Queridos amigos, queridas amigas,
Quiero saludar especialmente a los concejales que forman parte de este quipo con el cual vamos a recuperar el municipio de Ñuñoa.
La verdad es que estoy contenta.
Los veo a todos ustedes, amigos de tantos años y de tantos lugares distintos; pienso en tanto apoyo que he recibido durante este tiempo, en los mails, en los mensajes de texto, en Facebook, en las calles, ferias y plazas de nuestra comuna. Y la verdad es que esto es lo que me da la fuerza para enfrentar junto a ustedes este tremendo desafío.
Lo que más me ha llamado la atención es el especial interés que ha generado la elección en Ñuñoa. En los medios de prensa, ésta se ha situado como una de las batallas emblemáticas. En los círculos políticos, he sentido el apoyo de toda la Concertación y la izquierda en general, todos me alientan, todos han estado atentos a lo que aquí pasa.
Y es interesante preguntarse el por qué de todo ese interés, por qué hay tantas miradas concentradas en el desarrollo de esta campaña.
Una respuesta típica de candidato egocéntrico, como somos todos los candidatos, es que se trata del interés por mi persona.
Pero no crean que la farándula ha hecho que pierda el buen juicio.
Yo sé que detrás de la elección en Ñuñoa se plantean debates más profundos que el candidato A o B. Por alguna razón casi mágica, muy propia de Ñuñoa, en la elección de esta comuna han confluido una serie de discusiones que circulan en el país, pero que aquí en Ñuñoa se han concentrado en una sola disputa entre yo y el actual alcalde.
Discusiones que se manifiestan muy nítidamente en los dos proyectos de gestión que se plantean a los vecinos.
Una dicotomía de enfoques políticos, sociales y éticos, que encuentran expresión en las dos candidaturas.
Se trata de elegir entre dos maneras de concebir la sociedad: una manera oscura, prepotente y autoritaria, versus una manera transparente, participativa y ciudadana.
Se trata de elegir cómo vamos a construir modernidad: si la vamos a construir desde el punto de vista de la desregulación y el caos urbano, o si la vamos a construir desde la mirada de la sustentabilidad y la identidad local.
Se trata de elegir entre dos modelos de sociedad: un modelo individualista y excluyente, versus un modelo colectivo e inclusivo.
Esos son las tres grandes discusiones que se dan en todo Chile, pero creo que aquí en Ñuñoa es donde mejor confluyen las tres a la vez.
Por eso el interés que ha generado esta elección. Por eso el cariño y el apoyo de todos ustedes.
Recuerdo hace 20 años, cuando decíamos que “todos tenemos una razón para votar que NO”. Ahora todos tenemos una razón para dar un giro a esta comuna, para ir por mucho más.
Como decía, aquí se trata, en primer lugar, de elegir dos maneras de concebir y ejercer la función pública. Entre dos estilos de trato.
Aquí hay que decidir si queremos que siga el secretismo y el amiguismo.
Aquí hay que decidir si queremos que la participación no tenga cabida alguna.
Yo soy de las que creen que no hay desarrollo colectivo sin participación.
Ese modelo de servicio solidario, de trabajo público con la comunidad y no a pesar de la comunidad, lo he aprendido en el ejercicio de mi profesión como asistente social. Lo he aprendido en mi trabajo en políticas públicas. Lo he aprendido en mi trabajo como defensora Ciudadana.
Y lo he aprendido, sobre todo, trabajando por esta comuna. Y es ese modelo por el que yo voy a apostar: acceso público a la información, facilidades de fiscalización, apoyo y estímulo a la participación.
Porque estoy segura de que los ñuñoínos y ñuñoínas deben tener la certeza de que quien esté en el municipio está trabajando para servirlos a ellos y no para servirse de ellos.
Pero esa certeza no ha existido en los últimos doce años.
Créanme que lo digo con pesar, porque me habría encantado que este tema no fuera tema.
Pero desgraciadamente lo es.
¡Me gustaría saber si Sebastián Piñera se va a atrever a venir a hacer campaña a esta comuna! ¡A ver si va a transar la ética por unos cuantos votos! ¡A ver con qué cara va a hablar después de probidad!
Es por eso que creo que ésta es una batalla que hay que dar.
Es una batalla para poner fin a un autoritarismo de nuevo cuño, un autoritarismo que se basa en las prebendas y el clientelismo, en los regalos, en la palabrería y lamentablemente –lo he vivido—en las amenazas.
Esta batalla es por la calidad de nuestra democracia. Por cambiar la política y desterrar las malas prácticas. Sé que se puede. Y verlos esta noche conmigo me confirma que somos muchos los que creemos que se puede.
Pero hay un segundo tema que mueve la atención hacia Ñuñoa. Como dije, lo que aquí se discute es también cómo queremos vivir la modernidad.
Hemos visto, durante la actual administración, que hay dos formas de vida que comienzan a colisionar.
Nuestra tradicional Ñuñoa residencial, de jardines y barrios apacibles, se ha confrontado con la arremetida de edificios invasivos, con construcciones sin fiscalización que van transformando el paisaje y las costumbres a veces de manera traumática.
Nadie se opone al progreso. Esa no es la disyuntiva.
Las comunidades sabias logran articular tradición y progreso. Los que no creen en la comunidad no.
Ñuñoa debe crecer, pero el progreso no puede ser sinónimo de fealdad. No puede ser sinónimo de desorden urbano, de mercado inmobiliario salvaje.
El desarrollo, para ser desarrollo verdadero, no puede ser aplastante, sino armónico, sustentable. Queremos que nuestra comuna sea acogedora, que haya muchos vecinos y vecinas, que haya más niños.
Queremos que las inmobiliarias construyan, pero queremos que construyan a escala humana, con respeto por la calidad de vida de todos.
Y eso pasa por una gestión municipal responsable, ciudadana. Una gestión con mirada Ñuñoína genuina, porque es muy fácil entregar la comuna al mercado inmobiliario y cambiarse vivir al barrio alto.
Los que hemos crecido y vivido siempre acá, los que queremos seguir viviendo acá, queremos que estos dos elementos, modernidad y tradición, se enlacen sin traumas, que exista un plan regulador armónico y Ñuñoa crezca organizadamente y con respeto por todas las personas que aquí viven.
El tercer debate que nos exigen estas elecciones es acerca del tipo de comunidad y sociedad que queremos tener, cómo construimos país, cómo queremos crecer en nuestras políticas públicas y hacia dónde queremos ir.
Me niego a pensar estas elecciones en términos de género o de generación.
Esta no es la elección entre la mujer joven y el hombre cansado.
Es la elección entre dos proyectos de país y de comuna.
La solidaridad o la indiferencia; la inclusión o la exclusión; la protección o el abandono; el asistencialismo o los derechos sociales.
Mi programa de gobierno se plantea desde esa óptica.
¡Cómo no entusiasmarse con un gobierno comunal que hace de la inclusión su norte; que promueve la dignidad del adulto mayor y no la dádiva; que promueve el buen trato en la atención de salud y no el despotismo; que va a las casas de los alumnos en problemas para reinsertarlos con políticas proactivas, en vez de estigmatizarlos y apresarlos!
¡Cómo no van a dar ganas de llevar la cultura a cada barrio y el deporte a cada esquina; de trabajar con la mujer y la dueña de casa, preocuparse de la salud mental, del cuidado de sus hijos!
¡Cómo no tener impaciencia por comenzar un trabajo serio por el medioambiente, un trabajo serio por el paisaje, los parques, y el desarrollo!
Y en este debate entre individualismo y bienestar colectivo yo siempre, siempre voy a apostar por la gente.
El proyecto por el que se opte en torno a estos debates, como saben no es trivial.
Y creo que Ñuñoa está en condiciones de dar el ejemplo.
Es por eso que siento el interés, el apoyo de quienes creen, como yo, que una nueva mirada, un nuevo proyecto es necesario y es posible.
Queremos y podemos ser más. Queremos más apertura, más transparencia, más inclusión.
Queremos una modernidad amable y promisoria, con un sentido claro y con respeto por nuestros espacios y nuestros vecinos. Queremos progreso con calidad de vida.
Queremos una comuna solidaria, que dé a su gente salud, educación y transporte de calidad.
Queremos perfeccionar la democracia desde lo local.
Al igual que a la mayoría de quienes están acá, esta comuna me representa. Esta comuna me ha modelado y me ha visto crecer. En esta comuna me eduqué. Esta comuna me acoge hoy y en esta comuna quiero ver a mis hijas hacerse adultas también.
Y desde la tribuna municipal, si así lo deciden los vecinos y vecinas, pienso apostar a estos objetivos mi trabajo, mis conocimientos y mi voluntad.
Muchas gracias.
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