
Las mujeres representamos cerca
del 51% de la población de Chile, pero diversas situaciones mantienen al género
en calidad de “minoría sexual”, debido a 1) la persistente situación de
violencia física y psicológica en que viven miles de mujeres; 2) las discriminaciones
salariales; y 3) la subrepresentación en las esferas más influyentes del poder.
En el primer caso asistimos al
tipo de violencia más flagrante contra la mujer. Desde 2001 hasta la fecha más
de 500 mujeres y niñas han sido asesinadas en Chile. De las 52 mujeres
asesinadas durante 2009, 8 habían denunciado a su agresor y a 4 de ellas la Justicia había otorgado
medidas de protección. Esto evidencia que la cantidad de denuncias y el número
de detenciones y sentencias es creciente, lo que equivale a decir que los
agresores de mujeres circulan libremente, incluso después de haber sido
denunciados por sus víctimas.
Respecto del segundo ítem
mencionado, en días recientes la Organización Internacional del Trabajo (OIT) evidenció una estadística
que contradice toda imagen de modernidad: las mujeres ganan 30% menos que los
hombres al emplearse en el mismo cargo. En el nivel directivo, el sueldo de la
mujer representa 72% de lo que gana su colega varón, mientras que a nivel
profesional, el salario de una mujer
puede ser del 62% que el de sus compañeros, es decir casi un 40% menos.
Finalmente, el informe del Fondo de Desarrollo de las
Naciones Unidas para la Mujer
(Unifem), publicado hace algunas semanas, revela que Chile se encuentra bajo el
promedio de América Latina en cuanto a presencia femenina en el Parlamento.
Desde 1990 a
la fecha, el continente ha pasado del 9% al 17% en el caso de la Cámara Baja; y de 5% a
12% en el Senado, pero en Chile sólo hay dos senadoras de un total de 38
(5,2%); y 18 diputadas, de 120 (15%). Esto muestra cuán lejos estamos de la llamada “zona de paridad”; o
sea, que ni mujeres ni hombres tengan más de 60% de representación.
¿Cuál es la relación entre la violencia de
género, la discriminación salarial constatada o la subrepresentación en el
Poder? El nivel de consenso de las ciencias sociales y la sociedad civil apunta
a señalar que la participación directa de las mujeres en la adopción de
decisiones públicas no sólo es cuestión de justicia democrática, sino también
un mecanismo para asegurar una mejor rendición de cuentas por parte del Estado,
las empresas y la sociedad hacia la mujer, en relación con sus derechos y
dignidad.
La Presidenta Bachelet
ha declarado en días recientes que "los hombres sienten
una atracción fatal por el poder". Más allá de la crítica a nuestra
idiosincrasia, es necesario avanzar en la consolidación institucional de
cambios culturales y consensos ciudadanos, para no quedarnos sólo en el
simbolismo de haber tenido a una
Presidenta.
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