
Este postgrado tiene por objetivo formar
especialistas capaces de fundamentar y elaborar propuestas efectivas de acción
en el ámbito de la intervención social, contribuyendo al desarrollo de la
investigación aplicada y la reflexión en este campo.
Frente a esta temática emergen tres reflexiones desde distintos
ámbitos de mi vida profesional y laboral que me gustaría compartir con ustedes.
El primero, viene un poco desde el deber ser a la cruda realidad, o desde la
academia a la práctica real.
A mí me enseñaron en la universidad que toda política pública es
construida desde el saber por qué los recursos son escasos, entonces hay que
actuar con eficiencia. Para ello existen una serie de pasos previos a su
implementación: como la realización de un diagnóstico acabado de la realidad,
consultando a los actores involucrados, dando cuenta de datos cuantitativos y
cualitativos, construyendo líneas de base para comparar con posterioridad.
Luego la fase de diseño donde construimos en virtud de la fase de
diagnóstico objetivos claros, líneas de acción, indicadores y medios de
verificación, también nos vinculamos con los actores involucrados desde los
beneficiarios hasta los implementadores para hacer un diseño lo más completo
posible y obviamente, nuestra política cuenta con todos los recursos económicos
asignados para operar con fluidez y una planificación de los tiempos
comprometidos para lograr resultados e impactos adecuados.
Posteriormente, viene la fase de implementación con un proceso de
inducción a los ejecutores para capacitarlos sobre todos los aspectos del
programa u proyecto en sus diversos niveles. Evaluaciones de gestión mientras
se ejecuta y se van visualizando sus resultados y finalmente una evaluación de
impacto dónde yo tengo plena conciencia si la política pública implementada
cumple con el cambio de la realidad objetiva propuesta.
Yo quería trabajar en eso. En alguna fase, en alguna parte del proceso.
Pero yo quería trabajar en políticas públicas para transformar la realidad
social con claridad de hacia dónde íbamos. Es decir, con los pasos y la
rigurosidad del método pero también con la claridad política de qué es lo
quería lograr. Cuál es el sueño de transformación social que yo voy a ser
realidad por medio de estos instrumentos.
Cuando logré desde distintos lugares trabajar en políticas públicas,
específicamente, en políticas sociales ya sea implementado un programa en un
municipio, realizando investigaciones desde centros de estudios, como jefa de
Estudios de la Secretaria de Planificación de la Región Metropolitana, como
concejala de una comuna de la zona oriente de Santiago, como asesora de la
ministra de MIDEPLAN y como asesora de la Presidenta Michelle Bachelet me di
cuenta que la realidad era otra.
Que muchos de esos pasos no se hacían, que a veces no existía un
diseño, ni un diagnóstico, ni línea base. Que a veces los programas no contaban
con los recursos adecuados, que las decisiones de cómo seguir se tomaban a puro
olfato o considerando variables económicas más que cualquier otra. Que la
participación en las decisiones de beneficiarios e implementadores era escasa o
nula, y a mi juicio, lo más terrible, muchas veces no estaba claro qué es lo
que quería cambiar, cuál era el sueño de transformación social con esa política
pública.
Pero que a pesar de eso las cosas funcionaban. Se hacían. Y para
sortear esa falta de método había que aprender otras habilidades e ir luchando
para obtener más orden, sistematización, análisis y construcción de imagen
objetivo.
Entre paréntesis no creo que con la Nueva Forma de Gobernar las cosas
hayan cambiado. Es más estoy segura de ello.
Lo que quiero plantear con esto es que si bien en los últimos 20 años
se avanzó en planificación social en relación al periodo inmediatamente
anterior, y se estableció un sistema de evaluación y de diseño de políticas
públicas tanto desde el Ministerio de Hacienda, específicamente, la Dirección
de Presupuesto donde se exige una planificación, una evaluación y se justifica
cada gasto de recursos la variable principal a considerar es económica. Evaluación
comprensiva del gasto. Como desde el Ministerio de Planificación con el Sistema
Integral de inversiones.
No se avanzó con igual rigurosidad y recursos económicos involucrados
en mejorar la calidad de nuestras
políticas públicas. Lo que sin duda sería posible con más Ciencias Sociales
y con más Política, con más investigación, sistematización, análisis e
involucramiento de diversos actores. Quiero dejar súper claro, no lo veo solo
desde una perspectiva tecnocrática de ir cumpliendo pasos en orden, y aplicar
recetas sino que desde una perspectiva Política estratégica y Social.
Para mejorar efectivamente nuestras políticas públicas tenemos que
romper con la lógica de la supremacía absoluta, hegemónica diría incluso, de
las variables económicas o de las ciencias económicas y avanzar en contraponer,
sumar y evaluar desde perspectivas sociales y políticas.
Para ello el cambio debe venir no sólo de la superestructura
diseñadora de grandes políticas que muchas veces vemos como algo lejano y sin
rostro, sino que también a nivel de los implementadores, ejecutores y
diseñadores de proyectos sociales. En los niveles de jefatura pero también en
los niveles técnicos y profesionales.
Segundo, en la Universidad hago clases de dos ramos al mismo curso: Desarrollo
Social y Políticas Públicas e Investigación Social a estudiantes de Trabajo
Social de tercer año. Al comenzar el año partimos conversando sobre las
expectativas de los ramos y me quedó la sensación que al de Políticas Públicas
lo veían como algo lejano, demasiado macro y no asumían que muchas y muchos de
ellos podrían terminar trabajando implementando una política pública y mucho
menos pensar en diseñarlas o decidir sobre ellas.
En cuanto a investigación social lo veían con cierto temor y solo como
un paso necesario para elaborar su tesis de grado pero no como un contenido
útil para el ejercicio profesional.
Comenzamos el semestre entonces rompiendo esas sensaciones y
explicando la gran coherencia que debería existir entre políticas públicas e investigación
social y lo necesario que ambos ramos son para el ejercicio profesional del
Trabajador Social.
Un profesional que muchas veces ejecuta, implementa, pero no por ello
no es altamente necesario que conozca el contexto, el modelo, el sustrato de la
política que ejecuta y que también tenga elementos para evaluar y sistematizar
que ese trabajo que desarrolla esta sirviendo o no para modificar la realidad
social.
Nadie puede intervenir
profesionalmente sobre una realidad social que no conoce y sin un sueño de
transformación que busca o anhela.
Para de esa forma, no sólo mejorar su propio ejercicio profesional,
sino para que tenga elementos para “pararse” dentro de los cientistas sociales
de igual a igual y entregar elementos para la toma de decisiones con respecto a
la política pública con argumentos y datos.
Me parece clave que ustedes hayan querido complementar su educación
superior desde este postgrado que combina precisamente ambas áreas.
Tercero, tiene relación
con la claridad con respecto a ese cambio social, a la transformación o sueño que
como profesionales queremos desarrollar desde cualquier espacio en el cual
estemos situados. Para mi está fuertemente relacionado con la lucha por la
desigualdad social y la mayor participación ciudadana en la toma de decisiones.
Los últimos estudios siguen
ratificando que América Latina es el continente más desigual y que Chile,
estaría dentro de los países más desiguales del mundo. Gran parte de la
población presenta una escasa titularidad de sus derechos ciudadanos, “que en
el terreno jurídico y político se manifiesta en una desigualdad fundamental en
el acceso a la justicia y una escasa participación en las decisiones políticas,
mientras que en las esferas económica y social se traduce en disparidad de
oportunidades, inestabilidad laboral, bajos ingresos, impedimentos a la
movilidad social -particularmente para las mujeres-, desconocimiento a la
diversidad étnica y cultural, e indefensión al infortunio. De ahí que el
principal desafío que enfrenta la región durante el presente siglo es el de
construir sociedades más equitativas” (CEPAL, 2010). Dicha labor, sin duda, es
la que debería movilizar todo el quehacer profesional del Trabajador Social. El
cual se ha desplazado desde la asistencia social, a la promoción buscando una
transformación social a las injusticias que nuestro mundo vive.
Hoy hablamos y escuchamos de la
necesidad de establecer un Estado Social de Derechos Garantizados, que
significa avanzar en “garantías a los derechos de equidad dirigidos a lograr
una ciudadanía extendida en la que, además del respeto a los derechos civiles y
políticos, los ciudadanos puedan gozar de sus derechos económicos, sociales y
culturales” (CEPAL, 2010). La tesis que adquiere relieve bajo estas posiciones
es que para constituirse en miembros plenos de una sociedad, no basta con que a
los ciudadanos se les reconozcan derechos sociales sino que es preciso que
cumplan obligaciones comunes. Así comienza a ser fuertemente tematizada
la cuestión de los deberes sociales y,
en particular, la relativa al rol que cabe en este proceso de construcción de
ciudadanía a otros agentes sociales distintos a la burocracia estatal, es
decir, a las familias y a la comunidad, a la sociedad civil.(Cunil en Ziccardi,
2004).
E. Jelin, señala “el concepto de
ciudadanía hace referencia a una práctica conflictiva vinculada al poder, que
refleja las luchas acerca de quiénes
podrán decidir qué en
el proceso de definir cuáles son
los problemas comunes y cómo serán
abordados.
La ciudadanía como los derechos están
siempre en proceso de construcción y cambio. Y siempre deberíamos ir avanzando
en ellos, fruto de nuestras luchas sociales. Una sociedad no debería tender a
perder derechos, eso sin duda refleja un retroceso que no deberíamos permitir.
Como observamos en las recientes manifestaciones en Francia, Gran Bretaña y
últimamente, en España con las acampadas en la Puerta del Sol de los
Indignados, o en el proyecto del post natal del gobierno que buscaba un trueque
de derechos –te doy 12 semanas más pero te acorto el fuero y le pongo tope al
subsidio- donde se pretenden suprimir ciertos derechos sociales adquiridos.
La ciudadanía, cuyo derecho básico se
expresa como “el derecho a tener derechos”, es entonces más que un estatuto de
derechos y responsabilidades, un conjunto de prácticas de participación civil,
social y política en que diversos sujetos políticos instalan sus preocupaciones
en la agenda pública (Marques-Pereira, 1997).
Diversos autores distinguen entre
una ciudadanía pasiva,
aquella ciudadanía formal, consagrada legalmente que supone sujetos de derechos
protegidos por el Estado, y una ciudadanía
activa, que requiere la existencia de sujetos políticos capaces de hacer
exigibles sus derechos, de realizar prácticas autónomas, deliberantes y
participativas. Hoy la crisis de la democracia que observamos, es de ciudadanos
reclamando y exigiendo más democracia, más espacios para deliberar para
vincularse con lo público, lo político.
Al Estado le corresponde
la noción de rendir cuentas (accountability)
y a la sociedad civil la
responsabilidad de ejercer control
ciudadano y desarrollar ciudadanía activa.
Ello significa que el Estado tiene
una responsabilidad ante la ciudadanía y ésta a su vez, tiene como tarea exigir
en conciencia el “derecho a tener derechos” y el cumplimiento de los
compromisos sociales de los gobiernos en las materias correspondientes.
La ciudadanía dice relación con
el fortalecimiento de las
capacidades ciudadanas para actuar en el debate, gestión y fiscalización de la
acción pública, con autonomía y poder.
Con la recuperación de la democracia
durante la década de los 90 se estableció la plena imposición de las
instituciones republicanas con el sistema de garantías que las caracterizan,
afortunadamente se fueron erradicando las formas políticas más represivas y
autoritarias que habían caracterizado al período anterior.
No obstante, pronto se vio que ello
no era suficiente -aunque necesario- para un pleno involucramiento del conjunto
de la ciudadanía en las principales decisiones políticas. Abstención
electoral, apatía, indiferencia por los asuntos públicos, pusieron de
manifiesto que el importante paso dado para el regreso de la democracia y los
derechos humanos no modificaban automáticamente estas actitudes.
Como dice Tony Judt en su último
texto “Algo va mal”, “es la distancia entre la naturaleza intrínsecamente ética
de la toma de decisiones públicas y el carácter utilitario del debate político
contemporáneo lo que explica la falta de confianza en los políticos y en la
política”.
Se instala así el discurso de la
participación que, es formulado desde muy diferentes posiciones. Por lo
tanto, en virtud de un elemental rigor conceptual es necesario aclarar, cuando
se apela a la participación, el sentido que se está atribuyendo a esta
convocatoria.
A mi juicio, es la intervención de los particulares en actividades públicas, en tanto,
portadores de intereses sociales. Ello hace referencia a una relación entre
Estado y sociedad civil, a una acción de ésta sobre el primero.
Diferenciar el concepto de participación
ciudadana de otros tipos de participación -social, comunitaria y política-
reservándolo para hacer referencia a las formas de inclusión de la ciudadanía en procesos decisorios, incorporando
sus intereses particulares -no individual- respecto a determinadas
temáticas.
En el campo de las políticas sociales
esta forma de inclusión de la ciudadanía parece particularmente necesaria para
otorgar eficacia a una acción social del Estado que suele estar confinada al
ámbito de lo estatal y no de lo público. La idea central es que incluyendo
a la ciudadanía en los procesos de diseño y adopción de políticas sociales y
con reglas de actuación de los diferentes actores previamente definidas se
pueden obtener mejores resultados que permitan avanzar en el camino de
construir ciudadanía (Ziccardi, 2004).
El rol del Trabajador Social en su
acción profesional debería incluir una concepción de la participación mediante
la cual de lo que se trata es construir
ciudadanía, promover el
protagonismo autónomo de la sociedad civil, todo ello en un horizonte
de transformaciones que conciban
un tipo de sociedad muy diferente a la actual (Portillo
en Zicardi, 2004).
La cultura hegemónica hoy expresada
esencialmente a través del conjunto de dispositivos más mediáticos, alienta y
consolida determinados valores y concepciones básicamente dirigidas al
aislamiento individual, el consumo incontenible y la competencia, elevando a
categoría absoluta la realidad del mercado como la medida de todo lo humano.
Una alternativa que se proponga profundizar la democracia y recuperar un
activo papel al servicio de la justicia social, reclama cambios institucionales muy
importantes tanto en lo que hace a las estructuras de las instituciones como en
lo relativo a su dinámica (Portillo, 2004). Y ese también es un trabajo pendiente
en el cual debemos enfocar nuestra acción y luchas.
El control social es “un tipo de participación ciudadana
orientada al control, vigilancia y
evaluación por parte de personas y/u organizaciones sobre programas
y acciones gubernamentales, que promueve una rendición de cuentas
vertical/transversal”. (Hevia, 2005).
Como forma de participación
ciudadana, puesto que busca que los ciudadanos -organizados o no- puedan
incidir en la esfera pública, ya sea formalmente, por medio de su inclusión en
comités de obra, órganos colegiados, etc. o indirectamente, por medio de la
activación de los sistemas de quejas y denuncias. Los ciudadanos deberíamos
luchar por ampliar estos espacios y es un rol preponderante del Trabajo Social
empoderar a los ciudadanos con respecto a cómo lograr avanzar en esos espacios,
partiendo por dar a conocer nuestra reciente ley de Acceso a la Información
Pública y la de Participación ciudadana en la gestión pública para que logre
ser más que el enunciado de un nuevo derecho.
En resumen, podemos señalar que en un
contexto de cambio en la orientación de la política pública. Con una sociedad
fuertemente fragmentada y desigual, donde nuestro objetivo es generar una
transformación social que genere mayor justicia social. Nuestra labor
profesional debe avanzar en construcción de ciudadanía de nuestros sujetos de
atención social, “es fundamental ampliar el espacio público frente a las
fuerzas centrífugas que hoy tiene el espacio privado, de manera de crear más sociedad” (CEPAL, 2010).
¿Crear más sociedad para qué? Para
crear un país con mayor justicia social, no podemos quedar indiferentes ante
tanta injusticia, abuso y desigualdad! tenemos que tener un objetivo político y
tenemos que tener la convicción que las cosas no están dadas, no son
irreversibles, si podemos hacer algo por cambiarlas y tenemos la
responsabilidad para hacerlo. Los avances de la humanidad en derechos humanos
que se dieron durante el siglo xx con posterioridad a la segunda guerra mundial
han sufrido en los últimos años un deterioro feroz. Los derechos impulsados por
los Estados de Bienestar hoy se encuentran en cuestión y el orden del derecho
internacional no es respetado y a nadie parece importarle. Que pasa en
Guantánamo donde se legitima la tortura, que pasó con la condena internacional
frente al asesinato de Bin Laden sin un juicio justo. Nosotros podemos y
debemos hacer algo. Y en nuestro ejercicio profesional debemos optar entre
VIVIR y pasar.
- * Conferencia
dictada en la Universidad del Biobio en la inauguración del año académico del
Magíster en Intervención Social el viernes 27 de mayo de 2011.
- CEPAL, “60 años de la CEPAL”, compilador Ricardo
Bielschowsky, CEPAL 2010.
- Jelin
E, “La construcción de la ciudadanía: entre la solidaridad y la
responsabilidad”, en Jelin y Herschberg, Construir la democracia:
derechos humanos, ciudadanía y sociedad en América Latina, Venezuela,
editorial Nueva Sociedad 1996.
- Judt
T, 2Algo va mal”, Taurus, México 2010, 172.
- Marques-Pereira
B, “Los derechos reproductivos como derechos ciudadanos”, ediciones de las
mujeres nº25, Santiago: ISIS Internacional 1997.
- Hevia
F, “La Contraloría Social Mexicana. Acciones de participación
ciudadana para la rendición de cuentas”, 2005.
- Ziccardi
A, “Participación Ciudadana”, México 2004.
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