
Primero quiero agradecer la repentina invitación a
todas y todos mis futuros colegas cientistas políticos.
En segundo lugar quiero señalar que todos los
contenidos que serán aquí vertidos son solo de responsabilidad personal y no
representan necesariamente la línea de toda la directiva del Partido
Socialista. Quienes conocen el Partido Socialista saben que en su interior
conviven diversas visiones.
En este panel denominado “Partidos Políticos: La política en primera
persona”, creo que es prioritario
partir señalando la
urgente Revolución Democrática que deben
vivir los Partidos Políticos si quieren seguir sobreviviendo. Mientras más
conozco la política y a los partidos por dentro, más me convenzo que el problema
de los partidos políticos en Chile hoy es la falta de democracia interna.
El tema hoy a mi juicio, no tiene que ver solo con
cambio generacional, sino más bien con cambio en las prácticas políticas. Da lo
mismo la edad de las y los dirigentes si las prácticas con las que hacen
política siguen reproduciendo “formas de hacer las cosas” que terminan por
separar a la militancia de sus dirigentes y a la ciudadanía de los partidos
políticos.
Hoy mi Partido se encuentra en una difícil
situación al igual que el resto de los Partidos de la Concertación.
Existe un nuevo escenario y es necesario aprehender
a moverse en él. Haber dejado, perdón perdido el gobierno después de 20 años no
es algo fácil. Es necesario aprender a ser oposición, que no tiene relación con
oponerse a todo lo planteado por el gobierno, sino que, con construir un
proyecto alternativo y encantar con él a la ciudadanía buscando recuperar una
mayoría perdida.
Aquí no se trata de pontificar, sino de cómo
aprovechamos la desgracia de haber perdido el gobierno en una oportunidad para
dialogar y buscar nuevas formas de hacer las cosas que nos permitan crecer en
democratización y lograr cumplir con los objetivos que como dice Sartori tienen
los partidos políticos, que permite distinguirlos de otras organizaciones de la
vida social, los define como cualquier grupo político que se presenta a
elecciones y que puede colocar mediante ellas a sus candidatos en cargos
públicos. En esta definición acota el qué y el cómo de estos grupos políticos.
El qué, está dado por el fin de llegar al poder ocupando los cargos de
dirección del sistema político. El medio utilizado para conseguir este objetivo
son las elecciones. Sartori desarrolla tres premisas claves que posibilitan
entender correctamente la naturaleza esencial de los partidos políticos:
Primero que los partidos políticos no son facciones,
Segundo que los partidos políticos son parte de un
todo,
Y tercero, que los partidos políticos son conductos
de expresión.
De esta forma, Sartori destaca la diferencia
profunda entre los partidos contemporáneos y otros grupos que han buscado
conseguir el poder. En primer lugar afirma que una facción siempre es negativa
e innecesaria y por ello evaluada como un mal, al contrario de los partidos que
se dice son necesarios. Las facciones sólo son la expresión de conflictos
personales, de un comportamiento que valora al yo y desprecia lo público. Por
esto el combate entre ellas es solo una lucha por obtener prebendas, sin
considerar el bien común, el interés general, o los fines del conjunto social,
esta es la diferencia profunda entre los objetivos de una facción y de un
partido político.
El político de partido y su comportamiento debe ser
diferente de su motivación personal, el fin último debe ser el bien común. Ello
porque los partidos son instrumentos legalmente constituidos para lograr
beneficios colectivos y no privados, debiendo vincular al conjunto del pueblo
al sistema político, situación que no hacen las facciones.
Por otra parte, Robert Dalh señala que los partidos
son instrumentos mediadores entre la sociedad y el Estado que realizan una
función expresiva. La función expresiva tiene relación con que los partidos son
algo más que una voz de la sociedad porque comunican exigencias respaldadas por
una presión política, sin duda que los partidos políticos además de expresar,
también canalizan. Los partidos pretenden organizar la caótica voluntad
pública, agregan y seleccionan intereses y preferencias. Para cumplir con estos
objetivos sin duda que los partidos deben contener una ideología, un principio,
un programa pero también resulta clave la forma en la cual se organizan.
Hoy no somos un partido de gobierno. No contamos
con el aparato estatal. No tenemos Presidenta, ni Ministros, ni Subsecretarios,
ni Jefes de Servicios, ni Seremis. No definimos las políticas públicas en
general. Aunque algunos y algunas aún no se hayan dado cuenta.
Pero si tenemos representantes, que se encuentran
en el Senado, en la Cámara de Diputados, en los Gobiernos Regionales, a
nuestros Alcaldes y Alcaldesas y los y las concejales.
Su rol no es solo representar a quienes los han
elegido, intentando plasmar nuestros idearios en su accionar político. Sino que
también el realizar un trabajo de conducción de la base partidaria en cada uno
de los territorios donde se encuentran, en conjunto con nuestros representantes
internos: la mesa del partido, el comité central, la comisión política, los
regionales y comunales.
Si queremos construir oposición tenemos que actuar
coordinadamente y también responsable y respetuosamente con nuestra militancia.
Realizar ampliados donde se discuta, se converse,
se dialogue la política que se pretende implementar en los diversos espacios.
Donde la voz de la militancia tenga algún “peso”, algún sentido, alguna
opinión, donde valga la pena militar porque es un espacio de construcción democrático de un proyecto de
futuro.
Necesitamos construir espacios de reflexión, de
compartir un diálogo. De señalar qué es lo que queremos para el futuro de
Chile.
Yo creo que otro mundo es posible, donde avancemos
en democratización y en participación real de los ciudadanos. Donde
tengamos un Estado de protección social, con educación pública de calidad y una
serie de derechos garantizados. Donde los ciudadanos hagan valer con fuerza sus
derechos pero también tengan claro sus deberes. Creo que la política puede y
debe ser sana, más transparente y en pos de los intereses colectivos, más que
del poder económico.
Hoy para asumir este desafío de construcción de una
opción distinta y de un proyecto de futuro que reencante, insisto necesitamos
una Revolución Interna para llevar a cabo las
transformaciones que el contexto nacional actual impone. Una revolución de izquierda socialista. Una revolución
democrática en su seno, que reponga el valor de la militancia, que recupere el
vigor de nuestra institucionalidad, que permita construir una institución
poderosa; no un partido de caudillos o jefes tribales, sino un partido fuerte,
convocante, con una significativa inserción ciudadana, con legitimidad social,
consecuencia y fidelidad con las causas populares de mayor justifica social.
Un PS que reivindique su capacidad crítica y
convoque a la militancia a decidir,
que devuelva el poder a los miles de militantes socialistas que sienten que el
partido no les escucha o no tiene espacios para el debate y la reflexión de
ideas. Un partido en el que las corrientes de opinión sean eso y no
aparatos de control partidario, responsables del secuestro de la democracia
interna, donde los militantes se sienten en la mesa de las decisiones internas.
Un PS que vuelque su energía en la sociedad para
transformar a Chile en un país justo, solidario, fraterno y más democrático.
Por eso decimos que el PS debe recuperar su carácter de partido revolucionario
para retomar la causa popular de los trabajadores y trabajadoras de Chile. ¿Dónde
estaba la voz del Partido Socialista frente a la negligencia empresarial y el
abuso en las condiciones laborales inhumanas en el caso de los mineros? Es
cierto los medios no nos pescan, pero existe la obligación de buscar nuevas
formas de poner nuestras propuestas, nuestra voz, nuestra presión política, si
es que éstas existen y hay convicción.
Como socialistas del siglo 21 nos parece
fundamental revisitar nuestra
identidad ideológica y renovar nuestra propuesta para Chile. Nos
impulsa el reconocernos como parte de un partido portador de crítica social,
amante de las grandes transformaciones y reformas igualitarias, apegados al
ideal de justicia y libertad, apasionados por la democracia, a partir de una
acción decidida por los más desfavorecidos por el capitalismo, que lucha por la paridad de género y la
sostenibilidad de nuestro medioambiente. Y sobretodo, por un partido que
incluya el principio de la solidaridad y
la fraternidad.
Sólo con esa visión clara nuestro partido estará en
condiciones de convocar a nuevos actores sociales para reconquistar el apoyo
mayoritario de los chilenos y las chilenas, para volver a abrir las grandes
alamedas e impulsar la reinserción del Partido en el movimiento social.
Sólo desde esa fortaleza y coherencia interna
podremos concebir la necesaria política de alianza electoral para hacer carne
nuestro ideario político, pero primero estamos llamados a reconstruirlo
internamente y en forma participativa donde la voz de todas y todos los
socialistas sea importante. Y para ello tenemos un Congreso Partidario en
ciernes que debemos aprovechar que sea un espacio para la necesaria
autocrítica, para cambiar nuestras formas de actuar y para pensar en el futuro.
Algunos creen que la única forma de ser oposición
es a través de la mantención de la antigua Concertación,
a mi juicio, debemos asumir que la Concertación fue muy importante para Chile,
recuperamos la Democracia con ella pero en este momento histórico necesitamos
enterrarla dignamente y abrirnos a nuevos referentes, más amplios, con ideales
claros y convocantes.
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