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Trabajo Social, Integración y la lucha contra la Desigualdad**

Enviado por Danae Mlynarz Puig el sábado, 27 agosto, 2011 a las 22:57
Danae Mlynarz Puig

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Les quiero pedir que nos acompañen de pie para hacer un minuto de silencio por Manuel Gutierrez, el es un joven chileno, asesinado ayer por las fuerzas represivas en el contexto de las movilizaciones sociales por un educación pública, gratuita y de calidad, en la comuna de Macul, en Santiago de Chile. 

Muchas gracias!

Ahora podemos seguir con la exposición que me corresponde.

Los últimos estudios siguen ratificando que América Latina es el continente más desigual y que Chile, estaría dentro de los países más desiguales del mundo. Gran parte de la población presenta una escasa titularidad de sus derechos ciudadanos, “que en el terreno jurídico y político se manifiesta en una desigualdad fundamental en el acceso a la justicia y una escasa participación en las decisiones políticas, mientras que en las esferas económica y social se traduce en disparidad de oportunidades, inestabilidad laboral, bajos ingresos, impedimentos a la movilidad social -particularmente para las mujeres-, desconocimiento a la diversidad étnica y cultural, e indefensión al infortunio. De ahí que el principal desafío que enfrenta la región durante el presente siglo es el de construir sociedades más equitativas” (CEPAL, 2010). Dicha labor, sin duda, es la que debería movilizar todo el quehacer profesional del Trabajador Social. El cual se ha desplazado desde la asistencia social, a la promoción buscando una transformación social a las injusticias que nuestro mundo vive.

En mi país Chile, usando los datos analizados por Cristóbal Huneeus; una persona que pertenece al 10% de los hogares más pobre, llamado decil 1, y que trabaja gana en promedio 184 dólares al mes, según los datos de la encuesta Casen 2009. Por otra parte, una persona que pertenece al 10% más rico, llamado decil 10, y que trabaja gana en promedio 3.273 dólares al mes. Es decir, esta última persona gana 17,7 veces más que una persona que pertenece al 10% más pobre. 

Esta desigualdad, en la diferencia de salarios entre una persona del decil 10 y una del decil 1, es la que tanto nos debería escandalizar. Sin embargo, esta escandalosa desigualdad de ingresos es sólo una parte de la desigualdad que afecta a las chilenas y chilenos. Porque para este cálculo se ha considerado sólo a las personas que trabajan. Pero la capacidad de consumo y el bienestar de una familia dependen del total de recursos que dispone un hogar para gastar en todos sus integrantes. Esto depende, entre otras cosas, de cuántas personas trabajan en la familia y del tamaño de la familia -no es lo mismo alimentar a dos hijos que a cinco o seis-. Si se toma en consideración estos dos factores, las desigualdades son bastante mayores. 

En un hogar que pertenece al decil 1 viven en promedio 3,6 personas y trabajan en promedio 0,5 personas entre 18 y 65 años, mientras que en un hogar que pertenece al decil 10 viven 2,8 personas y trabajan en promedio 1,7 personas entre 18 y 65 años. Es decir, para igualar la cantidad de personas que trabajan en un hogar del 10% más rico del país necesito juntar las personas que trabajan en 3,2 hogares del 10% más pobre. 

Estas dos desigualdades, la del ingreso y la del empleo, tomadas en conjunto muestran que la desigualdad entre los hogares chilenos es significativamente mayor a la desigualdad del ingreso, es decir, de los que trabajan. El promedio del ingreso laboral total -tomando en cuenta los ingresos laborales de todos los miembros del hogar que trabajan- de un  hogar que pertenece al decil 1 es de 100 dólares al mes, mientras que para un hogar que pertenece al decil 10 es 5.510 dólares al mes. Es decir, mirando sólo los ingresos del trabajo, un hogar del decil 10 tiene en promedio 55,8 veces más ingresos que un hogar que pertenece al decil 1.

Es necesario señalar que la desigualdad que se ha mostrado aquí es menor que la desigualdad real. La evidencia de otros países muestra que las mediciones de encuestas subestiman considerablemente el ingreso de las personas más ricas, las cuales sólo se pueden obtener con precisión mirando sus declaraciones de impuestos. Situación que en Chile no es posible.

La desigualdad del empleo es mayor en las mujeres que en los hombres. Un hombre entre 18 y 65 años que pertenece al decil 10 tiene 2,4 veces más probabilidad de trabajar que un hombre del mismo grupo etario del decil 1 en el caso de las mujeres esta diferencia es 3,6. Los hogares más pobres tienen 5 veces más probabilidad de vivir en una zona rural que un hogar más rico, los hogares del decil 1 tienen una mayor proporción de mujeres, 59%, que los hogares del decil 10, 49%. Los hogares más pobres tienen casi tres veces más probabilidad de tener niños menores de 4 años que los hogares más ricos y tienen 5 veces más probabilidad de tener a alguien discapacitado. Finalmente, una persona del decil 1 tiene en promedio 8,7 años de educación, versus los 14,9 años de una persona del decil 10 (Huneeus, 2011).

No he querido entregar estas cifras, para marearlos y marearlas, sino para ilustrar con la situación de mi país, la de América Latina en general y de los países del MERCOSUR en particular. Los últimos datos del Gini del ingreso per capita de los hogares de nuestros países, índice que permite medir desigualdad nos muestran tristes resultados, que como Trabajadores Sociales no solo deberían conmovernos sino que movilizarnos. 

Países

Índice de Gini

Bolivia

60

Brasil

56

Ecuador

56

Chile

55

Colombia

55

Paraguay

55

Perú

50

Argentina

48

Uruguay

45

Fuente: PNUD 2010.

Movilizarnos en buscar mayor integración entre nosotros los y las Trabajadoras Sociales para solucionar nuestros problemas en conjunto, problemas que tienen relación con el ámbito corporativo, con la precarización de nuestros trabajadores asistentes sociales, así como con la multiplicación de las Escuelas de Trabajo Social con una disímil calidad en la formación.

En Chile el promedio de ingreso mensual de un Trabajador Social corresponde aproximadamente a 1.000 dólares mientras que la mensualidad para estudiar Trabajo Social alcanza aproximadamente los 500 dólares.

Hoy los chilenos y chilenas se han movilizado y se rebelan contra un modelo heredado de la dictadura de Pinochet completamente clasista y deficiente.

Las Universidades estatales chilenas, reciben un bajo aporte del Estado en comparación con otros países, son las más caras de América Latina y sus cuotas sólo son superadas por las Universidades de EE.UU. Con la inclusión de las Universidades Privadas, donde los estudiantes se endeudan a 20 años para poder estudiar, la matrícula en la educación superior ha aumentado de 250.000 alumnos de pre grado en los año 1990 a casi un millón en el año 2010. Sin embargo, para el 10% más pobre de la población, la tasa de ingreso a la Universidad es del 16%, mientras que el 10% más rico es del 61%.

Lo que gasta o invierte una familia en educación superior alcanza muchas veces al 50% de sus ingresos. Basta analizar el ingreso de los Trabajadores Sociales con el costo de la mensualidad de estudiarlo.    

Como Trabajadores Sociales Latinoamericanos debemos avanzar en socializar experiencias exitosas de ciertas políticas públicas que puedan replicarse. Pero también avanzar en cómo enfrentar problemáticas sociales tradicionales y emergentes tales como:  brechas educacionales, problemas de empleo, migración, equidad de género, sostenibilidad ambiental, intolerancia frente a cualquier diversidad cultural, sexual, étnica, discriminación, violencia, terrorismo, tortura, narcotráfico, oligarquización de la clase política y falta de democracia real, corrupción en el espacio público, tráfico de influencias, cohecho electoral, populismo, desigualdad territorial,  reformas de los sistemas de seguridad social para enfrentar con equidad los riesgos de enfermedad y vejez, entre otros.

Pero hoy creo y siento que los tiempos son distintos que debemos y podemos movilizarnos en cambiar las cosas, en buscar cambios importantes, estructurales a como se están haciendo las cosas hace ya mucho tiempo. Hoy no queremos administrar un modelo que reproduce desigualdad y entregarles migajas de humanidad y compasión.

Hoy debemos movilizarnos por un nuevo modelo de desarrollo y que mejor para ello que hacerlo con integración regional. Hoy no nos podemos conformar con reformar un modelo que sólo ha sido capaz de generar desigualdad, hoy debemos avanzar hacia cambiarlo por uno que realmente permita la igualdad social, la transformación de los actores sociales y para ello el rol del Trabajo Social es clave y ese es el largo y difícil trabajo que hoy nos corresponde asumir. Dijimos y escuchamos hace un tiempo que otro mundo era posible, hoy estoy segura que debemos construir un mundo distinto.

Los Choreados de Ñuñoa

Enviado por Danae Mlynarz Puig el sábado, 20 agosto, 2011 a las 11:25
Danae Mlynarz Puig

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Durante las últimas semanas nuestra comuna de Ñuñoa ha estado en los diversos medios de comunicación gracias a los masivos caceroleos que se han desarrollado en la Plaza Ñuñoa en el contexto de las movilizaciones sociales por una educación pública, gratuita y de calidad.

Los Ñuñoinos y Ñuñoinas como miles de chilenos y chilenas han expresado su apoyo a las reivindicaciones de este movimiento social que ya lleva más de tres meses de masivas manifestaciones. ¿Por qué ha sido de interés de la prensa lo ocurrido en el corazón de nuestra comuna? ¿Por qué los Ñuñoinos han salido con fuerza a manifestarse a las calles?

A mi juicio, los medios se han interesado por lo que ha ocurrido en Ñuñoa, porque Ñuñoa es una comuna de clase media, ubicada en la zona oriente pero muy cercana al centro de la capital y que genera opinión, en ella viven muchos periodistas, artistas e intelectuales. Ñuñoa es la comuna del país que cuenta con el mayor número de profesionales en Chile. Además Ñuñoa es una comuna con identidad, nosotros los y las ñuñoinas nos sentimos orgullosas de serlo y somos medio chauvinistas, nos gusta vernos, que hablen de nosotros, de mostrar nuestra identidad.

¿Por qué esta clase media profesional tradicional sale a protestar a las calles frente a las reivindicaciones por una mejor educación pública de calidad? Precisamente por eso mismo.

Esta comuna está constituida por una clase media tradicional ilustrada. No es la clase media emergente de este sistema. Sino que vendría siendo la clase media perjudicada por el sistema económico actual.  En las manifestaciones públicas se puede ver a familias enteras abuelos y abuelas, padres, madres, hijos e hijas.

La mayoría de sus profesionales son hijos e hijas de padres y también madres profesionales que ven con dificultad que sus hijos e hijas puedan alcanzar ese mismo estatus.  Viven día a día el espanto y el agobio de mantener un estatus, de pagar y endeudarse por educación, salud y consumo. Saben que frente al empleo precario, dinámico y flexible que existe en Chile incluso para los profesionales la vulnerabilidad está a solo un paso, y en esa situación, cómo lograr que mis hijos e hijas sean profesionales. Se vive con miedo a no poder responder a todos estos cobros. Es una clase media que frente a la expansión del consumo, ha perdido poder adquisitivo y posición social. En muchos casos les hereda a sus hijos e hijas una posición desmejorada frente a la heredada a ellos.

Se vive con temor a enfermarse, quedar inválido para trabajar, sufrir una enfermedad catastrófica o perder el empleo. Se vive con temor a la jubilación y la pensión con que me corresponderá vivir. Ojala haya podido educar a mis hijos e hijas para que se hagan cargo de mí. Mientras mis escuálidos fondos viven las vicisitudes de los mercados internacionales y sus turbulencias y los descuidos y abusos de los internos.

Frente a la colusión de las farmacias, el caso La Polar y los cobros abusivos en diversos servicios públicos observan la totalidad impunidad. Y con dificultad sacan el cálculo de si están dentro del promedio de los 15 mil dólares per cápita anuales que hoy alcanza el desarrollo de nuestro país.

Estamos “choreados”, sabemos que a pesar de nuestra situación somos unos privilegiados en nuestro país, porque hay muchos y muchas que viven en condiciones de vulnerabilidad total, de esta forma, la protesta no es sólo por mi situación, sino también por la conciencia de la situación de desigualdad y desprotección de derechos que hoy vivimos en Chile. Durante muchos años se dio por hecho que era imposible hacer las cosas distintas, que las cosas cambiaran, hoy se abre una ventana, en una de esas resulta algo y nosotros queremos estar ahí para intentarlo, para darles a nuestros hijos e hijas un mejor futuro. 

Hablemos en serio de Participación Ciudadana

Enviado por Danae Mlynarz Puig el viernes, 05 agosto, 2011 a las 11:12
Danae Mlynarz Puig

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La semana pasada en un foro un amigo señaló “no quiero escuchar más de la participación ciudadana que solo se reduce en entregar información o hacer como que se escucha a las personas. Lo que nosotros queremos es decisión ciudadana”. Efectivamente el concepto Participación Ciudadana ha sido usado en los últimos 20 años con múltiples acepciones. Sin embargo, creo que lo que hoy debemos hacer no es olvidar el concepto por mal empleado, vapuleado o manoseado sino que  aprender a usarlo en forma óptima revalorizándolo con dignidad.

Participación Ciudadana debe ser entendida como la intervención de los particulares en actividades públicas, en tanto, portadores de intereses sociales. Ello hace referencia a una relación entre Estado y sociedad civil, a una acción de ésta sobre el primero. Diferenciar el concepto de participación ciudadana de otros tipos de participación -social, comunitaria y política- reservándolo para hacer referencia a las formas de inclusión de la ciudadanía en procesos decisorios, incorporando sus intereses particulares -no individual- respecto a determinadas temáticas. 

Participación Ciudadana es decidir y no otra cosa!

Creo que nuestra democracia debe avanzar hacia una democracia deliberativa como señala la catedrática Adela Cortina: “la democracia deliberativa es representativa, sabe que el mejor modelo consiste en la participación del pueblo en los asuntos públicos a través de representantes elegidos, a los que pueden exigirse competencia y responsabilidades. Pero exige llevar a cabo al menos cuatro reformas: perfeccionar los mecanismos de representación para que sea auténtica, dar mayor protagonismo a los ciudadanos, tratar de asegurar a todos al menos mínimos económicos, sociales y políticos, y propiciar el desarrollo de una ciudadanía activa, dispuesta a asumir con responsabilidad su protagonismo”. [i]

Pero para que ello sea posible debemos avanzar en participación ciudadana desde dos aristas distintas pero complementarias:

La primera, mejorando nuestro Sistema Político en cuanto a representación de la ciudadanía, principios, valores, derechos, transparencia, instituciones, mecanismos de elección y de decisión. Ayer con los resultados de la encuesta CEP ha quedado en evidencia que la calidad de la política en Chile es visualizada por la ciudadanía en forma deficiente y que urgen reformas políticas.

Para ello es crucial contar con una carta magna legítima en su origen, democrática en su formulación y participativa en su constitución.  Por ello dentro de todos los “debes” de nuestra anoréxica democracia deberíamos propiciar:

  • Asamblea Constituyente que generé una nueva Constitución para Chile.
  • Que la participación sea un derecho constitucional.
  • Iniciativa popular de ley.
  • Convocatoria ciudadana a plebiscitos nacionales
  • Creación del Defensor del Pueblo u Ombudsman
  • Sistema Electoral proporcional.
  • Primarias públicas, abiertas y vinculantes financiadas por el Estado para selección de candidatos.
  • Límite en la reelección de representantes.
  • Inscripción automática en los registros electorales.
  • Voto de chilenos en el extranjero
  • Elección directa de Consejeros regionales e intendentes.
  • Modificar los elevados quórum constitucionales en el proceso legislativo.
  • Mejorar y transparentar el financiamiento de los partidos políticos y las campañas electorales.
  • Creación de gobiernos metropolitanos.

La segunda, tiene relación en cómo hacemos realidad eso que hoy tenemos plasmado en una nueva ley de Participación Ciudadana en la gestión pública (20.500) a nivel local, donde los municipios se constituyan en verdaderos gobiernos locales y donde la voz e incidencia de la ciudadanía esté asegurada. Así como también, la participación en la toma de decisiones a nivel sectorial. La forma en que se diseñen los reglamentos de esta ley determinara la posibilidad o no que está sea realidad o solo permanezca en letra muerta.

En esa incidencia en la toma de decisiones sobre la gestión pública no debemos dejar de lado los grandes temas. Esos grandes temas que han tenido al país en tres meses de movilización estudiantil, con paros, tomas, masivas marchas, inusuales estrategias de protesta (thriller masivo, besatón, ente otras) y con un apoyo significativo de la opinión pública a las demandas estudiantiles a pesar del desprestigio que el gobierno y los medios de comunicación le han dado al movimiento. Cómo participamos en la nueva política de educación que el país necesita, cómo participamos en dotar de mayor garantías a los consumidores abusados de casos como La Polar, cómo creamos institucionalidad que realmente castigue a los abusadores y no un chiste como el SERNAC financiero planteado por el gobierno, cómo creamos esa estrategia energética que Chile hoy no tiene, cómo  construimos el nuevo modelo de desarrollo que Chile pide a gritos y logramos financiarlo.

Hoy es el momento para sentar las bases de todo lo que queremos para un nuevo gobierno en forma participativa, hoy es el momento para exigirle a nuestra clase política desprestigiada su verdadero compromiso por estos cambios y para la emergencia de nuevos líderes y de un nuevo Chile.  



[i] Cortines A, “Democracia y justa indignación”, El País, 24 de julio 2011.