% del padrón comunal vaya a
votar y el plebiscito tenga carácter de vinculante.
Otras materias a contener en las ordenanzas tiene
relación con:
-
Mejorar las instancias de Audiencias
Públicas, donde las autoridades comunales no vayan solo a “escuchar” a los vecinos y vecinas, sino también a entregar
información, explicaciones y a buscar soluciones.
-
Establecer Cabildos temáticos y territoriales
comunales con periodicidad y sistematización de los aspectos abordados.
-
Generar mesas barriales para avanzar en forma
mancomunada en diversas temáticas con asistencia técnica.
-
Fondos concursables que privilegien
diagnóstico y gestión participativa en forma transparente y dotando de
autonomía a las organizaciones y no reproduciendo el clientelismo tradicional.
-
La inclusión de Defensorías Comunales que tengan como objetivo velar por el
cumplimiento y la vigencia de los derechos y garantías de las personas, la
adecuada prestación de los servicios públicos, la promoción de los derechos
humanos y el acceso a la justicia.
-
La definición de los mecanismos de participación
en el proceso de diseño de los Planes de Desarrollo Comunal y de Planes
Reguladores Comunales, así como también de otras definiciones sustantivas a
nivel local.
Las personas, los
ciudadanos y ciudadanas tenemos múltiples funciones que desarrollar por eso que
el espacio para la participación tiene que ser limitado y útil. No se espera
que las personas vivan para participar pero sí, que cuando lo hagan sientan que
valió la pena hacerlo y para que eso sea así, la participación debe tener
relación con los aspectos que a los ciudadanos y ciudadanas nos interesan y la
opinión de las personas debe ser considerada, es decir, debe existir una
verdadera incidencia. Estos dos aspectos son sustantivos a la hora de crear los
mecanismos de participación ciudadana que se incluirán en las ordenanzas.
Esperemos que nuestros representantes a nivel local lo entiendan así y se abran
a la Participación!
* Ponencia
en VI Foro Internacional Ciudad y Valores, Maipú 14 de julio de 2011.
[1]
Goméz Leyton Juan Carlos, “Política, democracia y ciudadanía en una sociedad
neoliberal (Chile: 1990-2010)”, Editorial Arcis, Santiago 2010, pp 211.
[2]
Borja J, “Los Nuevos Derechos Ciudadanos”, mayo 2000.
[3] http://www.ciudadviva.cl/sitio/index.php?option=com_content&view=article&id=335&Itemid=96
[4]
Pozo H, “La reforma municipal: propuestas, problemas y perspectivas”, FLACSO
1990.

Este postgrado tiene por objetivo formar
especialistas capaces de fundamentar y elaborar propuestas efectivas de acción
en el ámbito de la intervención social, contribuyendo al desarrollo de la
investigación aplicada y la reflexión en este campo.
Frente a esta temática emergen tres reflexiones desde distintos
ámbitos de mi vida profesional y laboral que me gustaría compartir con ustedes.
El primero, viene un poco desde el deber ser a la cruda realidad, o desde la
academia a la práctica real.
A mí me enseñaron en la universidad que toda política pública es
construida desde el saber por qué los recursos son escasos, entonces hay que
actuar con eficiencia. Para ello existen una serie de pasos previos a su
implementación: como la realización de un diagnóstico acabado de la realidad,
consultando a los actores involucrados, dando cuenta de datos cuantitativos y
cualitativos, construyendo líneas de base para comparar con posterioridad.
Luego la fase de diseño donde construimos en virtud de la fase de
diagnóstico objetivos claros, líneas de acción, indicadores y medios de
verificación, también nos vinculamos con los actores involucrados desde los
beneficiarios hasta los implementadores para hacer un diseño lo más completo
posible y obviamente, nuestra política cuenta con todos los recursos económicos
asignados para operar con fluidez y una planificación de los tiempos
comprometidos para lograr resultados e impactos adecuados.
Posteriormente, viene la fase de implementación con un proceso de
inducción a los ejecutores para capacitarlos sobre todos los aspectos del
programa u proyecto en sus diversos niveles. Evaluaciones de gestión mientras
se ejecuta y se van visualizando sus resultados y finalmente una evaluación de
impacto dónde yo tengo plena conciencia si la política pública implementada
cumple con el cambio de la realidad objetiva propuesta.
Yo quería trabajar en eso. En alguna fase, en alguna parte del proceso.
Pero yo quería trabajar en políticas públicas para transformar la realidad
social con claridad de hacia dónde íbamos. Es decir, con los pasos y la
rigurosidad del método pero también con la claridad política de qué es lo
quería lograr. Cuál es el sueño de transformación social que yo voy a ser
realidad por medio de estos instrumentos.
Cuando logré desde distintos lugares trabajar en políticas públicas,
específicamente, en políticas sociales ya sea implementado un programa en un
municipio, realizando investigaciones desde centros de estudios, como jefa de
Estudios de la Secretaria de Planificación de la Región Metropolitana, como
concejala de una comuna de la zona oriente de Santiago, como asesora de la
ministra de MIDEPLAN y como asesora de la Presidenta Michelle Bachelet me di
cuenta que la realidad era otra.
Que muchos de esos pasos no se hacían, que a veces no existía un
diseño, ni un diagnóstico, ni línea base. Que a veces los programas no contaban
con los recursos adecuados, que las decisiones de cómo seguir se tomaban a puro
olfato o considerando variables económicas más que cualquier otra. Que la
participación en las decisiones de beneficiarios e implementadores era escasa o
nula, y a mi juicio, lo más terrible, muchas veces no estaba claro qué es lo
que quería cambiar, cuál era el sueño de transformación social con esa política
pública.
Pero que a pesar de eso las cosas funcionaban. Se hacían. Y para
sortear esa falta de método había que aprender otras habilidades e ir luchando
para obtener más orden, sistematización, análisis y construcción de imagen
objetivo.
Entre paréntesis no creo que con la Nueva Forma de Gobernar las cosas
hayan cambiado. Es más estoy segura de ello.
Lo que quiero plantear con esto es que si bien en los últimos 20 años
se avanzó en planificación social en relación al periodo inmediatamente
anterior, y se estableció un sistema de evaluación y de diseño de políticas
públicas tanto desde el Ministerio de Hacienda, específicamente, la Dirección
de Presupuesto donde se exige una planificación, una evaluación y se justifica
cada gasto de recursos la variable principal a considerar es económica. Evaluación
comprensiva del gasto. Como desde el Ministerio de Planificación con el Sistema
Integral de inversiones.
No se avanzó con igual rigurosidad y recursos económicos involucrados
en mejorar la calidad de nuestras
políticas públicas. Lo que sin duda sería posible con más Ciencias Sociales
y con más Política, con más investigación, sistematización, análisis e
involucramiento de diversos actores. Quiero dejar súper claro, no lo veo solo
desde una perspectiva tecnocrática de ir cumpliendo pasos en orden, y aplicar
recetas sino que desde una perspectiva Política estratégica y Social.
Para mejorar efectivamente nuestras políticas públicas tenemos que
romper con la lógica de la supremacía absoluta, hegemónica diría incluso, de
las variables económicas o de las ciencias económicas y avanzar en contraponer,
sumar y evaluar desde perspectivas sociales y políticas.
Para ello el cambio debe venir no sólo de la superestructura
diseñadora de grandes políticas que muchas veces vemos como algo lejano y sin
rostro, sino que también a nivel de los implementadores, ejecutores y
diseñadores de proyectos sociales. En los niveles de jefatura pero también en
los niveles técnicos y profesionales.
Segundo, en la Universidad hago clases de dos ramos al mismo curso: Desarrollo
Social y Políticas Públicas e Investigación Social a estudiantes de Trabajo
Social de tercer año. Al comenzar el año partimos conversando sobre las
expectativas de los ramos y me quedó la sensación que al de Políticas Públicas
lo veían como algo lejano, demasiado macro y no asumían que muchas y muchos de
ellos podrían terminar trabajando implementando una política pública y mucho
menos pensar en diseñarlas o decidir sobre ellas.
En cuanto a investigación social lo veían con cierto temor y solo como
un paso necesario para elaborar su tesis de grado pero no como un contenido
útil para el ejercicio profesional.
Comenzamos el semestre entonces rompiendo esas sensaciones y
explicando la gran coherencia que debería existir entre políticas públicas e investigación
social y lo necesario que ambos ramos son para el ejercicio profesional del
Trabajador Social.
Un profesional que muchas veces ejecuta, implementa, pero no por ello
no es altamente necesario que conozca el contexto, el modelo, el sustrato de la
política que ejecuta y que también tenga elementos para evaluar y sistematizar
que ese trabajo que desarrolla esta sirviendo o no para modificar la realidad
social.
Nadie puede intervenir
profesionalmente sobre una realidad social que no conoce y sin un sueño de
transformación que busca o anhela.
Para de esa forma, no sólo mejorar su propio ejercicio profesional,
sino para que tenga elementos para “pararse” dentro de los cientistas sociales
de igual a igual y entregar elementos para la toma de decisiones con respecto a
la política pública con argumentos y datos.
Me parece clave que ustedes hayan querido complementar su educación
superior desde este postgrado que combina precisamente ambas áreas.
Tercero, tiene relación
con la claridad con respecto a ese cambio social, a la transformación o sueño que
como profesionales queremos desarrollar desde cualquier espacio en el cual
estemos situados. Para mi está fuertemente relacionado con la lucha por la
desigualdad social y la mayor participación ciudadana en la toma de decisiones.
Los últimos estudios siguen
ratificando que América Latina es el continente más desigual y que Chile,
estaría dentro de los países más desiguales del mundo. Gran parte de la
población presenta una escasa titularidad de sus derechos ciudadanos, “que en
el terreno jurídico y político se manifiesta en una desigualdad fundamental en
el acceso a la justicia y una escasa participación en las decisiones políticas,
mientras que en las esferas económica y social se traduce en disparidad de
oportunidades, inestabilidad laboral, bajos ingresos, impedimentos a la
movilidad social -particularmente para las mujeres-, desconocimiento a la
diversidad étnica y cultural, e indefensión al infortunio. De ahí que el
principal desafío que enfrenta la región durante el presente siglo es el de
construir sociedades más equitativas” (CEPAL, 2010). Dicha labor, sin duda, es
la que debería movilizar todo el quehacer profesional del Trabajador Social. El
cual se ha desplazado desde la asistencia social, a la promoción buscando una
transformación social a las injusticias que nuestro mundo vive.
Hoy hablamos y escuchamos de la
necesidad de establecer un Estado Social de Derechos Garantizados, que
significa avanzar en “garantías a los derechos de equidad dirigidos a lograr
una ciudadanía extendida en la que, además del respeto a los derechos civiles y
políticos, los ciudadanos puedan gozar de sus derechos económicos, sociales y
culturales” (CEPAL, 2010). La tesis que adquiere relieve bajo estas posiciones
es que para constituirse en miembros plenos de una sociedad, no basta con que a
los ciudadanos se les reconozcan derechos sociales sino que es preciso que
cumplan obligaciones comunes. Así comienza a ser fuertemente tematizada
la cuestión de los deberes sociales y,
en particular, la relativa al rol que cabe en este proceso de construcción de
ciudadanía a otros agentes sociales distintos a la burocracia estatal, es
decir, a las familias y a la comunidad, a la sociedad civil.(Cunil en Ziccardi,
2004).
E. Jelin, señala “el concepto de
ciudadanía hace referencia a una práctica conflictiva vinculada al poder, que
refleja las luchas acerca de quiénes
podrán decidir qué en
el proceso de definir cuáles son
los problemas comunes y cómo serán
abordados.
La ciudadanía como los derechos están
siempre en proceso de construcción y cambio. Y siempre deberíamos ir avanzando
en ellos, fruto de nuestras luchas sociales. Una sociedad no debería tender a
perder derechos, eso sin duda refleja un retroceso que no deberíamos permitir.
Como observamos en las recientes manifestaciones en Francia, Gran Bretaña y
últimamente, en España con las acampadas en la Puerta del Sol de los
Indignados, o en el proyecto del post natal del gobierno que buscaba un trueque
de derechos –te doy 12 semanas más pero te acorto el fuero y le pongo tope al
subsidio- donde se pretenden suprimir ciertos derechos sociales adquiridos.
La ciudadanía, cuyo derecho básico se
expresa como “el derecho a tener derechos”, es entonces más que un estatuto de
derechos y responsabilidades, un conjunto de prácticas de participación civil,
social y política en que diversos sujetos políticos instalan sus preocupaciones
en la agenda pública (Marques-Pereira, 1997).
Diversos autores distinguen entre
una ciudadanía pasiva,
aquella ciudadanía formal, consagrada legalmente que supone sujetos de derechos
protegidos por el Estado, y una ciudadanía
activa, que requiere la existencia de sujetos políticos capaces de hacer
exigibles sus derechos, de realizar prácticas autónomas, deliberantes y
participativas. Hoy la crisis de la democracia que observamos, es de ciudadanos
reclamando y exigiendo más democracia, más espacios para deliberar para
vincularse con lo público, lo político.
Al Estado le corresponde
la noción de rendir cuentas (accountability)
y a la sociedad civil la
responsabilidad de ejercer control
ciudadano y desarrollar ciudadanía activa.
Ello significa que el Estado tiene
una responsabilidad ante la ciudadanía y ésta a su vez, tiene como tarea exigir
en conciencia el “derecho a tener derechos” y el cumplimiento de los
compromisos sociales de los gobiernos en las materias correspondientes.
La ciudadanía dice relación con
el fortalecimiento de las
capacidades ciudadanas para actuar en el debate, gestión y fiscalización de la
acción pública, con autonomía y poder.
Con la recuperación de la democracia
durante la década de los 90 se estableció la plena imposición de las
instituciones republicanas con el sistema de garantías que las caracterizan,
afortunadamente se fueron erradicando las formas políticas más represivas y
autoritarias que habían caracterizado al período anterior.
No obstante, pronto se vio que ello
no era suficiente -aunque necesario- para un pleno involucramiento del conjunto
de la ciudadanía en las principales decisiones políticas. Abstención
electoral, apatía, indiferencia por los asuntos públicos, pusieron de
manifiesto que el importante paso dado para el regreso de la democracia y los
derechos humanos no modificaban automáticamente estas actitudes.
Como dice Tony Judt en su último
texto “Algo va mal”, “es la distancia entre la naturaleza intrínsecamente ética
de la toma de decisiones públicas y el carácter utilitario del debate político
contemporáneo lo que explica la falta de confianza en los políticos y en la
política”.
Se instala así el discurso de la
participación que, es formulado desde muy diferentes posiciones. Por lo
tanto, en virtud de un elemental rigor conceptual es necesario aclarar, cuando
se apela a la participación, el sentido que se está atribuyendo a esta
convocatoria.
A mi juicio, es la intervención de los particulares en actividades públicas, en tanto,
portadores de intereses sociales. Ello hace referencia a una relación entre
Estado y sociedad civil, a una acción de ésta sobre el primero.
Diferenciar el concepto de participación
ciudadana de otros tipos de participación -social, comunitaria y política-
reservándolo para hacer referencia a las formas de inclusión de la ciudadanía en procesos decisorios, incorporando
sus intereses particulares -no individual- respecto a determinadas
temáticas.
En el campo de las políticas sociales
esta forma de inclusión de la ciudadanía parece particularmente necesaria para
otorgar eficacia a una acción social del Estado que suele estar confinada al
ámbito de lo estatal y no de lo público. La idea central es que incluyendo
a la ciudadanía en los procesos de diseño y adopción de políticas sociales y
con reglas de actuación de los diferentes actores previamente definidas se
pueden obtener mejores resultados que permitan avanzar en el camino de
construir ciudadanía (Ziccardi, 2004).
El rol del Trabajador Social en su
acción profesional debería incluir una concepción de la participación mediante
la cual de lo que se trata es construir
ciudadanía, promover el
protagonismo autónomo de la sociedad civil, todo ello en un horizonte
de transformaciones que conciban
un tipo de sociedad muy diferente a la actual (Portillo
en Zicardi, 2004).
La cultura hegemónica hoy expresada
esencialmente a través del conjunto de dispositivos más mediáticos, alienta y
consolida determinados valores y concepciones básicamente dirigidas al
aislamiento individual, el consumo incontenible y la competencia, elevando a
categoría absoluta la realidad del mercado como la medida de todo lo humano.
Una alternativa que se proponga profundizar la democracia y recuperar un
activo papel al servicio de la justicia social, reclama cambios institucionales muy
importantes tanto en lo que hace a las estructuras de las instituciones como en
lo relativo a su dinámica (Portillo, 2004). Y ese también es un trabajo pendiente
en el cual debemos enfocar nuestra acción y luchas.
El control social es “un tipo de participación ciudadana
orientada al control, vigilancia y
evaluación por parte de personas y/u organizaciones sobre programas
y acciones gubernamentales, que promueve una rendición de cuentas
vertical/transversal”. (Hevia, 2005).
Como forma de participación
ciudadana, puesto que busca que los ciudadanos -organizados o no- puedan
incidir en la esfera pública, ya sea formalmente, por medio de su inclusión en
comités de obra, órganos colegiados, etc. o indirectamente, por medio de la
activación de los sistemas de quejas y denuncias. Los ciudadanos deberíamos
luchar por ampliar estos espacios y es un rol preponderante del Trabajo Social
empoderar a los ciudadanos con respecto a cómo lograr avanzar en esos espacios,
partiendo por dar a conocer nuestra reciente ley de Acceso a la Información
Pública y la de Participación ciudadana en la gestión pública para que logre
ser más que el enunciado de un nuevo derecho.
En resumen, podemos señalar que en un
contexto de cambio en la orientación de la política pública. Con una sociedad
fuertemente fragmentada y desigual, donde nuestro objetivo es generar una
transformación social que genere mayor justicia social. Nuestra labor
profesional debe avanzar en construcción de ciudadanía de nuestros sujetos de
atención social, “es fundamental ampliar el espacio público frente a las
fuerzas centrífugas que hoy tiene el espacio privado, de manera de crear más sociedad” (CEPAL, 2010).
¿Crear más sociedad para qué? Para
crear un país con mayor justicia social, no podemos quedar indiferentes ante
tanta injusticia, abuso y desigualdad! tenemos que tener un objetivo político y
tenemos que tener la convicción que las cosas no están dadas, no son
irreversibles, si podemos hacer algo por cambiarlas y tenemos la
responsabilidad para hacerlo. Los avances de la humanidad en derechos humanos
que se dieron durante el siglo xx con posterioridad a la segunda guerra mundial
han sufrido en los últimos años un deterioro feroz. Los derechos impulsados por
los Estados de Bienestar hoy se encuentran en cuestión y el orden del derecho
internacional no es respetado y a nadie parece importarle. Que pasa en
Guantánamo donde se legitima la tortura, que pasó con la condena internacional
frente al asesinato de Bin Laden sin un juicio justo. Nosotros podemos y
debemos hacer algo. Y en nuestro ejercicio profesional debemos optar entre
VIVIR y pasar.
- * Conferencia
dictada en la Universidad del Biobio en la inauguración del año académico del
Magíster en Intervención Social el viernes 27 de mayo de 2011.
- CEPAL, “60 años de la CEPAL”, compilador Ricardo
Bielschowsky, CEPAL 2010.
- Jelin
E, “La construcción de la ciudadanía: entre la solidaridad y la
responsabilidad”, en Jelin y Herschberg, Construir la democracia:
derechos humanos, ciudadanía y sociedad en América Latina, Venezuela,
editorial Nueva Sociedad 1996.
- Judt
T, 2Algo va mal”, Taurus, México 2010, 172.
- Marques-Pereira
B, “Los derechos reproductivos como derechos ciudadanos”, ediciones de las
mujeres nº25, Santiago: ISIS Internacional 1997.
- Hevia
F, “La Contraloría Social Mexicana. Acciones de participación
ciudadana para la rendición de cuentas”, 2005.
- Ziccardi
A, “Participación Ciudadana”, México 2004.

El 16 de febrero de 2011 fue
promulgada la “Ley sobre Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública”
situación poco difundida desde el gobierno como desde los medios de
comunicación. Hecho que a esta altura, no sé si llama la atención, pero al
menos molesta. Tanto por la temática que involucra la norma, que debería ser
conocida y reconocida por todas y todos los chilenos para hacer uso de estas
herramientas de participación ciudadana, como por todo lo que aún queda por
hacer, en relación a que esta norma sea efectiva y no se quede sólo en un
enunciado. El hecho es que hoy por ley, la participación ciudadana en la
gestión pública está enunciada pero no se encuentra garantizada para
nadie.
Es un avance es cierto. Antes de
febrero teníamos mucho menos. Pero si queremos que esta norma sea efectiva, se
implemente y avancemos es necesario un involucramiento de la sociedad civil, de
las propias organizaciones ciudadanas para fiscalizar, presionar, promover y
difundir su cumplimiento.
Cuando hablamos de participación
ciudadana debemos avanzar de un nivel meramente informativo y consultivo a establecer
la posibilidad de incidir en la toma de decisiones. Que las personas que
participamos no sintamos que hemos perdido nuestro tiempo en pensar en el interés
público sino que nuestro tiempo y nuestra opinión sean consideradas. Que
participar sea una oportunidad más que un costo.
Primero, no nos podemos olvidar de la
lenta y tortuosa aprobación de esta ley en el Congreso. Tuvo aproximadamente
seis años de tramitación donde sufrió una serie de cambios en relación al
proyecto original, ingresado durante el gobierno del Presidente Lagos, gracias
al trabajo de un Consejo para el fortalecimiento de la sociedad civil que
participó en su diseño original.
Segundo, para fomentar el
involucramiento de la sociedad civil en la implementación y avances de esta
normativa es necesario conocerla, al respecto se puede señalar en términos
generales que esta normativa contempla:
ü
Reconoce un conjunto de principios y normas generales. En cuanto
al derecho de asociación, el fomento del asociativismo y la autonomía de las
organizaciones frente al Estado. Así como facilita el modo en que éstas se
constituyen formalmente.
ü
Crea un Registro Nacional de Personas Jurídicas sin fines de Lucro.
El nuevo régimen asociativo está concebido en forma descentralizada, radicando
en las municipalidades la constitución de toda asociación con personalidad
jurídica, estableciendo en el Servicio de Registro Civil e Identificación el
registro público único de los principales actos de la vida civil de las
organizaciones y manteniendo en el Ministerio de Justicia atribuciones de
fiscalización.
ü
Establece el estatus de Organizaciones de Interés Público en
concordancia con la práctica internacional. Organizaciones que buscan el
interés general.
ü
Fija la existencia de un Fondo al que las Organizaciones de Interés
Público podrán acceder bajo condiciones de transparencia e igualdad.
ü
Reconoce normas sobre el Voluntariado y sus organizaciones.
ü
Introduce el principio de Participación Ciudadana en la Gestión Pública
en la Ley Nº 18.575 de Bases Generales de la Administración del Estado y un
Título especial que concreta algunas formas de dicha participación en los
órganos del Estado, a través de normas generales destinadas a ese propósito, el
ejercicio del derecho a la información ya existente con la ley de información
pública, la práctica de Cuentas Públicas anuales donde se debe dar respuestas a
inquietudes ciudadanas sobre éstas y la creación de Consejos Consultivos de
Organizaciones de la Sociedad Civil aunque no señala cómo se determinará a los
representantes de las organizaciones. Deja abierta la forma cómo cada servicio
hará efectivo este enunciado de Participación Ciudadana en la Gestión Pública
no abordando la participación en la toma de decisiones.
ü
Modifica aspectos de la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades,
introduciendo Consejos Comunales de Organizaciones de la Sociedad Civil en
reemplazo de los CESCOS (antiguos Consejos Económicos y Sociales Comunales)
donde sus representantes serán electos por las organizaciones de interés
público de la comuna y no por el Alcalde. La cantidad de consejeros no podrá
ser inferior al doble ni superior al triple de los concejales en ejercicio de
cada comuna. Un reglamento sometido por el Alcalde al Concejo Municipal
determinará la integración, organización, competencia y funcionamiento de éste
Consejo. Así como la forma de autoconvocarse cuando al menos un tercio de sus
participantes así lo decida. La ley le entrega a estos Consejos las siguientes
funciones que ya tenían los CESCOS:
- Informar
sobre presupuesto de inversión anual, plan comunal de desarrollo (PLADECO) y
modificaciones al Plan Regulador Comunal.
- Pronunciarse
en el mes de marzo de cada año, sobre la Cuenta Pública del Alcalde, cobertura
y eficiencia de los servicios municipales.
- Interponer
recursos de reclamación.
Además,
agrega las siguientes nuevas funciones:
- Deberá
pronunciarse anualmente sobre las materias de relevancia comunal que hayan sido
establecidas por el Concejo Municipal.
- Los
consejeros deberán informar a sus respectivas organizaciones con debida
anticipación para recibir consultas y opiniones, acerca de la propuesta de
presupuesto, del plan comunal de desarrollo, las modificaciones al plan
regulador comunal y cualquier materia relevante que les haya presentado el
Alcalde o el Concejo.
ü
Amplía las materias pertinentes a considerar por cada Municipio en
las ordenanzas de Participación Ciudadana incluyendo la posibilidad de
presupuestos participativos.
ü
Facilita el desarrollo de plebiscitos comunales, se amplían los
casos en los cuales el Alcalde debe convocar a plebiscito comunal, con acuerdo
del Concejo, a requerimiento de los dos tercios de los integrantes en ejercicio
del mismo y a solicitud de dos tercios de los integrantes en ejercicio del
Consejo Comunal de Organizaciones de la Sociedad Civil, ratificada por los dos
tercios de los concejales en ejercicio;
o por iniciativa del 5% de los ciudadanos inscritos en los registros
electorales de la comuna en relación a las materias de administración local
relativas a inversiones específicas de desarrollo comunal, la aprobación o
modificación del PLADECO, la modificación del Plan Regulador Comunal u otras de
interés para la comunidad local.
ü Se
reconoce a toda organización y, en especial, a las organizaciones comunitarias
regidas por la Ley Nº 19.418 sobre Juntas de Vecinos y demás Organizaciones
Comunitarias el derecho a federarse y
confederarse en los niveles regional y
nacional.
ü Se establece que el Concejo Municipal debe cuidar que el
reglamento que genera modalidades de postulación e implementación del Fondo de
Desarrollo Vecinal (FONDEVE) no discrimine a las organizaciones que postulan a
él y que la asignación sea transparente.
Para que muchas de estas herramientas entren en funcionamiento es
necesario que se establezcan los reglamentos y se elijan los representantes,
algunas responsabilidades son del poder central, otras del nivel regional y
otras del municipal. Pero para que efectivamente la instalación de este proceso
se desarrolle en los tiempos establecidos (un año desde su promulgación) y con
la calidad requerida para avanzar en una participación ciudadana que no sea
meramente informativa o consultiva, es necesario que las organizaciones
sociales, hoy denominadas de Interés Público tengan un activo rol.
Avanzando
en una ciudadanía activa que ponga junto a los derechos, la
noción de responsabilidad que los ciudadanos tienen con la
comunidad política a la que pertenecen. Esta ciudadanía activa se expresa en
distintos niveles, “a nivel individual, como participación; a nivel social como
responsabilidad, solidaridad, cooperación en la esfera público-social; a nivel
político, como exigencias de fiscalización y rendición de cuentas de lo
público-político” (Vargas, 2000). Se trata de una ciudadanía que va más allá
del interés personal y se suma al interés colectivo a partir del sentido de
justicia y de responsabilidad.
La
ciudadanía dice relación con el fortalecimiento de las capacidades ciudadanas
para actuar en el debate, gestión y fiscalización de la acción pública, con
autonomía y poder.
En el campo de las políticas públicas donde hoy tenemos un derecho
enunciado al menos, esta forma de inclusión de la ciudadanía parece
particularmente necesaria para otorgar eficacia a una acción social del Estado
que suele estar confinada al ámbito de lo estatal y no de lo público. La
idea central es que incluyendo a la ciudadanía en los procesos de diseño y
adopción de políticas sociales y con reglas de actuación de los diferentes
actores previamente definidas se pueden obtener mejores resultados que permitan
avanzar en el camino de construir ciudadanía (Ziccardi, 2004). Eso sólo será
posible si las mismas organizaciones de interés público presionan para definir
cómo cada servicio va a hacer carne aquello de la Participación Ciudadana en la
Gestión Pública presente en Chile a partir de esta nueva ley.
Amigas y amigos, aún queda mucho trabajo por delante!
- ACCION,
Ley de Asociaciones y Participación, Observatorio de Genero y Liderazgo.
- Ley
20.500 Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública, 2011.
- Mujica
P, Ley sobre Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública,
Participa, 2011.
- Vargas
V, “Un tema en debate. La ciudadanía de las mujeres”, Lima, Centro de la
mujer Peruana Flora Tristán, www.rcp.net.pe/FLORA.2000.
- Ziccardi A, “Participación Ciudadana”, México 2004.

Las Mujeres de Plaza Ñuñoa lamentamos profundamente que se termine con un
espacio público emblemático de la Plaza Ñuñoa como es la Pérgola, también
llamada Odeón, mediante la concesión a un privado para la explotación
comercial, ubicando ahí un restaurant; sin haberse informado y consultado a la
comunidad Ñuñoína de esta noticia.
Creemos que las modificaciones a espacios públicos tan
connotados como la Plaza Ñuñoa, cambiando absolutamente su carácter deben ser
consultados con los ñuñoínos y
especialmente a quienes ocupamos de esos espacios. La pérgola hasta hoy ha sido
un lugar de encuentro y manifestación de organizaciones sociales locales, y su
entorno ha sido un espacio de recreación sano y al aire libre para las familias
de Ñuñoa. Ese encuentro espontáneo entre familias y ciudadanía activa son
características de la Plaza Ñuñoa que le han dado identidad que no queremos
perder; y dudamos mucho que se pueda mantener bajo la administración de un
negocio privado. A la Plaza Ñuñoa no le hacen falta más restaurantes; sí requiere mantenerse
como un lugar donde los vecinos y vecinas nos veamos y nos reconozcamos
compartiendo juegos, actividades, cultura, diálogos y causas.
Creemos y hemos expresado en otras oportunidades que es
necesario realizar un cambio en dicha instalación, primero rehabilitándola
luego de los daños del terremoto, pero también hermoseándola e higienizándola,
responsabilidad que debió ser realizada por el municipio con apoyo de la
comunidad organizada sin necesidad de expropiar el bien nacional de uso público
y entregarla a la explotación comercial por parte de un privado. Los usos que
se pudieron haber establecido son variados y van desde haberse acondicionado
como sala de exposiciones, una sala de reuniones, cerrándola y manteniendo su
estilo.
Sin embargo, creemos que quienes podrían haber entregado las
mejores opciones de qué hacer con ese espacio público somos las personas que
usamos ese espacio cotidianamente. Las mujeres que usamos la plaza para nuestra
conmemoración del 8 de marzo, todas las organizaciones sociales que manifiestan
ahí sus ideas y causas, los adultos mayores que se recrean diariamente en sus
tradicionales bancas de madera, los pololos que se tiran en la sombra de los
árboles en el pasto, los niños y niñas que usan sus juegos, y los padres y madres
que encuentran en ese espacio verde y tradicional un respiro para estar en
familia y sentir que existe aún una plaza en su barrio, un espacio de encuentro
comunitario.
Ya que la ciudadanía ñuñoína no está informada y nunca fue
consultada de estos cambios creemos que es nuestro deber difundir esta
equivocada medida ya que no es
sólo nuestra organización la que
sufrirá con esta intervención en nuestra plaza sino todos y todas quienes
utilizan ese espacio para sus justas reivindicaciones ciudadanas y recreacionales.

Como mujeres, como ciudadanas, como ñuñoínas decimos
categóricamente No a la enajenación de la pérgola, ésta debe permanecer como
patrimonio público a disposición de quienes habitamos los alrededores de la
Plaza Ñuñoa y de quienes semana a semana nos visitan en este espacio
emblemático.
Es por ello que buscando
difundir el cambio entre los usuarios de la plaza y conocer su opinión el día
domingo 24 de abril llevamos a cabo un plebiscito en la Plaza Ñuñoa para
consultar a los vecinos y vecinas que usan este espacio público que opinan que
la Pérgola sea privatizada entregándola a la explotación comercial por 30 años
a un Restaurant de un privado. Las dos mesas de votación se abrieron
aproximadamente a las 16.20 hrs. y se cerraron a las 19 hrs. Participó en
el proceso un total de 248 personas, hombres, mujeres, niños y niñas y la
opción contraria a la privatización ganó por un amplio 98% alcanzando los 244
votos, sólo 4 personas se manifestaron por la opción favorable.
Creemos que la decisión de qué hacer
con la Plaza debemos tomarla todos y todas quienes la usamos y no debería ser
una decisión tomada entre cuatro paredes aun por un concejo municipal. Creemos
en la participación ciudadana y por ello organizamos este plebiscito. Si a las
autoridades no les interesó saber que opinaban los ciudadanos a nosotras sí.
Las personas que participaron de él se sintieron muy sorprendidas con la
noticia y disconformes con el cambio, aún somos muchos y muchas las que creemos
que los espacios públicos no deben privatizarse y menos explotarse con un fin
comercial.
Este plebiscito fue organizado por el
Grupo Mujeres Plaza Ñuñoa y contó con la activa participación de otras
organizaciones de la comuna que se encuentran movilizadas por la privatización
del espacio público en nuestra comuna.


La presentación de Danae Mlynarz se basó en un taller
realizado con diversos actores del mundo municipal, social y académico, que han tenido
relación con la Ficha de Protección Social por la Corporación ProyectAmerica.
La primera conclusión de este trabajo
tiene que ver con una valoración positiva del cambio desde la ficha CAS 2 a la
de Protección Social y la integración del concepto de vulnerabilidad. En relación a
este proceso, también señaló que si bien se valora el traspaso de recursos económicos
desde el nivel central (MIDEPLAN) para dicho proceso, los tiempos fueron muy
acotados y las capacitaciones parecieron insuficientes para asimilar
estos cambios.
En su presentación, Danae Mlynarz agregó que actualmente
los municipios han avanzado en ordenar su orgánica interna a propósito de
este cambio de instrumento, lo que les ha permitido reducir los plazos desde el
momento de la solicitud de aplicación a la visita a los hogares, de 90 a 15 días
aproximadamente.
Por otra parte, expuso que la extensión en el uso de la
FPS para definir beneficiarios de múltiples políticas públicas ha generado una pérdida
de su enfoque inicial y general y que la capacidad generadora de ingresos influye
fuertemente en el puntaje total dejando fuera otras variables que podrían otorgarle una
visión multidimensional a la vulnerabilidad como discapacidades, abuso de alcohol y
drogas, enfermedades catastróficas, endeudamiento familiar, entre otros. Por
lo anterior, la Ficha es catalogada como un instrumento “economicista”.
En sus propuestas, se menciona complementar la FPS con
otros instrumentos para entregarle mayor validación interna y para aportar a la
focalización de políticas sociales específicas, evitando discriminaciones y mal uso
del instrumento por parte de las instituciones. Propone además aumentar la
fiscalización, revisar el módulo de salud y su ponderación en el cálculo del puntaje
relevando la necesidad de incorporar antecedentes respecto de enfermedades catastróficas, crónicas,
discapacidades, de salud mental (depresiones, abuso de alcohol y drogas) de
miembros del grupo familiar, con el correspondiente certificado que de cuenta de las
enfermedades como respaldo.
Finalmente, se plantea aumentar los canales de cruce de
información con otras bases de datos gubernamentales para validar la información que
los encuestados autorreportan y aumentar los niveles de fiscalización en la aplicación del instrumento.
* Información extraída del acta de la Comisión de Expertos MIDEPLAN del 27 de julio 2010. Se acompaña presentación realizada.
presentacion-proyectamerica.pdf

Hace un año, estábamos en medio de la campaña presidencial y algunas cosas no se veían muy bien aspectadas. Conversando con un grupo de compañeras, compartimos que no nos gustaba la forma como que se tomaban ciertas decisiones y como se hacían ciertas cosas. Siempre he pensado que cuando no te gustan como se hacen las cosas y cuando realmente crees que vale la pena modificarlas en pro en un proyecto colectivo, hay que intentar cambiarlas desde adentro, antes de cruzar la vereda de al frente y “comenzar a tirar piedras”, y es por eso que pensamos en la posibilidad de postular y participar en una instancia interna de mi partido.
Converse con algunos compañeros, a quienes considero cercanos dentro del partido para compartir lo que pensaban y cómo visualizaban la idea de incorporarme a un trabajo partidario desde el Comité Central del P.S.
Me indicaron que ya tenían listo el candidato que “nos representaría” en la interna para la mesa y la lista de los candidatos al comité central. Cuando les consulté si era posible participar de esa lista, me preguntaron:
- ¿Cuántos votos tienes?
- Pero si aún no son las elecciones, cómo voy a saber cuantos votos tengo?
- Si no sabes cuantos votos tienes, cómo te vamos a llevar en una lista? No sabemos si nos sirves.
No pretendo parecer ingenua. Pero no sabré nunca cuantos votos tengo si no voy de candidata a una elección. Porque creo que las elecciones son para que las personas decidan y expresen su opción en un voto. No creo que uno cuente con una suerte de “ganado” o con un conjunto de votos definidos previo a poner su nombre en un papel y expresar para qué quiere estar ahí. Siempre he respetado a las personas, sus opciones y creo en la democracia.
Puedo decir que tengo ganas de trabajar por mejorar la orgánica de mi partido, por representar de mejor manera las demandas societales de un sector de la centro izquierda, por luchar por la justicia social y los principios de la igualdad, la fraternidad y la solidaridad en forma transparente y franca. Que tengo ánimo y fuerza por luchar por más democracia en Chile y en mi partido. Por mayor participación de las mujeres en nuestro partido y en nuestra sociedad. Que tengo ganas de crear con todas y todos los militantes una forma de hacer oposición constructiva y un proyecto de gobierno de futuro socialista. Entre muchas cosas más, pero no puedo decir cuantos votos voy a tener en una elección que no se ha realizado.
Sí puedo contarles cuantos votos he tenido en otras elecciones, en las cuales he sido candidata por nuestro Partido Socialista. Eso sí, nunca sabiendo el resultado antes de culminar el proceso electoral. En el año 2004, por primera fui candidata a concejala de Ñuñoa, y obtuve 8.762 votos, siendo la socialista que mayor votación ha obtenido a ese cargo en la comuna. Luego, el año 2008 me pidieron que representara a la Concertación, en la titánica tarea de recuperar nuestra comuna en manos de la derecha desde el año 1996, y decidí ir porque formaba parte de un proyecto colectivo, obviamente no gane pero obtuve 32.279 votos siendo la socialista que mayor votación ha obtenido históricamente en Ñuñoa.
Más allá de las cifras, el tema no se trata de mí, sino de dar a conocer un diálogo tan sencillo, y que creo que a muchas y muchos compañeros le ha sucedido y para otros no les es extraño, pero refleja claramente que necesitamos un fuerte remezón, de una “revolución democrática”. Una democracia interna, donde quienes quieran ser candidatos, expongan sus ideas, sus ganas, sus convicciones, sueños y proyectos ante toda la militancia, y que no sea en una subasta privada, donde debes señalar cuantos votos tienes, para que “evalúen” la viabilidad de una candidatura. Lo anterior devela lo que muchos repudiamos y que mucho mal le ha hecho a nuestro querido partido, es decir los favores que deben pagarse, acarreos que se van a realizar, y una serie de otras prácticas de las cuales preferimos no ahondar, pero que algunos se han dedicado a ejercerlas como un permanente oficio.
Esos son los temas que tenemos que considerar, y parte de las prácticas que debemos cambiar si es que realmente queremos renovar la política o como más me gusta a mí, hacer una revolución democrática interna.
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