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Más mujeres en Política, mayor representación de la realidad

Enviado por Danae Mlynarz Puig el jueves, 17 noviembre, 2011 a las 12:26
Danae Mlynarz Puig

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Las mujeres en Chile somos más de la mitad de la población, más de la mitad de las electoras y casi la mitad de las militantes de los partidos.

Sin embargo, esa representación no se observa en la esfera política.

La presencia de la mujer en la política es un problema ético: en el ámbito político se decide sobre el bien común; es ahí donde se dictan las normas y las leyes. Si no hay mujeres este bien común se hace desde una sola mirada, trunca o tuerta, porque no contemplan la vida femenina.

Las razones para esta baja participación son variadas y dentro de ellas se encuentran:

La triple jornada y el ciclo de vida: La menor participación de las mujeres en política tiene que ver con la reproducción. Es muy difícil estar en la etapa de crianza de los hijos e hijas y ser activa en política. Es imprescindible luchar hasta el cansancio por un cambio cultural que permita compartir las tareas domésticas y de la reproducción entre hombres y mujeres.

El Sistema binominal: “No importa si pierden, total, son mujeres” es una frase que se escucha dentro de los partidos al seleccionar candidatas de compañía. Te dejan competir en distritos o comunas que están perdidas.

Dificultad para conseguir recursos económicos. Para nosotras es más difícil conseguir recursos para campañas, tenemos menos redes y nos tienen menos fe.

Si quieres existir debes contar con Padrinos, padres y/o maridos. Es lo que se usa en política y para promover mujeres también. ¿Alguien conoce a alguna madrina?

Eso nos lleva a otro punto, la poca solidaridad de género.

Las Malas prácticas y formas tradicionales de hacer política. El ninguneo a lo cual uno dice “mejor me voy para mi casa” para vivir más tranquila. Y si te dicen “esto es sin llorar” es sólo para seguir reproduciendo sus malas prácticas.

Durante el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, lamentablemente, la mayor presencia de mujeres en el poder ejecutivo no estuvo acompañada de una reforma administrativa y/o legal que asegurara su mantención y tampoco se avanzó en una ley de cuotas.

En América Latina 11 de 19 países cuentan con leyes de este tipo. El primero que las instauró fue Argentina en el año 1994. Hoy tienen un 40% de mujeres en el parlamento. En Chile existe una resistencia del poder legislativo ante los mecanismos de acción positiva en materia de participación política. Porque la ecuación, es muy simple, no les gusta: “para que entren mujeres, algunos hombres deberán salir”

Mis hijas nacieron con una mujer Presidenta de Chile. Ese es un cambio cultural muy grande. Creo que aún es temprano para sopesarlo, aunque a veces nos da rabia no haber avanzado más rápido y en más necesarias reformas. Sobre todo cuando evaluamos cómo con el actual gobierno muchas cosas avanzadas han retrocedido. Como la lucha por los derechos es continua y a medida que se van alcanzando logros, hay que ir avanzando por más y nunca, nunca debemos permitirnos retroceder.

Nos queda mucho que avanzar en el tema cultural, en cómo compartimos el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos. Porque para que las mujeres estemos más integradas en el mundo público tenemos que compartir las tareas en el mundo privado y eso sólo lo podemos lograr con un cambio cultural que involucre a hombres y mujeres. 

Un grito desesperado: ¡inscripción automática ahora!

Enviado por Danae Mlynarz Puig el miércoles, 16 noviembre, 2011 a las 9:45
Danae Mlynarz Puig

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En términos personales soy una convencida que en Chile debemos establecer la inscripción automática y el voto obligatorio. Sé que esta segunda opción es del todo impopular. Pero tengo la idea que la democracia la construimos entre todos, que la vida en comunidad supone derechos y responsabilidades, y que, tal como pagamos impuestos, también debemos decidir quién y cómo hacer las cosas en nuestro país.

Sin embargo, la situación actual es la peor de todas.

Un sistema político completamente cerrado, donde van disminuyendo electores en vez de aumentar, donde existe re-elección indefinida de alcaldes, concejales, senadores y diputados. Donde el electorado es completamente adulto mayor y la clase política deja fuera de sus intereses y propuestas a todos aquellos que no votan, es decir, a casi todas las personas de 30 años y menos.  Donde el voto blanco, nulo y la abstención también han aumentado. Donde en definitiva tienes a más de 3 millones 800 personas fuera del sistema y sin interés en ingresar a él.

Por tanto, se va produciendo una brecha casi incalculable entre la clase política y la ciudadanía y sus demandas. Ello genera una crisis mayor en nuestra democracia representativa, que solo hace aumentar el descontento y que impide que nuestra democracia se fortalezca. No puede ser que la clase política le tema a la incertidumbre y quiera reproducir un sistema porque de él se nutre para ser electa y existir. Sin mencionar, por cierto, que el sistema binominal genera otra cuota de exclusión y de certidumbre sobre quienes saldrán electos dejando a fuera de la toma de decisiones a la ciudadanía en su conjunto.

Por todo lo anterior, es necesario hacer un cambio y si ese cambio significa inscripción automática y voto voluntario, pues démosle con ello. Al menos de esa forma, la clase política tendrá que hacer un doble esfuerzo para entusiasmar a los electores a votar y para que además lo hagan por ellos. A mi juicio, eso significará innovar en candidatos, en temas y en formas de hacer política que en base al diagnóstico actual no puede más que ayudar a salvar nuestra democracia un tanto anoréxica.

Es un grito desesperado, considerando que ya se aprobó la reforma constitucional hace tiempo, que es necesario avanzar en la ley orgánica, que no alcanza el tiempo para tener el padrón antes de las elecciones municipales, que si no se prueba antes de esa elección nadie lo hará para las presidenciales. Puras excusas, puras demoras injustificadas, y nuestra democracia se sigue debilitando y la ciudadanía desafectando de su sistema político.

 * Publicado en El Quinto Poder 15.11.2011

17, 69 o 80 da lo mismo si no logramos garantizar un derecho!!!

Enviado por Danae Mlynarz Puig el viernes, 04 noviembre, 2011 a las 16:56
Danae Mlynarz Puig

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Los nuevos Pendientes de las Garantías Explícitas de Salud (GES)

A partir de la reforma a la salud del año 2004, la más importante que ha experimentado el área en Chile desde la década de los 80, cuando se estableció un seguro público (FONASA) y uno privado (ISAPRES). Fue el establecimiento de las Garantías Explícitas de Salud, más conocidas como Plan AUGE.

Que intentaba garantizar aquel artículo 19 número 9 de la Constitución, que señala 9°. El derecho a la protección de la salud. El Estado protege el libre e igualitario acceso a las acciones de promoción, protección y recuperación de la salud y de rehabilitación del individuo. Le corresponderá, asimismo, la coordinación y control de las acciones relacionadas con la salud. Es deber preferente del Estado garantizar la ejecución de las acciones de salud, sea que se presten a través de instituciones públicas o privadas, en la forma y condiciones que determine la ley, la que podrá establecer cotizaciones obligatorias.

La creación del régimen de prestaciones garantizadas a través de la ley 19.966 permite dotar de cierta certeza a este derecho Constitucional siendo fundamental dentro de la lógica de un Estado de Protección Social con derechos garantizados para sus ciudadanos. De esta forma, un conjunto de prestaciones, que podrá ir creciendo y de hecho así ha sido, de 17 patologías a 69 el día de hoy y posiblemente 80 el día de mañana, son garantizadas en cuanto a acceso, calidad, protección financiera y oportunidad.

Estas garantías son obligatorias tanto para el seguro público FONASA como para el privado ISAPRES. Son constitutivas de derechos para los ciudadanos y ciudadanas, y su cumplimiento podrá ser exigido por los beneficiarios.

 ¿Cuáles son los desafíos que se observan entonces en este sistema?

Primero, que efectivamente las garantías explícitas sean garantizadas. Situación que no queda del todo claro que se esté cumpliendo en este momento. Donde buscando cumplir con una promesa presidencial de “terminar con las listas de espera del AUGE” no se está inscribiendo a las personas en ellas cuando son diagnosticadas, de modo de retrasar los tiempos para que los ciudadanos puedan exigir sus garantías. Se estaría intentado maquillar de mejoramiento a la gestión el no cumplimiento de, un punto básico de las garantías, que es su oportunidad y ésta solo es efectiva y real cuando a las personas se les diagnostica la enfermedad y deberían ingresar inmediatamente en el sistema, no postergando su situación en virtud del “atochamiento” existente en ciertas patologías debido  al déficit de personal médico especializado.

 

Segundo, que el sistema privado de salud cumpla en  el diagnostico con la información a sus pacientes de que las patologías encontradas son cubiertas por estas garantías en virtud de tales tratamientos y protocolos. Situación que, al parecer, hoy en día no sucede con la agilidad requerida para todos los pacientes. Sólo de esta forma, el sistema será igualitario para ambos sistemas de seguros de salud.

 

Tercero, sólo si se cumplen los procesos anteriormente mencionados tendrá sentido incluir nuevas patologías en el sistema incluyendo más ciudadanos y ciudadanas beneficiadas de estos derechos garantizados en salud. Sino el sistema se volverá letra muerta y nuestros derechos no tendrán garantía alguna. La ley se verá superada por procedimientos administrativos que buscan establecer la “pillería” al sistema. Generando desconsuelo y resignación de los ciudadanos y aumentando el sentimiento de malestar existente. Sin duda un rol clave en todo esto lo tiene la Superintendencia de Salud.

* Publicada en Diario 30

Lo asumo, me tuve que rendir frente a Hallowen

Enviado por Danae Mlynarz Puig el martes, 01 noviembre, 2011 a las 11:18
Danae Mlynarz Puig

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Siempre critiqué que es una fiesta de afuera, que ha sido copiada en Chile solo con fines comerciales. Que no tiene raíces en nuestra cultura, bla, bla, bla.

Cuando no tenía hijas apagaba todas las luces y no le abría la puerta a nadie.

Cuando mis hijas nacieron, fueron creciendo, compre dulces para darles a los niños y niñas que golpearan nuestra casa y ellas empezaron a esperar ese momento con felicidad.

El año pasado no solo se conformaban con entregar dulces, sino que pidieron salir a buscarlos en casas vecinas; lo reconozco, “muerta de vergüenza” me negué a ello y  mi marido les explicaba que no correspondía a nuestra idiosincrasia, ellas solo miraban sin entender tan profunda explicación, y entre protestas, reclamos y amurramientos, tuvo que acompañar resignadamente a las niñas a recorrer las calles en búsqueda de dulces.

Este año fue imposible volver atrás, no sólo querían entregar y pedir dulces, sino que entusiastamente querían disfrazarse y salir por las calles. Finalmente me di por vencida y me rendí, cedí en todo, compre dulces, arreglé disfraces, prepare calabazas para salir de noche y las acompañé por el barrio.

Entregada a esta práctica extranjerizante, sin raíz en nuestra cultura y víctima del consumo y el mercado, me entregué.

Para no pasar sola por este trauma, fuimos a buscar a la vecina, cuya hija es compañera de jardín de una de las mías, quién se encontraba con sus primos, todos disfrazados de animales. Como en el barrio no hay muchos niños y niñas, fuimos directo otra casa que sabíamos que vivía una niña, y así sumamos una nueva vecina a nuestra caravana de dulces. Constituimos una pandilla de 7 niños y niñas de entre 3 a 7 años disfrazados de animales, hadas y brujas, padres y madres entregados al ritual. Recorrimos el barrio durante una hora, al menos en un par de casas de cada cuadra estaban preparados para nuestra visita y los niños se ponían felices con ello.

Encontramos otras pandillas como nosotros y nos dábamos el dato de donde daban dulces.  

Debo reconocerlo, lo pasamos bien, compartimos con los vecinos y vecinas y nos relacionamos con otras personas de nuestro barrio, a los cuales nunca habíamos visto y mucho menos hablado. Fue entretenido, una verdadera fiesta comunitaria, golpeas la puerta donde se ve que hay onda y salen felices a darte dulces, y así por primera vez, después de 4 años que habitamos en el barrio, conoces a quienes viven cerca de ti.

¿Cuál es la gracia de Hallowen? No sé, pero es una gran excusa, una oportunidad para conocer a tus vecinos y vecinas, vincularte con el otro, reírte un rato en este país que tiene tan pocas fiestas y espacios comunitarios de relaciones. 

*Publicado en www.momwo.com